Estados Unidos desperdicia cada año 50 millones de toneladas de comida.

Estados Unidos desperdicia cada año 50 millones de toneladas de comida.

Esto, mientras la ONU informa que más de 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo. Crónica del despilfarro en una cafetería universitaria.

18 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

Si una de los mil millones de personas que padecen hambre en el mundo estuviera durante 15 minutos en una de las cuatro cafeterías de la Universidad de Delaware, probablemente se indignaría al ver cómo decenas de manzanas, porciones de pizzas, paellas recién servidas, ensaladas de pollo y carnes al carbón terminan en la basura sin un mordisco ni una cucharada ni alguna aparente señal de descomposición.

Para muchos de los estudiantes de esta universidad, ubicada en el segundo estado más pequeño del país, unas libras más o menos de comida no hacen la diferencia. Si algo no les gusta o si a su apetito se le antoja algo a última hora, pueden elegir cualquier otro plato entre el amplio bufé que les ofrece el dining hall. Con solo deslizar su carné universitario en la máquina registradora tienen barra abierta.

Aquí, una que otra bolsa diaria de basura 'comestible' pasa inadvertida, pero, al sumar los desperdicios de los hogares, las universidades, los restaurantes y los supermercados, lo que se forma es una montaña de casi 50 millones de toneladas de alimentos desperdiciados anualmente en todo el país, según cifras del Departamento de Agricultura. Todo esto equivale al 30 por ciento de la producción comestible total de esta nación en un año. Investigaciones más pesimistas como la realizada por la Universidad de Arizona aseguran que por cada libra de comida en buen estado, otra libra más termina en la basura, mientras un estudio de la Agencia de Protección Ambiental estima en 30 millones las toneladas desechadas.

El ciclo del desperdicio se inicia en la caja registradora. Estoy sentada allí a las 4:45 de la tarde de un sábado de primavera y aguardo un desfile de universitarios que iniciará en 15 minutos y terminará pasadas las 7:30 de la noche.

Tras deslizar sus carnés, caminan hacia el mostrador detrás del cual Tanya, de Rusia, y Carolyne, estadounidense, les sirven comida en sus platos. El menú es casi el mismo de siempre: albóndigas en salsa de tomate, mogollas de pan, verduras hervidas, carne o pollo guisado, arroz y pastel de espinaca. Más adelante, la afroamericana Lucil prepara el platillo especial de la noche, que puede variar entre arroces, tacos, hamburguesas y asados. Las barras de ensaladas, pizzas y espaguetis, así como los dispensadores de bebidas, casi todas gaseosas, están esperando ser consumidas, o podría también decirse, desperdiciadas.

Durante la semana, cuando no tengo que vaciar el líquido de los vasos en el triturador de alimentos, o cuando no soy la cajera, ocupo el puesto de Tanya o Carolyne para servir la comida. Algunos estudiantes son comedidos y saben decir: "Así es suficiente, por favor", mientras que a otros, a la hora del brunch -la comida que combina el desayuno y el almuerzo los fines de semana-, se les van los ojos en un abismal plato con huevos, tocino, pancakes y papas horneadas que obviamente termina superando su apetito.

El despilfarro no es sólo cuestión de esta cafetería ni de esta universidad con 16 mil estudiantes de pregrado y 3.500 de posgrado, y con hasta 506 toneladas de alimentos desperdiciados en un año, según estadísticas de la misma institución para medir su impacto negativo en el medio ambiente. Un estudio realizado por la fundación Inform, que busca generar prácticas ecológicas, revela que los cerca de 14 millones de estudiantes, matriculados en más de tres mil universidades, producen anualmente 3,6 millones de toneladas de desperdicios, que representan el 2 por ciento de la basura total del país. De esas toneladas, se estima que entre el 10 por ciento y el 20 por ciento equivalen a comida.

El 'Rodney', una de las principales cafeterías de la universidad, recibe a diario casi a cinco mil comensales. Y si bien desde el año pasado la institución ha tratado de disminuir la cultura de la basura al retirar alrededor de 3.500 bandejas, para forzar a los comensales a ser más selectivos con lo que llevarán a la mesa, en vez de apilar comida sin ser conscientes de si podrán comérsela toda , el despilfarro continúa.

Al igual que la de Delaware, por lo menos el 60 por ciento de las 500 universidades que encargan sus servicios de comida a Aramark le ha seguido la recomendación a esta organización, una de las dos más grandes del sector, de abolir el uso de bandejas como mecanismo para disminuir el sobreconsumo. A pesar de que el proyecto piloto en 25 instituciones evitó que 11.505 libras de comida se convirtieran en desperdicios, no es suficiente.

Estudiantes como Maddy Wright, de 18 años, aseguran que la clave está en pensar dos veces antes de elegir: "En realidad no es un gran problema. Sólo tienes que pensar bien lo que comerás", manifiesta en un artículo publicado por The News Journal, el periódico local. Sin embargo, los comensales siguen teniendo el ojo más grande que la barriga. He visto cómo hacen todo tipo de maromas para llevar a la mesa sus exagerados platos, y son muchos los alimentos que terminan en el piso.

Owen Smith, quien hasta el semestre pasado era estudiante de la Universidad de Delaware, creó en Facebook un grupo que, traducido al español, se denominaría 'Protesta por la iniciativa de cero bandejas en los comedores', para manifestar que, con el argumento de contribuir con el ambiente sacando de circulación las piezas plásticas, se da por hecho que se usará menos agua y electricidad, sin tener en cuenta que esas cantidades son mínimas en comparación con otros usos que se les da dentro del campus.

TATIANA VELÁSQUEZ
Para EL TIEMPO
Delaware, Estados Unidos

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