Zapatos nuevos

Zapatos nuevos

José Luis Carrillo - Barranquilla. Cárcel del Bosque. Nació en 1956, en Valledupar. Es periodista de la radio y está terminando de pagar una condena en la cárcel del Bosque de Barranquilla.

21 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Ojalá no se acabaran, son supersuaves, puro cuero trabajado. Pero qué va, con el paso del tiempo, por muy buenos que sean, se desgastan. Ya les había cambiado el tacón más de tres veces y un par de veces cambiado la suela. No he sido amigo de remontar el calzado porque pierden la línea. Cuán agradecido con ellos porque mis pies no supieron lo que era un callo. Tenía timbas de calidad. Pero les llegó la hora del cambio. Digamos que estaban en la tercera edad.

Había dinero para comprar unos nuevos y me fui para el centro de la ciudad. Me dije: "visitaré varios almacenes, buscaré que sean buenos, bonitos y baratos". Estábamos en temporada baja, y los almacenes ofrecían descuentos, ofertas y promociones. Poco público en el centro. Precisamente cuando voy pasando por el sector donde están ubicados los zapateros especialistas en arreglar calzado, escucho la voz inconfundible de un viejo conocido como El tigre de la Malasia. Su puesto de trabajo era tertuliadero de varios colegas de la radio, y por eso era muy popular porque siempre le enviábamos el saludo en los diferentes programas radiales. -Oiga, viejo Carri, -me dijo ya no saluda a los pobres, ¿cuál es la carrera?, venga que acá le tengo algo bueno.

-Hola, qué más viejo Tigre, cómo está la película, cuéntemelo todo, -ese fue mi saludo. La verdad no estaba en mis planes esta visita.

-Mírelos, viejo man, monocucos, ¡ah!, ¿cómo te quedó el ojo?".

Ante mi vista él sostenía en sus manos unos elegantes zapatos clásicos, color uva, bien alineados.

Me dijo: -te digo la verdad: estos me los dejó un compadre que vino de los Estados Unidos. Él casi no los usó, es un bacán. Están casi nuevos. Habla y te los dejo baratos porque tú eres mi llave.

Ya en mis manos me di cuenta de que pesaban nada, muy livianos, de verdad me gustaron: Le dije: -ajá, y cuánto es la parte sentimental. -De una me respondió-: cincuenta mil barritas, viejo Carri, esas timbas valen un billete.

-Hey, que los estás vendiendo como si fueran nuevos. Te doy treinta mil barras. -A mí me sonaba el negocio. Los zapatos estaban buenos. Además, me quedaba dinero para otros gastos. Finalizando la transacción nos despedimos. Él me dijo: -vas montao, viejo Carri.

-Listo, viejo Tigre, -le dije. De verdad yo estaba satisfecho con la adquisición de mis zapatos clásicos ultrali-vianos.

A los siguientes días salí, como es costumbre, a hacer mis diligencias habituales. Noté que con esos zapatos caminaba más que antes, muy poco me montaba en un autobús para aligerar labores. Andaba más y más, sin importar las inclemencias del clima. Hacía días tenía pendiente solicitar un certificado judicial con el cual me darían visa para el extranjero y, el día menos pensado, yo estaba caminando hacia la oficina administrativa de seguridad. Había una fuerte temperatura a esa hora del mediodía, pero la suavidad de mis zapatos contrarrestaba el tremendo y ardiente sol que me acompañaba.

Llegué a mi objetivo, me tocó el turno, me preguntaron número de identificación y lo consultaron. Luego la señorita me dijo que pasara a la siguiente oficina. Total, en resumidas cuentas, quedé detenido. La secretaria me dijo -cómo la ves, te quedaste encanao. -Y de allá fui trasladado al penal. No lo podía creer. En mi primer día en la penitenciaría, luego de analizar durante el desayuno y el almuerzo a todos los internos, me di cuenta que la mayoría estaban en ropa informal, camiseta suéter, pantalonetas bermudas y chancletas.

Entonces entendí que tenía que estar vestido acorde al momento. Mandé a buscar ropa informal a la casa y los zapatos viejitos, que eran los aptos para deambular por el pabellón y patio del penal.

El día de la visita recibí mi encargo. Envié para la casa los zapatos nuevos que le había comprado al Tigre y ya con mis zapatos viejitos, camiseta y pantaloneta he pensado que los zapatos nuevos cumplieron su misión. Ellos están en la casa y yo en la cárcel.

José Luis Carrillo - Barranquilla
Cárcel del Bosque

Nació en 1956, en Valledupar. Es periodista de la radio y está terminando de pagar una condena de 18 meses en la cárcel del Bosque de Barranquilla.

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