Códigos de barras para que no le den gato por atún

Códigos de barras para que no le den gato por atún

Científicos recurren a segmentos de ADN para desenmascarar a restaurantes y desarrollar un inventario biológico

10 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.
Investigadores que están usando una nueva prueba de ADN descubrieron hace poco que el pescado de se ofrece en los menús de Nueva York y Denver podría no ser siempre el que se sirve en la mesa. Utilizando muestras de los platos de 31 restaurantes de sushi, científicos del Museo Estadounidense de Historia Natural hallaron que a los clientes que pidieron atún a veces se les sirvió un sustituto más barato, o una especie en peligro de extinción o un pescado prohibido en varios países por constituir un riesgo para la salud.

Una vez limpias y cortadas, las ochos clases de atún más vendidas son caldo de cultivo tanto para los errores humanos como para las estafas. Una vez servidos, estos tipos de atún son casi idénticos, pero a los amantes del sushi les gustan especialmente las tres especies de atún de aleta azul, cuyo límite de pesca anual fue fuertemente reducido el mes pasado por su escasez. Para identificar los filetes del codiciado pescado, los investigadores del museo identificaron un pequeño tramo del código genético del pez que, por primera vez, puede identificar a cada una de las ocho especies como si fueran las etiquetas en el inventario de un supermercado.

Los investigadores lo llaman el código de barras de ADN.

Más que una manera de monitorear errores en los menús, el desarrollo del código de barras responde a la necesidad de intensificar el cumplimiento de las normas de la pesca del atún.

Los reguladores no tenían cómo identificar correctamente qué especie de atún había sido vendida, tal y como requiere la convención internacional sobre especies en peligro de extinción.

El equipo de investigadores del museo cree que sus códigos de barras de ADN cumplen ese requisito. "Queremos monitorear el comercio", dice Sergios-Orestis Kolokotronis del Instituto Comparativo de Genomas del museo, que ayudó a llevar a cabo el estudio.

El gobierno de Mónaco, preocupado por la sobrepesca, propuso recientemente prohibir el comercio de la especie de atún de aleta azul, algo que se considerará en la reunión de marzo de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas, en Qatar.

Catálogo de vida

De manera más general, el código de barras del ADN del atún es la última aplicación del uso de material genético para catalogar la biodiversidad, algo que está ganando aceptación internacional. Se han abierto centros para aplicar códigos de barras genéticos en Canadá y México. Mientras tanto, China, Francia, Polonia y Holanda están desarrollando sus propios centros de este tipo. El mayor de ellos es el Instituto para la Biodiversidad de Ontario, en la Universidad de Guelph, Canadá, pionera de esta técnica en 2003. "En 2015, confío en que habremos registrado cinco millones de códigos de barras y al menos 500.000 especies", dice el biólogo de Guelph, Paul Hebert, inventor de la técnica.

A medida que se consiguen nuevos códigos de barras, se suben a la red en el Proyecto Internacional de Código de Barras de la Vida, que recoge los hallazgos de 300 proyectos globales de asignación de códigos de barras. El objetivo es tener un código de barras con el ADN de todos los organismos vivos, unos 10 millones de especies o más.

Sus partidarios aseguran que los códigos de barra de ADN mejorarán la regulación internacional de la salud pública, las importaciones agrícolas y el medio ambiente. "Creemos que las implicaciones para la regulación (de este proyecto) son muy importantes", dice David Schindel, secretario ejecutivo del Consorcio de Código de Barras de la Vida, en el Instituto Smithsonian, en Washington.

Los reguladores estadounidenses ya lo están probando. Mark Bagley, experto en genética poblacional de la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos, está probando la rapidez y exactitud con que los códigos de barras de ADN identifican a los insectos cuya presencia o ausencia se usa para determinar la calidad del agua de ríos. La larva del insecto en cuestión con frecuencia es difícil de distinguir de la de otros insectos acuáticos.

Cuando Hebert y sus colegas en Guelph estudiaron el mes pasado el pescado en 18 restaurantes de Canadá, hallaron que casi la mitad de los pescados servidos estaban mal identificados. "Uno pide pargo del Golfo y siempre le sirven tilapia", dice Hebert.

Pero todavía falta mucho para que las pruebas de códigos de barras de ADN lleguen a venderse como un electrodoméstico. Por ahora, la prueba de laboratorio suele costar US$5 y toma unos 90 minutos en completarse.

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