Opinión: Ni tan verdes ni tan grises

Opinión: Ni tan verdes ni tan grises

Nueve años después de expedida la Resolución mediante la cual el Ministerio de Ambiente ordenó a la CAR declarar una reserva forestal en la zona norte de Bogotá, tal decisión no ha sido cumplida.

11 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

La causa de la demora es, al parecer, lo contradictorio que resulta asignar una categoría tan restrictiva a un área donde la realidad territorial es diferente.

Luego de estudios y varios debates del Consejo Directivo de la CAR, resulta claro que de 1.500 hectáreas que buscan declarar como reserva, sólo 12 poseen bosque nativo y estas ya fueron declaradas como de protección y son Santuario Distrital de Fauna y Flora, según lo determinó el Distrito en su Plan de Ordenamiento Territorial (POT).

La Administración reconoce la importancia de mantener las formas de vida rural y conservar las condiciones ambientales de la zona norte. Desde el año 2000, los humedales Torca y Guaymaral fueron declarados como Parques Ecológicos Distritales, y los cerros de Torca y La Conejera como Parques Ecológicos Distritales de Montaña. Con estas áreas protegidas se quiere generar un corredor ecológico que conecte los Cerros Orientales con el río Bogotá. Se ha trabajado en la dirección correcta para consolidar la estructura ecológica principal prevista en el POT y en la formación de las barreras a la expansión incontrolada de la conurbación.

Frente a estos hechos concretos, no es técnicamente viable la declaración de una Reserva Forestal, ya que resulta inoperante, además, por los usos actuales: cultivos de flores, actividades agrícolas y pecuarias, colegios y clubes proliferan en la zona y no constituyen propiamente componentes forestales, pero se van a mantener, según lo determina la resolución ministerial.

Surge entonces la pregunta: ¿Cómo establecer una reserva forestal, cuando estas actividades continuarán allí?
También se debe reflexionar sobre el impacto ecológico que tendrá la declaratoria para la región, cuando se circunscribe exclusivamente a los límites del Distrito, sin incluir áreas de importancia ambiental regional como el Cerro del Majuy, y sin medidas efectivas para frenar el crecimiento urbano de municipios como Chía y Cota que se acercan, en forma acelerada, hacia la capital.

El ordenamiento territorial no se logra con decisiones impuestas que contrarían lo técnico y con una figura jurídica inconveniente. La realidad ambiental, social y económica debería orientar las decisiones administrativas.

El Distrito está de acuerdo con el planteamiento de algunos de los habitantes de la zona que piden declarar un Distrito de Manejo Integrado que, por sus condiciones, permite, simultáneamente, acciones de preservación, protección y actividades productivas. No una conservación terca y a ultranza ni un desarrollismo enemigo del futuro. Se trata de construir una ciudad y una región ambientalmente sostenible, socialmente amigable y económicamente competitiva. Ni todo verde, ni todo gris. El justo medio.

JUAN ANTONIO NIETO E.
SECRETARIO DISTRITAL DE AMBIENTE

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