Copenhague: la cumbre de la desilusión

Copenhague: la cumbre de la desilusión

Fiasco.Catástrofe. Mentira. Palabras que se han usado en las últimas 48 horas para definir el resultado de lo que hasta hace poco era la cita climática más importante de la historia de la humanidad.

19 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

"En Copenhague están depositadas todas las esperanzas", decía un anuncio instalado en una estación de tren de esta ciudad poco antes de comenzar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Este sábado, a su término, no han quedado más que preguntas, incertidumbres y una rabia difundida por los cinco continentes, que han visto la transformación de otra reunión política global en todo un 'show mediático'.

Algunas organizaciones como Greenpeace y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) han calificado sus resultados como peores que el Protocolo de Kyoto, de 1997, que hasta hace un mes era considerado obsoleto.

Muchos se preguntan para qué una reunión de 46 mil personas que desbordó todo los parámetros organizativos dentro del Bella Center, el escenario que reunió a sus participantes, con representantes de 193 países, si todo iba a terminar resuelto en una carta escrita por un grupo reducido de presidentes empujados por Barack Obama, y a puerta cerrada. 

En esencia, una cumbre fracasada y antidemocrática, como la calificó el surafricano Kumi Naidoo, nuevo director general de Greenpeace. "Todo hubiera sido diferente si los efectos de la catástrofe climática se sintieran en Manhattan, París o Berlín. No hay sentido de urgencia porque quien sufrirá las consecuencias son los países pobres y no una potencia militar.", agregó Naidoo.

La Cumbre de Copenhague (COP 15) se cerró en la madrugada colombiana del sábado, al mismo tiempo que el avión del presidente Uribe cruzaba el Atlántico luego de que el primer mandatario condenó, en el frío glacial de la capital danesa, que no se hubieran incluido sanciones en el texto final, un documento que parecía más un borrador.

¿Qué se acordó finalmente?

Bajo el liderazgo de Estados Unidos, Brasil, China, India y Sudáfrica, pero con el rechazo de un bloque conformado por Venezuela, Nicaragua, Cuba, Bolivia y Sudán (impulsado por el presidente venezolano Hugo Chávez), se definió un compromiso no vinculante, que tampoco fija objetivos de reducción en las emisiones de gases contaminantes, tal vez el vacío más grave que deja toda la conferencia.

Porque todos los delegados llegaron a Dinamarca con la idea de exigirles a las potencias, encabezadas por China y Estados Unidos, los mayores contaminantes, que se comenzara a concretar una disminución de la contaminación del 45 por ciento para el 2020, que llegara al 95 por ciento en el 2050. 

Ninguna de esos números se analizó con suficiencia, y ahora cada país podrá reducir los porcentajes que desee sin enfrentarse a castigos, mientras se definen unas cifras vinculantes en el transcurso del 2010, y que podrían sellarse en la COP 16, una conferencia similar a la danesa que se desarrollará en México dentro de un año.

En este mismo sentido hubo consenso en que la temperatura promedio del planeta no debe subir por encima de los 2 grados. Pero es que esto no es nuevo. Esa temperatura tope había sido definida por los más de 100 científicos que integran el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) hace más de un año, como una condición para que el planeta no enfrentara extinciones masivas y el recrudecimiento de los desastres naturales. 

Pero más grave que celebrar un acuerdo sobre algo que ya era de conocimiento público, fue haber dejado sin definir cómo se conseguirá, si ni siquiera hay metas para bajar las emisiones de dióxido de carbono, metano y otras sustancias contaminantes.

Qué deja en concreto el acuerdo: la creación de un fondo de 10.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 para que los países más vulnerables afronten los efectos del cambio climático, y 100.000 millones anuales a partir de 2020 para mitigación y adaptación. Un consenso económico que no alcanza los 140 mil millones que se habían planteado inicialmente y que tampoco da claridad sobre cómo se llevaría esa financiación a las naciones menos favorecidas, ni cuáles tendrían prelación.

"Esto era previsible, porque ningún país va a querer ceder en pretensiones que pongan en juego su estabilidad económica. El tema más importante de la cumbre era definir una estrategia de adaptación, que no se concretó", explicó el colombiano Gustavo Wilches Chaux, experto en derecho ambiental y prevención de desastres. 

Pero en medio de lo que algunos calificaron como 'holocausto', hay otros que analizan Copenhague con moderación. Como el ex ministro de Ambiente, Manuel Rodríguez Becerra, quien ha explicado que la cumbre no pretendía ser el final, sino el comienzo de nuevas negociaciones que se prolongarán por muchos años y que estarán influenciadas por los cambios geopolíticos, entre los que figuran la irrupción de China e India como potencias, y el protagonismo que está alcanzado Brasil. 

Rodríguez explica que esta no es la única frustración. "Llegarán muchas, porque lo que está de por medio es la equidad y la justicia ambiental entre los países. Resolver el cambio climático necesitará un grado de cooperación entre las potencias sin precedentes. Y si el conjunto de naciones no se ha puesto de acuerdo para resolver la pobreza, qué los podría llevar a atender las recomendaciones de la comunidad científica en torno al clima?", se pregunta el experto.

Y más allá de moderados, existen optimistas, como el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para quien este acuerdo constituye una primera "etapa esencial" hacia la adopción de un tratado de lucha contra el calentamiento global. El coreano lo resumió así: "para mi esta claro que es necesario mucho más para abandonar la senda del cambio climático, pero este es un paso en la dirección correcta".

JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY

 

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