La cuna del cristianismo tampoco se libra de la crisis

La cuna del cristianismo tampoco se libra de la crisis

Belén, la ciudad palestina, se prepara para una Navidad en la que muchos rezarán por el fin de una crisis económica mundial, que rompió la dinámica de aumento de la peregrinación en los últimos años.

19 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Aunque en el imaginario colectivo Belén es una aldea con un pequeño establo que cambió la historia de la Humanidad, se trata en realidad de una ciudad de 30.000 habitantes en el territorio ocupado de Cisjordania que ningún milagro ha salvado de la recesión.

"La situación económica en el mundo es mala y creo que ésta es la razón por el descenso en el turismo desde 2008. Diría que este año hemos recibido un 20 por ciento menos de visitas que el pasado", dijo a Efe el alcalde de Belén, Víctor Batarse, en la sede del Ayuntamiento.

El bajón producido pese a la visita el pasado mayo del papa Benedicto XVI ha interrumpido el espectacular incremento en el número de peregrinos que ha vivido Belén desde que las operaciones militares israelíes y los atentados suicidas palestinos dejaron de formar parte del día a día de los informativos del mundo entero.

Tras un período de sequía entre 2001 y 2004, el número de visitantes a la ciudad superó los 300.000 en 2005 para crecer de forma constante hasta alcanzar el año pasado los 1,2 millones.

Pero cuando la localidad que, según la tradición cristiana, vio nacer a Jesús, soñaba con volver al millón y medio de turistas de 2000 -año en que Juan Pablo II visitó Tierra Santa antes de estallar la Se gunda Intifada- llegó la crisis.

"Este año ha sido malo. La mayoría de turistas gasta muy poquito y sólo en lo necesario, como comida. En la tienda compran cruces, rosarios... objetos pequeños de dos, cinco o diez dólares, pero no grandes belenes en madera de olivo, por ejemplo", explica Asad Giacaman en su comercio de objetos religiosos para turistas en la calle de la Gruta de la Leche.

Los pequeños vendedores en torno a la Plaza del Pesebre, que alberga la Basílica de la Natividad (erigida donde la tradición sitúa el nacimiento de Jesús), se quejan además de que los grupos de peregrinos vienen por medio de tour-operadores israelíes con el tiempo justo para hacer cuatro fotos y volver al autobús.

"Los guías los llevan luego a grandes tiendas porque reciben comisión. Los turistas no son libres para elegir dónde comprar sus recuerdos", protesta Josef Giacaman, gerente de un comercio de la Plaza.

No todo son, sin embargo, malas noticias en Belén, donde el pasado miércoles se iluminó frente a la Basílica de la Natividad el tradicional árbol de Navidad con un llamamiento a la paz y al fin de la ocupación israelí de los territorios palestinos.

"Aunque el mensaje de nuestro señor Jesucristo es de amor y paz, Belén y nuestra nación, Palestina, mantienen todavía una lucha tortuosa por lograr la libertad, estabilidad e independencia", dijo el cristiano Batarse al encender el árbol, de seis metros de altura.

El día 24, el Patriarca Latino de Jerusalén, Fuad Twal, llegará a Belén desde Jerusalén, acompañado por notables de la zona, en una tradición de la víspera más importante del cristianismo.

Por la noche, Twal, máxima autoridad católica en Tierra Santa, oficiará la Misa del Gallo en la Iglesia de Santa Catalina, adyacente a la Gruta de la Natividad, donde una estrella de plata de catorce puntas sobre mármol blanco marca el presunto lugar del pesebre, según una creencia que data del siglo IV.

"En Nochebuena esperamos como siempre entre 10.000 y 15.000 turistas, aunque puede llegar a los 20.000", señala el regidor.

Por su parte, el ministro de Turismo israelí, Stas Miseznikov, calcula que unos 70.000 turistas acudirán a la ciudad la próxima semana, cifra similar a la del mismo periodo del año pasado.

En el plano político, estas Navidades llegan sin perspectivas de que israelíes y palestinos vuelvan a la mesa de negociaciones y tras la presentación por una veintena de dirigentes cristianos de la región, la pasada semana en Belén, de un documento en el que piden sanciones a Israel por su política hacia los palestinos.

La iniciativa, trufada de referencias bíblicas, toma su nombre de Kairos, un documento contra el apartheid elaborado en 1985 por teólogos negros sudafricanos.

Belén (Cisjordania)

Efe
 

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