El maestro del cáncer de seno

El maestro del cáncer de seno

José Fernando Robledo Abad es considerado uno de los médicos que más sabe de esta enfermedad en el país. Cada año realiza entre 250 y 300 cirugías y sus pacientes curadas superan el 80 por ciento.

29 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

Su escritorio está lleno de animalitos de madera. Elefantes, jirafas, rinocerontes, camellos. A primera vista no parecen cuadrar con el entorno: un consultorio en orden, pocos muebles, paredes blancas y un médico de 1,90 de estatura, vestido con ropa de cirugía, rostro serio, sentado detrás del escritorio. Son las ocho de la mañana y, en el tercer piso del Centro de Enfermedades Mamarias, al norte de Bogotá, el doctor José Fernando Robledo ya ha tenido dos reuniones de trabajo y lo espera una cirugía en pocos minutos.

-Me los regalan mis pacientes -cuenta Robledo, sobre el origen de los animales-. Y la verdad es que me relaja mucho mirarlos.

Con 50 años cumplidos, es uno de los especialistas en cáncer de seno más reconocidos de Colombia. Varios de sus colegas, de hecho, lo definen como el médico que más sabe del tema en el país. Su primer contacto con pacientes oncológicos se dio en el Instituto de Cancerología, a donde llegó en 1983 para hacer una especialización en cirugía general. Estaba recién graduado de medicina de la Universidad del Rosario y, como experiencia, tenía el año rural cumplido en el Hospital Simón Bolívar. En el Instituto optó por especializarse en cirugía de cáncer de mama. Desde ese momento hasta hoy, ha dedicado cada uno de sus días al estudio y tratamiento de esta enfermedad.

Robledo sonríe cuando se le pregunta por qué es médico. Y dice:

-La razón es muy peculiar. Yo iba a ser ingeniero, pero un día estaba en la finca de mi papá y un trabajador se enfermó. Lo llevé a un hospital y, mientras esperaba, vi el movimiento del servicio de urgencias. Me pareció apasionante. Decidí que quería hacer eso. Fue algo emotivo y apartado de la realidad, porque la medicina no es así. Pero yo tenía 17 años. Así es como uno se casa y tiene hijos... Son razones del corazón más que de la mente.

Robledo Abad nació en Manizales y a los tres años llegó a Bogotá con su familia. Todo su tiempo de colegio lo vivió en el San Carlos y allí se graduó en 1976. En esos años intentó con los deportes y alcanzó a formar parte de la selección de voleibol del colegio. Pero, a pesar de su estatura de casi dos metros, no resultó nada bueno para esas lides. La coordinación de sus manos es mucho más efectiva en el quirófano. En su paso por la Universidad del Rosario también dejó su sello: "Nunca daba nada por hecho y siempre investigó más allá de las razones que sus profesores esgrimían", dijo de él la doctora Claudia Ramírez.

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En el Instituto de Cancerología Robledo contó con la suerte de ver nacer y participar del grupo especializado en cáncer de seno que, de hecho, llegó a ser la principal fortaleza de esa entidad. "Era el único servicio organizado de patología mamaria que existía en el país", dice. También ha presenciado de primera mano los avances dados en el tratamiento. A principios de los años 80, cuando él empezó su ejercicio médico, las mujeres no tenían diagnósticos oportunos, los medicamentos eran escasos e, incluso, se le daba poco crédito al uso de la mamografía. "Se pensaba que el cáncer que no se palpara no existía -cuenta-. Hoy es todo lo contrario: estamos detectando tumores cuando están lejos de ser palpables con las manos".

-¿Usted también realiza la parte reconstructiva de la cirugía?

-Sí, en eso soy un cirujano que se sale un poco de lo habitual. La mayoría de cirujanos no hacen la parte reconstructiva, a pesar de tener la formación para hacerlo. Yo aprendí las técnicas y la realizó, acompañado de un equipo de especialistas en cirugía plástica que enriquece el resultado.

María Sofía Pedraza es la cirujana plástica que lo acompaña en el quirófano desde hace diez años. Ambos practican el trabajo reconstructivo de forma inmediata, tras la mastectomía, y así reducen el impacto en las pacientes. "José Fernando es un cirujano bastante versátil -afirma Pedraza-. Es un profesional en todos los sentidos".

La cirugía de mama ha vivido una transformación increíble que Robledo también ha acompañado. "La que se hacía en 1980 era prácticamente la misma del siglo XIX -cuenta-. Eran mastectomías mutilantes. Entre los médicos se tenía la idea de que debía retirarse el tumor de la forma más radical posible. Incluso se pensaba que la reconstructiva era imprudente porque podía ocultar una eventual reaparición del cáncer". Hoy en día, la cirugía puede no dejar huellas.

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-¿Cómo afronta la tarea de anunciar un cáncer a sus pacientes?

