Mi primera Carrera de la Mujer... ¿debut y despedida?

Mi primera Carrera de la Mujer... ¿debut y despedida?

Jenny Gámez, editora de Deportes de ADN, relata su participación en la prueba.

27 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

Poco sueño, comida mexicana, desprevenido proceso de hidratación, desconocimiento del trazado y por lo tanto ignorancia absoluta respecto de la exigencia de la prueba. Tanta improvisación tenía que acabar pagándose en la carretera.

Pero extrañamente, nunca lo vi venir. Con el entusiasmo propio de las 15.923 mujeres que llegaron ayer al Parque Simón Bolívar, me sentí con energía suficiente para hacer dos prácticas de calentamiento bajo un sol intenso. ¿Demasiado? Bailando todo parece más fácil así que no le di mucha importancia.

Pasaron las señoras y las niñas, las mamás con sus bebés -con embestida permanente de coches a quienes intentábamos calentar- y finalmente, sobre el medio día, se oyó la orden de pasar a la línea de salida. De las favoritas, Yolanda Fernández, Martha Roncería y compañía, apenas supimos por los globos rosados que nos informaron que ya habían partido. Pero no nos afanamos: había bloqueador social y brillo para los labios en cantidades industriales y grupos de amigas más preocupadas por tomarse fotos que por el carro que premiaba a la mejor de la jornada. "Que no se preocupe Yolanda por mí", se escuchó en la línea de salida donde todas, aún, sonreíamos.

Y salimos. Yo intentaba encontrar un carril seguro y luchaba con el monitor que me alertaba sobre el aumento de mi frecuencia cardiaca. Corría junto a un grupo de animadas señoras cuando empezaron a pasar motos por nuestra izquierda. No llegábamos todavía al kilómetro 2 cuando una delgada figura, con camiseta de Porvenir (luego supimos que era Yolanda Fernández), nos pasaba sin mirarnos. "Nos pusieron el ritmo chicas, vamos pues", advirtió una de mis compañeras. Y yo que todavía no terminaba de preguntarme qué diablos estaba haciendo ahí... Lo cierto es que pasó Fernández y muchas nos asomamos solo para verificar que no fuera montada en una de las motos... ¡qué ritmo devastador el que llevaba!

Hicimos la primera vuelta y yo seguía preguntándome qué extensión tenía el trayecto de la avenida 68 -podría jurar que el puente peatonal lo corrían en cada vuelta-, que me había producido entonces mi primer dolor: en los gemelos.

Partí para la segunda vuelta y con la tranquilidad que me daba mi monitor cardiaco -no superaba los 140 latidos- me sentí fuerte. Y me llegó una inyección de motivación que no esperaba. El señor de barba en la salida a la carrera 50, la familia de la carpa unos metros más adelante, los ciclistas con uniforme Olympus y el grupo de scouts que apoyaba a las niñas que iban junto a mí gritaron tantas veces "vamos niñas que sí se puede", "corran que la Fernández acaba de pasar" -nos había pasado ya dos veces y a esas alturas estaría recibiendo las llaves del carro que se ganó-, "no desmayen", que me contagié y me sentí más fuerte al final de mi segunda vuelta.

Llevaba 8 kilómetros, más de lo que esperaba. Pero fui por 4 más. Craso error. No había terminado mi kilómetro número 10 cuando el cuerpo y la mente se cansaron: me costaba levantar los pies del suelo, ya no estaban 'mis fans' para alentarme y mi único acompañante me advertía que no corriera más. ¿Por qué no lo escuché?  Lo cierto es que el dolor de las piernas se hizo más intenso... ¿A dónde se habían llevado el aviso del kilómetro 2?

Sentía que un viejo dolor de la cintura reaparecía pero para consolarme me decía que seguro estaba superándolo. Sospecho que en realidad se acentuaba. Me dolían el estómago y la cabeza, llovía y ese bendito puede de la avenida 68 seguía corriéndose. Y ahí, a menos de un kilómetro de la llegada, un señor nos gritó: "con estilo niñas, con estilo". ¿Estilo? ¡Si un milagro de la naturaleza hacía que yo moviera los pies! ¿Cuál estilo? Pero al final le hice caso, me enderecé y lo logré. Me dolían hasta las uñas pero terminé. Lo hice ¡una hora y siete minutos después que la campeona!

Pero cuando mi mamá me llamó a decirme que me vio por televisión y que lucía "super fresca" todo dejó de importarme. Corrí 12 kilómetros que no repetiré nunca sin la debida preparación. Y, a pesar de mi cansancio, soy una de esas 15.923 atletas que hoy tienen una razón más sonreír.


JENNY GÁMEZ
ADN
jengam@eltiempo.com.co

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