Los reyes del petróleo

Los reyes del petróleo

Las empresas en manos del Estado siempre estarán sujetas a vaivenes y presiones políticas que de alguna manera pueden poner en riesgo su estabilidad y permanencia en el mercado.

06 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

En el transcurso de estas últimas semanas, los aficionados al cine por cable hemos tenido la posibilidad de ver en el canal de Eurochannel una película basada en la vida real y que lleva por título Los reyes del petróleo. Se trata ni más ni menos de la representación en celuloide de la increíble, desastrosa y repugnante experiencia que a finales de los años 80 vivió la multinacional francesa Elf Aquitaine, considerada en ese entonces la joya de la corona de la sociedad francesa.

Por ser empresa estatal y con el triunfo en 1989 de la coalición socialista, este movimiento le exigió al presidente Jacques Chirac, que en la presidencia fuera designado un político de dudosa reputación, que precisamente en los años sucesivos y en complicidad con otros directivos se dedicó a saquear las arcas de la empresa en beneficio propio y de sus compinches. Como si esto no fuese ya suficientemente escandaloso, utilizaron su poder económico para sobornar jefes de estado africanos (Gabón y Congo, concretamente) y garantizarse así la exclusividad en los contratos de exploración, y de paso unas jugosas comisiones para el gran sanedrín. Todo esto a espaldas, pero con el conocimiento del gran inquilino del Eliseo. Si en esa época -no muy lejana por demás- hubiesen existido informes de transparencia como los que hoy en día se divulgan y difunden a nivel mundial, y en los cuales los países latinoamericanos quedan muy mal ubicados, potencias de la Europa Occidental habrían merecido el mismo repudio del que normalmente es objeto esta apartada región del mundo.

Con la llegada al poder a mediados de los años 90 de una nueva mayoría parlamentaria, la olla podrida se destapó, sin llegar a tocar el más alto nivel; sus protagonistas fueron enjuiciados, pero a la postre recibieron penas que hoy en Colombia se considerarían irrisorias. Lo relevante es que la empresa se abrió al público, se privatizó, se saneó y finalmente fue absorbida por uno de sus competidores (la compañía Total), la cual hoy en día sí es representativa de la verdadera grandeure francesa.

Este recuento sirve muy a propósito como corolario de la gran discusión que se está planteando en nuestro país acerca de la intención del Gobierno de vender al público un 15 por ciento de las acciones que hoy posee en Ecopetrol, la 'joya de la corona' nuestra. En el caso de nuestra petrolera, no hay asomo de manejos indebidos o al margen de la ley, pero siempre está latente la duda de si su condición de monopolio -así sea estatal- le permite encubrir una que otra ineficiencia. Las empresas en manos del Estado siempre estarán sujetas a vaivenes y presiones políticas que de alguna manera pueden poner en riesgo su estabilidad y permanencia en el mercado. Lo que hoy es una minita de oro, mañana puede convertirse en un barril sin fondo (remember Telecom).

Por otra parte, si el Gobierno está dispuesto a arriesgar su capital político y afrontar el debate que implica la venta de un porcentaje minoritario, ¿no será preferible asumir este costo por un monto que verdaderamente valga la pena? ¿No será preferible enfrentar esta encrucijada a tiempo y no más adelante, cuando los réditos cuantitativos y cualitativos ya se hayan diluido significativa e irremediablemente?

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