-El hecho de tener un entrenamiento que me permite ofrecer soluciones, me ayuda a contrastar la mala noticia con la esperanza  -responde José Fernando Robledo-. Cuando tengo una paciente a la que debo contarle que tiene cáncer, hago ese ejercicio: hablar lo menos posible de la mala noticia y más de las soluciones y las posibilidades de controlar la situación. Eso marca desde el inicio una buena relación con los pacientes.

De todas maneras él sabe que hay casos que no tienen solución, o por lo menos la solución que quisiera darle. Aún así, Robledo siempre les insiste a sus pacientes que no anticipen lo negativo ni supongan situaciones que no han sucedido. "El sufrimiento grande que genera el cáncer está centrado en lo que puede llegar a pasar -afirma-. Me voy a morir, voy a tener dolor, voy a perder facultades. Mientras eso no ocurra, no hay que pensarlo. Uno lo entiende bien cuando tiene hijos porque es algo muy semejante. Está esa angustia de que los van a robar, que se van a estrellar... No tiene ningún sentido anticipar tragedias".

-Pero no será sencillo enfocarse solo en la solución.

-No lo es -dice Robledo-. Yo veo dramas terribles todos los días. Cada paciente tiene un drama que no solo la afecta a ella, sino a su familia. La mujer piensa que se va a morir, que va a dejar solos a sus hijos, que no los va a ver crecer. Pero la verdad es que las posibilidades de curación son muy altas. Incluso creo que existen enfermedades más graves. Lo que pasa es que hay un estigma respecto al cáncer y, particularmente, el de mama es una patología muy publicitada".

-En alguna ocasión el oncólogo Carlos Castro, ex director del Cancerológico, dijo que el cáncer vuelve mejores a las personas. ¿Lo cree así?

-Tener la vida en riesgo, de alguna forma, es una experiencia transformadora -afirma Robledo-. Un diagnóstico de cáncer te hace reflexionar sobre la vida y valorarla, sin lugar a dudas. He visto a hijos que reconocen el valor de sus madres en esos momentos. Pero también he visto experiencias traumáticas. Hay matrimonios que explotan con esta situación, y en el momento menos oportuno. Mujeres que se quedan solas porque los hombres no toleran el diagnóstico y las dejan abandonadas en la mitad del río. Necesariamente este tema pasa por tocar las fibras más sensibles de las personas. Nadie transita este camino del cáncer sin hacerse cuestionamientos.

Hay un tema más en el que José Fernando Robledo se diferencia de buena parte de sus colegas: sin reserva alguna, él aconseja a sus pacientes acudir a la medicina homeopática y bioenergética, también a la acupuntura, como complemento de los tratamientos alopáticos. Los anima a que busquen esta alternativa desde el primer momento del diagnóstico y está convencido de que a muchos les ha resultado un apoyo fundamental. El médico Santiago Rojas, experto en bioenergética, fue quien lo introdujo en el conocimiento de esta medicina. "José Fernando es tan humano y tan profesional como el tamaño que tiene -comenta Santiago Rojas-. Dentro de esa cara seria, hay un gran personaje que se ocupa de lo científico, lo técnico y lo humano en los pacientes". 

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Robledo no viene de una estirpe de médicos, solo tiene un hermano ortopedista y un tío lejano que fue anatomista. Su familia, dice, es un completo matriarcado: esposa, tres hijas y una perra. A ellas se entrega los fines de semana, tiempo en el que trata de no pensar en el trabajo y convertirse en otra persona: un campesino. Tiene una finca cercana donde busca que sus pensamientos se concentren en las vacas,  los caballos y los potreros. También suele tocar guitarra y cantar. Según sus amigos, no lo hace nada mal. "Las canciones de Serrat le salen muy bien", cuenta María Sofía Pedraza, que lo conoce desde tiempos de universidad. Sin embargo, por más que lo intente con diversas actividades, a Robledo le resulta difícil abstraerse totalmente de su oficio. "Es un trabajo muy absorbente", dice. Realiza entre 250 y 300 cirugías al año. Unas 25 cada mes.

-¿Ese ritmo le exige alguna preparación física, un cuidado especial?

-No tanto. Hago ejercicio diario, gimnasia y aeróbicos en las mañanas. Nada más. Las cirugías duran entre dos y cuatro horas y ya estoy acostumbrado a ese ritmo. Eso sí, me cuido de no practicar deportes de alto riesgo y evito correr riesgos innecesarios. Valoro mucho mis ojos y mis manos.

Según los cálculos que maneja, en Colombia se registran 5.500 casos nuevos de cáncer de mama al año. Y la cifra puede ser más alta. "Como diagnóstico inicial genera un impacto grande -afirma-. Pero hoy las mujeres afectadas sobreviven mucho tiempo, tienen una vida normal, sin secuelas graves". Robledo ha llevado un registro de sus pacientes durante sus veinte años de trabajo. El balance: casi el 80 por ciento están vivas y bien. "Lo que pasa es que, en cáncer, los casos exitosos suelen ser invisibles". 

Por María Paulina Ortiz

Foto: Federico Puyo / Producción Paula Sanmiguel

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