Editorial / Apuestas incumplidas

Editorial / Apuestas incumplidas

Por esta época en la cual regresan los villancicos, las novenas y los aguinaldos, es normal que también vuelvan las predicciones sobre la economía colombiana en el año que comienza.

08 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Ese es un ejercicio que siempre es seguido con creciente interés. Pero es posible que las cábalas generen todavía más expectativa en la presente ocasión, sobre todo si se tiene en cuenta la alta dosis de incertidumbre que acompaña no sólo a la situación mundial, sino a la evolución de la política local y las relaciones con los vecinos.

En medio de circunstancias tan dinámicas, es fácil equivocarse. Así lo dejó en claro el Fondo Monetario Internacional que ha venido haciendo pronósticos, los cuales se ha visto obligado a cambiar cada dos meses desde finales del 2008. Hace algo más de 12 meses, por ejemplo, éstos hablaban de una desaceleración manejable en el planeta. Pero para comienzos del año la perspectiva era francamente apocalíptica con fuertes caídas en el Producto Interno Bruto (PIB) de las principales economías. El informe correspondiente a octubre, en contraste, es más tranquilizador y habla de un descenso menos profundo en este periodo y de una recuperación más rápida en el 2010.

La razón de tantas revisiones tiene que ver con la gran cantidad de variables involucradas en los cálculos. De tal manera, en un país cualquiera no basta con hacerle el seguimiento a agregados como la tasa de interés interna o la inflación, sino hay que mirar el ánimo de los consumidores, el precio de los productos básicos y la marcha del comercio global, un elemento que cada vez tiene más peso en todas las latitudes. Eso para no hablar de impactos inesperados como el que le trajo a México la aparición del virus de la gripa AH1N1, el cual golpeó con fuerza a un país que ya veía con preocupación el coletazo que recibiría de la economía estadounidense.

En el caso de Colombia, por su parte, la realidad ha sido muy diferente a la esperada. Una mirada al informe sobre inflación que elabora trimestralmente el Banco de la República y que fue presentado a la junta directiva de la entidad a finales de octubre del 2008, muestra que el crecimiento esperado del PIB este año era, en promedio, de 3,2 por ciento entre los eruditos locales, en tanto que los extranjeros hablaban de 3,9 por ciento. Con respecto a la inflación las apuestas eran del 5,4 y del 4,7 por ciento, mientras que el valor del dólar se estimaba en 2.336 y 2.263 pesos, respectivamente.

Tres meses más tarde, tales datos habían variado sensiblemente, aunque todavía se creía que el resultado de la economía sería superior al 2 por ciento, que el alza del Indice de Precios al Consumidor no sería inferior al 5 por ciento y que la tasa de cambio llegaría a más de 2.400 pesos en diciembre. Además, el consenso hablaba de que la tasa de interés DTF estaría por encima del 8 por ciento, que el déficit fiscal sería apenas superior al 2 por ciento del PIB y que el desempleo se ubicaría entre 12 y 13 por ciento.

Lamentablemente, esa fue la única predicción que resultó. En todos los demás casos, el desfase fue amplio: el crecimiento del 2009 será cercano al cero por ciento, la inflación podría llegar a 2 por ciento, la tasa de cambio cerrará en cercanías de los 2.000 pesos, la DTF rondará el 4 por ciento y el saldo en rojo del sector público podría ascender al 4 por ciento del PIB.

A la luz de lo sucedido, no faltará quien cuestione las apuestas que se hacen en torno al 2010. De acuerdo con el más reciente reporte del Emisor, los analistas creen que el aumento del PIB sería cercano al 2,5 por ciento, la inflación al 4 por ciento y el precio del dólar oscilaría entre 2.011 y 2.225 pesos. Detrás de esas cifras, hay que insistir, están decenas de profesionales, así como modelos econométricos que computan centenares de estadísticas.

Pero tal como ocurre con los pronósticos sobre el estado del tiempo, que pierden precisión en la medida en que el horizonte es más largo, los especialistas han descubierto que, en medio de la turbulencia actual, cada vez es más difícil acertar. Debido a ello, los expertos sostienen que en esta ocasión son mejores los rangos posibles, que los datos precisos con varios decimales. Y que los primeros sugieren un crecimiento mediocre, al igual que inflación e intereses bajos, por lo menos hasta que los vientos de la reactivación soplen con más fuerza en territorio colombiano.

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