Deportivo Pasto desciende a la segunda división del fútbol colombiano

Deportivo Pasto desciende a la segunda división del fútbol colombiano

El equipo nariñense perdió 0-1 contra Santa Fe en el estadio Libertad, que estuvo vacío.

08 de noviembre 2009 , 12:00 a. m.

Un collage de imágenes retrataron el día más triste del Deportivo Pasto. El árbitro Albert Duarte dio los tres pitazos y señaló con sus manos el centro del campo, acabó el partido del domingo contra Santa Fe y marcó el descenso del equipo nariñense a la Primera B. Su derrota 0-1 con Santa Fe le indicaba su nuevo camino en el fútbol colombiano.

De inmediato, el lateral Gilberto García empezó a llorar como un niño. Su camiseta, esa que había sudado infructuosamente, era ahora un pañuelo con el que se cubría la cara y se limpiaba las lágrimas y la nariz.

A su lado, el volante René Rosero, trataba de consolarlo. Una derrota dura y silenciosa, pues en las tribunas no había público: ese fue otro castigo por la agresión de que fue víctima en el estadio Libertad el juez de línea Alejandro Gallego y por lo que perdió: los puntos del partido contra Real Cartagena, tres puntos que resultaron decisivos en la caída a la B.

Pasó el volante santafereño Juan Carlos Quintero y le dio una palmadita de consuelo en la espalda a García, que en su río de llanto ni cuenta se dio. Los camarógrafos de la TV se le fueron encima y Rosero, entonces, los retiro con un gesto. Era su drama. 
De frente, entonces, Agustín Julio, el portero 'cardenal', abrió sus brazos de águila y lo arropó: en su hombro lloró García. Julio, trató de animarlo. Incluso se le notó que le habló duro para sacudirlo, pero el dolor era tan grande como el Volcán Galeras.

El técnico del Pasto, Jorge Luis Bernal, mostraba la resignación y la impotencia. Miraba como sin mirar a varios puntos. Estaba derrotado. Julio, otra vez Julio, y Yulián Anchico charlaron con él, que con las manos en la cintura, aceptaba su suerte.

De nada valieron los rezos del padre Joe Aguilar, un sacerdote jesuita que se convirtió en el capellán del equipo. En las cabinas de la radio y en los lugares de destinados a los periodistas deportivos locales, los más afectados por que su futuro ahora es incierto, no se cansaban de repetir el "atropello y la injusticia cometida contra el Deportivo Pasto" por la pérdida de los puntos con Cartagena.

En el palco de directivos, la amargura era general. "No bajaremos la cabeza y seguiremos adelante, tratando de conseguir el título de la la Copa Colombia (la final también es con Santa Fe) y afrontar un nuevo reto", dijo Iván Erazo, el presidente del club.

Desde afuera del estadio, entonces, volaron estallidos y ruidos de gente gritar y correr: los hinchas que no pudieron entrar al estadio empezaron a apedrear a las unidades de la Esmad, así como algunos ventanales de viviendas y negocios cercanos. Los agentes del orden tuvieron que lanzar gases lacrimógenos para controlar a los furiosos y desdichados fanáticos.

Otros estaban simplemente tristes, desolados, inconsolables: el Deportivo Pasto opuso fin así a 11 años continuos en la Primera A, categoría en la que salió campeón en el Apertura-2006 y subcampeón en el Finalización-2002 (perdió el título con el Deportivo Independiente Medellín) y representó a Colombia en la Copa Libertadores del 2007 y en la Suramericana del 2003.

Pasto se convirtió en una ciudad triste y adolorida. Su equipo, su nuevo mayor orgullo, se fue para la B.


RAMIRO ROSERO ARTEAGA
Para EL TIEMPO
Pasto

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