El municipio antioqueño de Jardín busca afianzarse como marca

El municipio antioqueño de Jardín busca afianzarse como marca

La idea es llegarle a la gente a partir de sus atractivos paisajísticos, el cuidado que hace de su riqueza natural y la arquitectura de aspecto colonial que domina el área urbana.

03 de noviembre 2009 , 12:00 a.m.

La mayor virtud del teleférico, la nueva atracción de Jardín, un pueblo del suroeste antioqueño con aroma a café y flores, no está en la propia estructura de acero, aluminio y fibra de vidrio, sino en el paisaje que permite disfrutar.

El acceso a este sistema de transporte por cable queda a solo dos cuadras del parque principal, es declarado Monumento Nacional por su pinta colonial.

La estructura del teleférico fue inaugurada hace un año para sortear el trayecto entre la zona central y el sinuoso cerro Cristo Rey. El propósito era doble: servir de medio para que los campesinos de las veredas La Selva, La Linda y La Salada llevaran sus productos al pueblo y luego se devolvieran con sus mercados, y, servir como otro gancho para atraer turistas.

El trayecto en un vagón aéreo similar al del metrocable de Medellín dura apenas tres minutos. Suficientes para pasar los 420 metros que hay en línea recta entre las dos estaciones. A tres metros por segundo, que es la velocidad promedio, se puede apreciar un paisaje de platanales y cafetos verdes en primer plano, los cuales contrastan con los rojos y naranjados vivos que lucen los zócalos de las casitas campesinas.

En toda la mitad, alcanza los cien metros de altura y se puede apreciar, mirando en picada, el lecho cristalino de la quebrada La Salada.

Ya arriba, en el cerro queda un balcón con un estadero restaurante, donde el visitante puede almorzar y pasar un buen rato extasiándose con una panorámica en la que se combinan naturaleza y el paisaje urbano que es como un espejo de los tiempos esplendorosos de la colonización paisa.

Un programa ideal como para el día de llegada y así antojarse a ver de cerca sitios de valor natural o histórico en las jornadas siguientes.

Cualquiera sea el plan escogido, vale la pena aprovechar las horas del almuerzo para degustar un sabroso pescado --e inclusive sacarlo por sí mismo del agua-- en las trucheras de las veredas Quebrada Bonita y La Salada, o ir a alguno de los trapiches paneleros que existen en varias veredas.

Al final del paseo hay que pasar por la fábrica de dulces El Jardín, una industria familiar creada por Mariela Arango hace 13 años, tiempo durante el cual ha madurado la receta de unos 70 productos propios, entre chocolates, panderos, arequipes, y dulces de frutas y hasta de rosas.

Es un sitio ideal para el momento en que ya haya disfrutado de este Jardín y esté pensando en ¿qué llevo para la familia y los amigos?

La idea de la Alcaldía es posicionar a Jardín como marca, con el 'sello verde' y 'Carbono Cero', que le permita competir en el mercado turístico internacional.

Esto implica todo un plan de cuidado de las riquezas naturales y de adaptación de los procesos de la llamada industria sin chimeneas para que sean amigables con el medio ambiente.

Norberto Álvarez, el director de Turismo de Jardín, cuenta que llegan semanalmente 10 extranjeros en promedio. La semana pasada, por ejemplo, en pleno jueves, había una checa, seis estadounidenses, dos ingleses, dos argentinos. Es como una cadena en la que el que viene se admira y antoja a sus amigos.

Pueblo colonial

Desde el cerro Cristo Rey sobresalen las torres en aluminio del templo de La Inmaculada y el parque principal, ambos verdaderas joyas patrimoniales.

La Iglesia, de estilo semigótico, fue levantada a principios del siglo XX en piedra labrada a mano y con exquisitos detalles como sus arcos en oro de 18 kilates, sus campanas traídas de Hamburgo (Alemania), sus 12 ángeles custodios y sus monumentales puertas en hierro caldas.

Al parque El Libertador lo declararon Monumento Nacional en 1985. Inmenso y hospitalario como ninguno, con sus decenas de sillas en madera y cuero basto de vaca, cualquiera puede sentarse a tomar unos aguardientes o simplemente un tinto mientras admira los rosales que penden de los balcones en madera que lo circundan. Ceibas, madroños y guayacanes le dan sombra.

Norberto Álvarez, el director de Turismo de Jardín, cuenta que un día vino un funcionario italiano de turismo y se admiró porque "pocos pueblos del mundo tienen el parque de Jardín, que es como la sala de la casa, que no le cobran por sentarse".

Además, está el albergue Santa Ana, donde funciona el ancianato; el convento de clausura de las Hermanas Concepcionistas y el puente Pizano.

Otros bienes patrimoniales son el Teatro Municipal (en restauración), el cementerio, el Museo Santa Cruz y la Casa de la Cultura, en la que reposan las cenizas del escritor Manuel Mejía Vallejo.

Todo ese tesoro histórico entra en relación armoniosa con las riquezas naturales a través de caminos empedrados y puentes en madera que comunican el área central con las veredas de fincas y finca-hoteles donde el turista puede apreciar el proceso de beneficio del café.

Se destacan la vereda Macanas, que alberga la finca que inspiró la obra de Mejía Vallejo 'La casa de las dos palmas', y el resguardo Embera de Cristiana.

De ahí en adelante hay un largo etcétera de edificaciones con techos en teja, balcones amplios, pasamanos en madera, chambranas en hierro, pisos en barro pisado y paredes de tapia que hacen que Jardín parezca un villorrio colonia traído al presente.

Naturaleza en cantidades

Para los que se inclinan más por el disfrute de la naturaleza, Jardín posee un listado interminable de atractivos, empezando por sus ríos cristalinos, charcos, cascadas y por el paisaje, a pesar de que los invernaderos de tomate y curuba morada se interponen en algunos trechos de la panorámica.

El charco Corazón está en la vereda La Herrera, muy cerca del pueblo, y toma su nombre de las rocas que se asemejan a ese órgano vital.

El Salto del Ángel es una cascada de 50 metros de altura con forma similar a la de una figura celestial, de en la cumbre de la quebrada La Salada, a 5 kilómetros del casco urbano. Está encajonada entre rocas que forman una cueva de murciélagos.

La cueva del Esplendor, a dos horas del pueblo, es una bóveda de roca a 20 metros de profundidad por cuyo centro penetra, como taladrándola, un manantial cristalino y frío. En la caída del chorro los rayos de sol incidentes componen figuras de colores diversos.

NÉSTOR ALONSO LÓPEZ L.
Enviado Especial de EL TIEMPO
JARDÍN (SUROESTE ANTIOQUEÑO)

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