Cambio climático, ¡ Es hora de actuar!: José Manuel Barroso

Cambio climático, ¡ Es hora de actuar!: José Manuel Barroso

En el camino hacia la cumbre de Copenhague, en diciembre, el Presidente de la Comisión Europea señaló los desafíos que conlleva el cambio climático. EL TIEMPO reproduce el texto íntegro.

22 de septiembre 2009 , 12:00 a. m.

El cambio climático se está produciendo más rápidamente de lo que creíamos hace solamente dos años. Si continuamos sin cambiar nuestros hábitos nos veremos abocados, casi con certeza, a un cambio climático peligroso, quizás catastrófico, durante el curso de este siglo. Este es el desafío más importante para la actual generación de políticos.

De ahí mi preocupación por las perspectivas de la Cumbre de Copenhague, en diciembre próximo. Las negociaciones en este momento amenazan peligrosamente con estancarse y esto puede ser mucho más que una simple complicación que podríamos solucionar el próximo año. Se corre el riesgo de que las negociaciones fracasen en un clima de enfrentamiento que tal vez provoque una fractura entre los países desarrollados y países en desarrollo. Y en este momento el mundo no puede permitirse un resultado tan desastroso.

Por eso confío en que esta semana, cuando en Nueva York y Pittsburgh nos reunamos los líderes mundiales y contemplemos el abismo que se abre ante nuestros pies, lleguemos juntos a la conclusión de que tenemos que hacer avanzar las negociaciones.

No es el momento de jugar al póker. Es hora de poner ofertas en la mesa; ofertas que lleguen al límite de nuestras posibilidades políticas. Eso es exactamente lo que Europa ha hecho y continuará haciendo.

Parte de la respuesta radica en identificar la base del compromiso que nos pueda llevar a un resultado positivo, y considero que es precisamente ahí que el encuentro de los líderes mundiales en Nueva York puede hacer la diferencia.

En primer lugar hace falta que todos los países desarrollados aclaren sus planes sobre la reducción de emisiones a mediano plazo, mostrando el liderazgo necesario, y que esto por lo menos esté en consonancia con nuestra responsabilidad por las emisiones del pasado. Si queremos lograr por lo menos una reducción del 80 % antes del 2050, los países desarrollados deben lograr necesariamente reducciones colectivas de entre 25 % y 40 % antes del 2020. La UE está dispuesta a pasar del 20 % al 30 % si otros países hacen esfuerzos comparables.

En segundo lugar, los países desarrollados deben admitir desde ahora explícitamente que todos tendrán que desempeñar un papel importante en la financiación de las medidas de mitigación y adaptación de los países en desarrollo.

Calculamos que antes del 2020, los países en desarrollo necesitarán aproximadamente 100 mil millones de euros (150 mil millones de dólares) más por año para abordar el cambio climático. Una parte será financiada por los propios países en desarrollo económicamente más avanzados. Pero la mayor parte debería proceder del mercado del carbono, en la medida en que tengamos la audacia de crear un esquema global de comercialización ambicioso.

Ahora, bien, otra parte deberá financiarse mediante transferencias de los países desarrollados a los países en desarrollo que podrían estar anualmente entre 22 mil y 50 mil millones de euros (30.000 a 70.000 millones de dólares) antes de 2020. Casi la mitad de este monto deberá ser empleado para apoyar acciones que contribuyan a la adaptación, priorizando los países más vulnerables y pobres.

Dependiendo del resultado de las negociaciones sobre la repartición de esta carga a nivel internacional, la parte de la UE podría aportar de entre  10 % y  30 %, es decir, hasta 15 mil millones de euros (22 mil millones de dólares) anuales. Dicho de otro modo, tenemos que estar dispuestos a contribuir de forma importante a mediano plazo y también a considerar a corto plazo, tal vez ya a partir del año próximo, la financiación de «arranque» para los países en desarrollo. Me anima la perspectiva de discutir sobre este tema con los líderes de la UE cuando nos encontremos a finales de octubre.

Así pues, necesitamos mostrar que estamos dispuestos a tratar las cuestiones financieras esta semana. A cambio, los países en desarrollo, al menos los más avanzados económicamente, tienen que brindar mucho más claridad sobre lo que están dispuestos a hacer para atenuar sus emisiones de carbono como parte de un acuerdo internacional. Y si bien están estableciendo ya medidas nacionales para limitar las emisiones de carbono, obviamente necesitan intensificar tales esfuerzos, particularmente los países en desarrollo más avanzados. Por otra parte, insisten comprensiblemente, en que, según lo acordado en Bali, la disponibilidad del recurso financiero para el carbono por parte del mundo rico es un requisito previo para sus medidas de atenuación. Pero el mundo desarrollado no tendrá nada que financiar si no hay ningún compromiso respecto a tal acción.

Tenemos menos de 80 días antes de ir a Copenhague. Desde la reunión de Bonn, el mes pasado, el texto del proyecto tiene unas 250 páginas: una profusión de opciones alternativas, un sin número de corchetes. Si no lo arreglamos, corre el riesgo de convertirse en la carta de suicidio más larga y global de la historia.

Esta semana en Nueva York y Pittsburgh promete ser crucial: revelará cuán dispuestos están los líderes globales en invertir en estas negociaciones para lograr un resultado positivo. La opción es simple: sin dinero, no hay acuerdo. Pero a la vez ¡sin acción, no hay dinero!

Copenhague es probablemente la última oportunidad de influir, colectivamente, en la trayectoria de las emisiones, para que el calentamiento del planeta se mantenga por debajo de 2 º C. Así que el contraataque tiene que comenzar esta semana en Nueva York.

Por: José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión Europea.

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