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Dos siglos no es nada: Pedro Fermín de Vargas, un precursor olvidado

Dos siglos no es nada: Pedro Fermín de Vargas, un precursor olvidado

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de noviembre 2009 , 12:00 a. m.
De todos los próceres que participaron en la libertad de la Nueva Granada, ninguno más olvidado que Pedro Fermín de Vargas. Tan olvidado está, que muchos colombianos nunca han oído hablar de él. Y, sin embargo, fue Vargas precursor del Precursor, el hombre que echó a correr las ideas libertarias que acogió Antonio Nariño e irrigaron a la generación que en 1810 dio el Grito de Independencia.
Como muchos otros neogranadinos díscolos, Vargas era oriundo de Santander. Nació en San Gil en 1762 y murió en 1813. Siendo aún muy joven viajó a estudiar a Santa Fe, donde fue colegial del Rosario, colaborador de José Celestino Mutis y letrado. Ocupó, además, algunos cargos públicos del virreinato, como oficial de la secretaría y corregidor de Zipaquirá. Tenía, como tal, el deber de conservar las salinas para beneficio de la Corona.

En esa villa, donde habían sido traicionados los comuneros de José Antonio Galán diez años antes, picó a Vargas el gusanito de la libertad y decidió jugarse contra la opresión española. Vendió su biblioteca (en buena parte, a Nariño), abandonó el cargo, dejó a su mujer y sus hijos, agregó una amante casada y un indio de confianza a la aventura y, valido de documentos falsos, se fugó con ellos a Venezuela, dispuesto a embarcarse hacia Europa. Mientras las autoridades ponían precio a su captura, Vargas y compañía llegaron a Jamaica.

La isla antillana sirvió de escenario para su primera conspiración, un desembarco de 120 hombres que nunca llegó a cuajar. De Jamaica a La Habana (donde su amante, Bárbara Forero, tiró la toalla y regresó a Bogotá en pos de su deprimido esposo), de allí a Nueva York y de Estados Unidos, finalmente, a Europa. Llegó a España en 1798 y de inmediato se escabulló hacia París y Londres.

El 17 de noviembre de 1799 se encontró con el venezolano Francisco Miranda, que intentaba embarcar a Inglaterra en la lucha contra el rey de España en América. Miranda se encariñó con Vargas, y así lo dice en carta a un amigo: "Es excelente persona y de lo mejor que he visto en nuestra América".

Londres era, a la sazón, foco permanente de conspiraciones para liberar a Hispanoamérica, pero también de carameleo, mamadera de gallo y flema inglesa. Impaciente, Vargas viajó a París en 1801, y halló que Francia estaba aliada con España y lo expulsó del país. Los años siguientes se perdieron en idas y venidas de las islas caribes a las islas británicas, hasta que en 1806 entregó a los ingleses su histórico documento Relación sucinta del estado actual de las colonias españolas en la América meridional donde anticipa la Independencia y propone a Jorge III que apoye la rebelión a cambio de abrir mercados para sus productos. Los ingleses jugaron siempre doble: apoyaban a los rebeldes, mas no estaban dispuestos a pelear por ellos.

 La empresa de Vargas se frustró, aunque sus ideas acabaron revindicándolo en la Nueva Granada donde su fama aumentaba desde lejos. Abogado, economista, médico, filósofo y escritor, el sangileño fue profeta de la Independencia y víctima de la amnesia nacional.

Por: Daniel Samper Pizano

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