Amoríos de Tiger Woods pueden acabar con los éxitos de la gran estrella del golf

Amoríos de Tiger Woods pueden acabar con los éxitos de la gran estrella del golf

El viernes, el deportista anunció un "descanso indefinido" en su carrera deportiva.

12 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

El 8 de enero de 2008, durante el Mercedes-Benz Championship desde Hawai, un incidente protagonizado por la comentarista Kelly Tilghman en The Golf Channel resultó la muestra fehaciente del peso específico de Tiger Woods en el PGA Tour (Professional Golf Association). Un mal chiste que le costó una reprimenda pública, 15 días de suspensión y una penosa disculpa.

Mientras sostenía una amena charla con el también golfista y presentador Nick Faldo, acerca de la hegemonía de 'El Tigre', Tilghman cometió lo que su patrón definió como un "lapsus": el inglés afirmó que había que hacer algo para batir a Tiger y su compañera de set replicó con un sorpresivo: "Lincharlo en la parte de atrás de un callejón". La que parecía una frase inofensiva provocó un chaparrón de críticas y acusaciones de racismo. Es que, según cifras de la Universidad de Tuskegee, de Alabama, entre 1882 y 1968 fueron linchados 3.466 afroamericanos.

"The Golf Channel lamenta los comentarios que Kelly Tilghman pronunció con poco criterio en una presentación reciente y, nuevamente, extiende sus disculpas a todos los que pudieron sentirse ofendidos. En nuestro canal no damos lugar a esa clase de lenguaje. Aunque creemos que la elección de las palabras no fue intencional, lastimaron y no fueron apropiadas. En consecuencia, hemos decidido suspender a Kelly por dos semanas, inmediatamente", expresó el comunicado publicado poco después del incidente. En voz baja, la comunidad entera del PGA Tour condenó a la comentarista y respaldó irrestrictamente al deportista.

Desde agosto de 1997, cuando irrumpió en el profesionalismo y empezó su inacabable colección de triunfos y récords, Woods se convirtió no solo en el mejor jugador del mundo, sino también en el sello característico del PGA Tour. De su mano llegaron también nuevos grandes patrocinadores. La 'Tigermanía' convirtió al tour estadounidense en un carnaval de millones de dólares, pues las bolsas de los torneos aumentaron considerablemente, así como los niveles de la audiencia televisiva y todo el merchandising ligado a esos certámenes.

Y los valores que encarnaba el californiano, como esfuerzo, sacrificio, humildad, sensibilidad social y su búsqueda obsesiva de la superación y la perfección, se convirtieron en los valores del circuito y e incluso, del deporte mismo. Una imagen y una institución que hace dos semanas están envueltas en la más feroz tormenta y que terminaron con el "descanso indefinido" de la estrella del golf.

Un choque extraño

Desde que Woods estrelló su lujosa camioneta contra un hidrante y un árbol, a pocos metros de su casa, en un exclusivo sector de Windemere (Florida), el 27 de noviembre, su hasta entonces blindada vida privada es la comidilla de los medios sensacionalistas. Una violenta irrupción que amenazó los cimientos mismos del PGA Tour y del negocio del golf en momentos en que la economía mundial, de cuyos vaivenes no está exento el deporte, sufre una profunda crisis.

El accidente mismo encierra innumerables interrogantes sin resolver, pero el morbo radica en la aparición de múltiples amantes de Tiger, en confesiones de ellas sobre las relaciones, llamadas, mensajes de textos.

Antes de conocerse la decisión de "descansar", el PGA Tour, casi todo el mundo del golf, estaba conmocionado y cerró filas en torno a su ídolo. "Él elevó el perfil del golf como deporte, llevándolo a niveles de popularidad insospechados y llegando a un público que antes no prestaba atención a esta disciplina", expresó su colega John Daly. Y pronunció unas frases que ahora, ante la decisión del deportista, suenan a una premonición fatal. Daly dijo: "Lo necesitamos más que nunca en nuestro Tour por el estado actual de la economía. Tiger es el mayor activo con que cuenta el PGA Tour desde hace mucho tiempo", agregó.

En la otra vereda, el también golfista Jesper Parnevik se atrevió a ir en contra de Woods y se puso del lado de Elin Nordegren, esposa del número uno del mundo y otra de las víctimas del escándalo. A mediados de la semana, desde Europa, el sueco dijo sentirse "realmente mal. Estoy particularmente triste por este suceso. Probablemente pensamos que (Tiger) era una mejor persona de lo que realmente es", complementó. ¿Por qué esa dura reacción? Porque fue él, durante el British Open del 2001, el que los presentó en su casa, donde Nordegren era la niñera de sus hijos. El matrimonio se consumó el 13 de octubre del 2004 en Barbados, una boda que, según las publicaciones de la época, fue digna de las superestrellas de Hollywood. Más allá de las banalidades faranduleras, se supo que Woods y Nordegren firmaron un acuerdo prenupcial y empezaron un idilio que hasta el 27 de noviembre no se salió ni un ápice del libreto de los cuentos de hadas.

Ahora, en cambio, la bella cenicienta está en el ojo de la tormenta y el príncipe perfecto es visto por muchos como un vulgar villano. Como nunca antes le había sucedido en su vida, que ha sido escrutada por los medios desde que el prodigio tenía 4 años.

El temor es que ahora, si se da un retiro definitivo de Tiger, tras él, cual dominó, sigan el PGA Tour y el golf profesional, que se repita el proceso que vive el LPGA Tour (Ladies Professional Golf Association), el circuito femenino estadounidense, tras el retiro de Annika Sorenstam. Apenas la sueca dijo que dejaba la actividad, a la crisis económica se unieron los anuncios de varios patrocinadores que dieron un paso al costado. Así, mientras en el 2008 se realizaron 37 torneos, entre oficiales y no oficiales, este año solo fueron 29 y para el 2010 están programados 24.

Desde el día del accidente, las marcas ligadas a Woods reaccionaron de manera diversa. Nike, que le representa al californiano una jugosa tajada de sus ingresos, lacónicamente afirmó que no habrá novedades en ese vínculo. Mientras, un anuncio de Gillette, que era visto en millones de hogares estadounidenses en el prime time, desapareció silenciosamente. Y la firma Gatorade anunció a mitad de semana que canceló el contrato que la unía con el deportista, aunque aclaró que esa era una decisión tomada con anterioridad y para nada relacionada con los sucesos recientes.

Expertos en el tema del mercadeo y la publicidad creyeron en su momento que las voces de alerta eran exageradas y que el tono iría bajando paulatinamente, pero no contaron con las palabras finales del golfista el viernes: "Después de mucha introspección, he decidido tomar un descanso indefinido como golfista profesional. Necesito enfocar mi atenciónen ser un mejor esposo, padre y persona".

CARLOS EDUARDO GONZÁLEZ LL.
Para EL TIEMPO

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