Podadoras, ladrillos y un loro son algunos objetos que pierden pasajeros en aeropuerto de Madrid

Podadoras, ladrillos y un loro son algunos objetos que pierden pasajeros en aeropuerto de Madrid

Hacen parte de la lista de 2.000 extravíos mensuales que dejan los viajeros en las dependencias de la terminal aérea. Hasta bombonas de metano esperan ser reclamadas por su dueño.

03 de diciembre 2009 , 12:00 a.m.

Son los artículos más curiosos que se han encontrado en las terminales del aeropuerto madrileño, aunque los objetos que más se olvidan son cinturones, relojes, pulseras, móviles y ordenadores.

Ana Belén Yáñez es una de las empleadas del Servicio de Seguridad de Barajas y desde hace años está al frente de la oficina de objetos perdidos, donde manifiesta a Efe que normalmente "un 25 por ciento de lo olvidado vuelve a sus dueños".

En el aeropuerto de Madrid el objeto no permanece más de 15 días, aunque este período se puede ampliar a un mes en el caso de que el propietario se haya puesto en contacto con Barajas.

Pasado este tiempo, los artículos se entregan en el servicio de objetos perdidos del Ayuntamiento de Madrid, donde se guardan hasta un máximo de dos años.

En el caso de que los artículos extraviados sean documentos oficiales, se entregan en la comisaria del Cuerpo Nacional de Policía para que contacten con sus dueños.

El Servicio de Información del aeropuerto de Barajas también tiene su papel en el proceso de recuperación de objetos perdidos, ya que, normalmente, todo el que se encuentra algún artículo lo deposita en los mostradores de estas "chaquetas verdes".

"Allí se recoge y se rellena un volante de entrega", explica Laura Santa, Jefa del Proyecto del Servicio de Información, que explica que, en dos rondas diarias, el personal de seguridad pasa a recoger estos artículos por los mostradores.

Sobre el proceso de recuperación de un objeto perdido, Santa especifica que cuando el "supuesto propietario" llega a un mostrador de información tiene que "pasar una serie de pruebas" para confirmar que es suyo.

En el caso de que sea un teléfono móvil, el dueño tiene que encenderlo y marcar su "pin", antes de presentar su documento de identidad y estampar su firma en un formulario con sus datos para recuperarlo.

"Se intenta guardar el objeto lejos de la vista del pasajero", recalca Santa, para que este realice una descripción antes de visualizarlo, con el objetivo de evitar fraudes y de que la gente se pueda apropiar de cosas que no son suyas.

También Laura Santa coincide con la trabajadora del servicio de seguridad al asegurar que los ordenadores portátiles, los móviles y las gafas son los objetos que se extravían son más frecuencia, aunque añade a la lista los excesos de equipaje, de los que se deshacen los viajeros en las terminales para no tener que pagar sobrepeso, y la comida.

Como anécdota curiosa, Santa recuerda que un pasajero perdió 50 décimos del mismo número de la Lotería de Navidad dos días antes del sorteo.

Cuando los recuperó en el mostrador de "chaquetas verdes" se alegró tanto, que quería regalar a sus trabajadores 25 décimos, lo que no aceptaron los empleados, recuerda Santa.

A pesar del tiempo que llevan dedicadas a esta tarea, Laura Santa y Ana Belén Yañez no dejan de sorprenderse. Es difícil entender cómo algunos objetos no son reclamados por sus dueños.

Algunos por su valor, como carteras con dinero, y otros por el servicio que prestan, como los carritos de bebé, ya que ambas
se preguntan: ¿dónde llevarán a los niños después?.

Madrid (España), con EFE

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