Gabriela y Mady

Gabriela y Mady

05 de noviembre 2009 , 12:00 a.m.

Madre e hija se reencontraron en el lugar perfecto, el entrañable Auditorio Aurelio Arturo de la Biblioteca Nacional. Desde el pasado 3 de noviembre, y hasta el próximo 19, Gabriela Samper y su hija, Mady Samper, estarán juntas, una vez más. Se hace una exposición cinematográfica de lo principal de estas dos destacadas documentalistas. Hoy viernes, a las seis, en el citado auditorio, Mady le rendirá homenaje a Gabriela, con dos películas en que la hija habla de la madre, y varios de los más importantes directores del teatro nacional, de los que iniciaron la etapa del teatro moderno en Colombia -Jorge Alí Triana, Santiago García¿y artistas de la misma tendencia, como Enrique Grau, expresan en esos filmes ('Memorias de Teatro' y 'Tras el telón una generación', ambos de 1992 y de 30 minutos cada uno) sus recuerdos sobre Gabriela Samper y calibran su inteligente contribución en aquellos movimientos renovadores del teatro y del arte nacionales.

Gabriela Samper nació en Bogotá en 1918. Con anuencia de su papá, el doctor Pedro Miguel Samper Madrid, su mamá, doña Saturia García Álvarez, su abuela, la pedagoga Saturia Álvarez de García, y la institutriz inglesa Elizabeth Birmingham se encargaron de la educación de Gabriela hasta sus diez años.

Así, Gabriela Samper conoció la alegría, a la que muy pocos niños, casi ninguno en realidad, tienen acceso, de pasar la primera década de su vida en el hogar, recibiendo (como los hijos de don Rufino Cuervo) una 'educación amorosa', en lugar de aburrirse en los pupitres fastidiosos de alguno de los insoportables colegios bogotanos. Insoportables para ambos sexos.

La educación en casa le ayudó a Gabriela a estructurar su intelecto, le generó una incorregible voracidad por la lectura, por el teatro y por el cine. En 1936 salió bachiller del Gimnasio Femenino. Hizo después cursos de literatura inglesa en Londres y de cuento corto en Nueva York, y regresó a Bogotá para cursar filosofía y letras en la Universidad Nacional. En 1941 contrajo matrimonio con Ulric de Verteuil y se consagró a la cátedra.

Enseñó inglés, literatura, historia y danza en distintas universidades. Durante los años de 1950 a 1958 tuvo participación clandestina muy activa en la lucha contra las dictaduras civil y militar que rigieron el país en esos años. En 1958 ingresó al grupo de teatro El Búho y en 1963 la nombraron directora del Teatro Cultural del Parque Nacional. Aquí empieza también su trabajo cinematográfico como documentalista, género que prefiere a los demás por las posibilidades que le brinda para mostrar una visión analítica e histórica de la vida cotidiana.

Que Gabriela Samper fue una documentalista excepcional -quizá hasta hoy no superada en Colombia- lo comprobamos por la muestra que se pasa en la Biblioteca Nacional. 'El páramo de Cumanday' y 'El hombre de la sal' (1965); Una máscara para ti, una máscara para mí' y 'Ciudades en crisis, ¿qué pasa?' (1967); 'Los santísimos hermanos' y 'Festival folclórico de Fómeque' (1969).

Gabriela Samper ejercía en 1972 la dirección de divulgación cultural del Instituto Agustín Codazzi cuando fue encarcelada en forma brutal a raíz de la cacería de brujas desatada por el gobierno de Misael Pastrana. La mantuvieron encerrada varios meses, bajo tortura sicológica y física, para obligarla a confesar supuestas confabulaciones con grupos subversivos, las que sólo existían en la libreteada imaginación de sus esbirros. Al salir de la cárcel dejó el país y vivió en los Estados Unidos, sin recuperarse de la enfermedad que le ocasionó su absurda prisión. Deseaba morir en Colombia y volvió en 1974, año en que falleció.

Guionista y cuentista, Gabriela Samper dejó una docena de cuentos inéditos, entre ellos 'La Guandoca', en el que relata su terrible experiencia como prisionera política.

Su hija Mady siguió los mismos pasos como documentalista y escritora. Ha realizado más de quince documentales que la revelan digna heredera del talento de Gabriela. Publicó en el 2000 el libro 'Sendero de la Amapola' (Planeta), apasionante y polémico relato testimonial.

No seré yo quien intente dilucidar aquí si la hija es mejor documentalista que la madre, o viceversa, pues ellas no se han reunido en el Auditorio Aurelio Arturo para rivalizar, sino al contrario. Para mostrar la maravillosa unidad creadora que la inteligencia bien cultivada puede generar entre una madre y su hija.
 

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