Padres con miedo hasta de sus propios hijos / Opinión

Padres con miedo hasta de sus propios hijos / Opinión

Los padres nos indignamos porque ninguna institución hace algo para controlar a los jóvenes.

19 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Nos parece inaudito que parrandeen desde el 'juernes' hasta el domingo, que en las discotecas, clubes y tiendas les vendan todo el alcohol que quieran, o que lleguen a casa conduciendo el carro borrachos.

Pero, ¿quién les permitió que tomaran desde que son menores de edad? Y, ¿quién les da el dinero para que lo compren?, ¿quién les presta el carro a sabiendas de que van a parrandear y que es muy posible que manejen después de haber tomado?

¿Qué nos hace pensar que se van a "portar bien" si andan por la calle hasta altas horas de la noche y no hay nadie que controle lo que hacen?

Nos quejamos de la frivolidad, las fachas y la indecencia de las niñas hoy. Pero, ¿quién les compra la ropa vulgar e insinuante que visten y les permite maquillarse desde los 10 o 12 años? ¿Quién les regala prótesis en los senos a los 15 para que luzcan más sexys? ¿Quién les permite ir a conciertos, ver videos o series en las que el destape y la vulgaridad caracterizan a las protagonistas que idolatran? ¿Qué nos hace creer que no van a querer imitarlas cuando "todas sus amigas lo hacen"?

Nos aterra la crueldad de algunos niños con sus compañeros. Pero, ¿quién les permite entretenerse con videojuegos en que ganan puntos por cada persona que maten o por los crímenes atroces que cometan en el trayecto a la meta? ¿Qué nos hace suponer que al premiarlos por cometer toda suerte de infamias o permitir que se diviertan mirándolas, ellos no creerán que es correcto hacerlo?

Pero nos justificamos diciendo que le tenemos confianza a los hijos, ¡cuando lo que les tenemos es miedo!

Miedo a que se enojen, a que no confíen en nosotros o a que nos vean como sus "amigos". Y los dejamos en manos del barman, del portero de la discoteca, de la empleada, de "amigos", de personas a quienes jamás les confiaríamos nuestras joyas más valiosas.

Dejemos de querer ser democráticos para ganarnos a los hijos. No fuimos elegidos por votación popular. Lo que tenemos que ganarnos no es su aprobación sino su respeto porque actuamos como padres y cumplimos con el deber de vigilarlos y mantenerlos sanos y a salvos.

ÁNGELA MARULANDA
EDUCADORA FAMILIAR
www.angelamarulanda.com

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