Editorial / El que mucho abarca...

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Si nada extraordinario ocurre, el candidato presidencial del liberalismo, Rafael Pardo, será ungido como jefe único de su partido este fin de semana cuando se celebre el IV Congreso Liberal en Bogotá.

06 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Lo hace tras la renuncia a ese cargo del ex presidente César Gaviria, quien cumplió una ardua tarea que le costó puntos en las encuestas debido a que enfrentó la popularidad del presidente Álvaro Uribe, al cual le hizo oposición, pero quien a la vez consiguió el objetivo de mantener viva y vigente a la colectividad, que vivía una profunda crisis.

Pero más allá de la designación del nuevo jefe, un asunto que parece de trámite, aparte de algunas controversias que algo se harán sentir en el Congreso que arranca este sábado, lo que el liberalismo tiene que definir es algo muchísimo más crítico: su rumbo ideológico. Tras la salida de Gaviria y la llegada de Pardo, hay un cambio que es aparentemente sutil, pero que no debe dejarse de lado. Mientras el ex presidente privilegiaba un acuerdo con el candidato Germán Vargas Lleras y con su movimiento, Cambio Radical, con miras a una consulta interpartidista en marzo para unir fuerzas en torno a un aspirante único para la primera vuelta presidencial, Pardo ha abierto más las compuertas y parece desear un acuerdo no sólo con éste, sino con el Polo Democrático y su candidato Gustavo Petro.

Mientras el primer entendimiento sería entre liberales, pues tanto Vargas Lleras como su partido tienen origen liberal e influencia en algunos sectores de las bases rojas, un acuerdo que incluya al Polo va mucho más lejos. Entre los dos ex senadores, lo mismo que entre sus respectivas agrupaciones, hay numerosas coincidencias ideológicas. Ambos reivindican logros de la seguridad democrática del presidente Álvaro Uribe, pero se oponen a la segunda reelección del actual mandatario. Ambos confían en las virtudes de una sociedad de mercado, del libre comercio, así como de una política social que no se limite a entregar subsidios, sino que busque promover el empleo, la creación de empresas y una apuesta de gasto de más largo efecto que el mero asistencialismo.

En cambio, con el Polo hay grandes diferencias: mientras que unos condenan claramente el terrorismo de las Farc y otros grupos, la colectividad de la bandera amarilla cuestiona esas prácticas, pero con algunas salvedades importantes. De hecho, en el seno del Polo está el Partido Comunista, que sigue asignándole un papel a la combinación de las formas de lucha que implica adelantar acción política y electoral, pero darle cierta validez a la lucha armada. En materias económicas, el ideario liberal está muy lejos de aquel que defiende el Polo. Y en cuanto a la política internacional, la postura ante temas críticos como las relaciones con Hugo Chávez marca grandes diferencias. Es cierto que Gustavo Petro ha adoptado posiciones valerosas que no han sido compartidas del todo por sus compañeros, pero la plataforma impulsada no ha cambiado al mismo ritmo.

Sin embargo, Pardo es consciente de que en el seno del Partido Liberal hay una fuerza, con líderes como Piedad Córdoba y, con mayor moderación, Cecilia López, que jalan a la colectividad hacia la izquierda. En aras de unificar a su bancada, el candidato y futuro jefe único ha querido darles cabida a esos sectores en su campaña y ha designado en varios cargos a personas que representan esa corriente.

El problema es que, como ocurre en muchos casos, al nuevo jefe liberal le puede pasar que por mucho abarcar, poco pueda apretar. Un acuerdo con el Polo implicaría romper relaciones con Vargas Lleras, que ha dicho claramente que, por razones ideológicas, no haría parte de un pacto de ese tenor. Y ante un entendimiento tal, es evidente que el liberalismo terminaría inclinado hacia la izquierda y quizás podría perder los votos del centro, que otrora fueron la clave de su fortaleza y en donde parece estar la mayoría de los electores colombianos. Difícil desafío el que enfrenta Pardo, pues no se trata de un asunto de mera mecánica política, de aquellos que se resuelven con fórmulas en que las distintas partes ceden. La verdad es que se trata de un tema de definición ideológica que a su vez va mucho más allá de cerrar filas en torno a un nombre con miras a la primera vuelta presidencial, a finales de mayo del 2010.

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