Recordemos a los secuestrados / Opinión

Recordemos a los secuestrados / Opinión

21 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

En años anteriores y víspera navideña, recordábamos y exigíamos desde esta columna la liberación de los secuestrados, de manera especial y por obvias razones, la de Alan Jara. Otras personas y medios también lo hacían, movidos por el sentimiento de solidaridad con quien conocían, y las noticias difundidas acerca de las condiciones deprimentes en que lo mantenían a él y a sus compañeros de cautiverio, y al tiempo que parecía lejano para una posible liberación.

Ahora Alan ya se encuentra libre, y tendrá la dicha de pasar la Navidad al lado de su esposa, su querido hijo y familia, después de siete largos años de sufrimiento y angustiosa espera.

Sin embargo, lo que parece triste, es que la ciudad y el Departamento hayan quedado como anestesiados contra el dolor ajeno o lejano, y ya no se escuche el clamor de antes ante la suerte de quienes están alejados de sus seres queridos, pese a la tarea de Alan en la región y en el país.

Ya casi ni conmueven las terribles y penosas descripciones leídas en los libros de quienes han sido liberados, respecto a la miserable vida y trato recibido de sus captores, como si todos fuéramos olvidando poco a poco a esos valientes policías y soldados de la patria que aún se consumen en la selva.

Algún militar nos reclamaba con justa razón, porqué abogábamos solo por los civiles, mientras otros sacrificados hombres, que cuidaban, daban y dan su vida por la tranquilidad y la seguridad de nuestras familias, eran siempre los abandonados.

Casi que responsabilizamos más a las Fuerzas Armadas de Colombia, que a la misma guerrilla sobre la suerte de los secuestrados y de muchas otras desgracias en el país, como si fuera aquella la misma de los idealistas de antaño que luchaban por plataformas concretas de cambio, y morían defendiendo sus ideas y no unas plantaciones de coca y unos procedimientos terroristas.

Con facilidad se exime a las Farc de la responsabilidad y suerte de los secuestrados, para abrogársela a quienes no ceden ante el chantaje, que en ciertos términos conduciría a cambiar unos secuestrados por otros en el futuro. Claro que queremos y abogamos por el Acuerdo Humanitario. Pero no cualquier Acuerdo, sino el que verdaderamente conduzca a exterminar el flagelo del secuestro para cualquier compatriota.

Pretendemos llamar a la reflexión en estos días de felicidad que inunda los hogares de la mayoría de los colombianos, para que por un instante pensemos en la esposa, en el hijo, en los padres de los militares secuestrados, y así como un día lo hicimos con la esposa, el hijo, la familia de Alan Jara, en esta navidad hagamos lo propio, y todo lo que esté a nuestro alcance, para buscar su liberación y el exterminio de una vez por todas ,del más cruel de los sufrimientos humanos.

Nota: Saludo a mis amables lectores deseándoles una Navidad feliz y un Año Nuevo venturoso. Por vacaciones, la columna reaparecerá a fines de enero de 2010.

Germán Vargas Morales
Ingeniero Industrial M.Sc. Abogado.

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