Colombia 'enterrará' los bombillos clásicos en enero de 2011

Colombia 'enterrará' los bombillos clásicos en enero de 2011

Tras 130 años de uso, el foco o la ampolleta, como se conoce en otros países de América Latina, es una especie en vías de extinción. Los 'ahorradores' se imponen en todo el mundo.

12 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

Hace 130 años, Thomas Alva Edison desarrolló el primer bombillo de luz incandescente comercialmente viable. Para hacerlo recogió los conocimientos de varios científicos que habían logrado pruebas exitosas en laboratorio, pero el mérito del llamado 'Mago de Menlo Park', autor de más de 1.000 inventos, fue que, tras probar más de un millar de filamentos de distintos materiales, logró dar con uno que no se quemaba en cuestión de minutos. Su primer modelo tenía 48 horas de vida útil, con un brillo equivalente al de 10 bujías.

La historia es que hoy este invento que está en todas las casas, y al que la revista Life calificó en su momento como el segundo más útil del siglo XIX, tiene los días contados, por razones de economía y ecología.

Hace 15 días, entró en vigencia en todo el territorio de la Unión Europea una norma -aprobada en el 2008- que prohíbe la fabricación y distribución de bombillos incandescentes de 100 vatios, por lo que estos pasarán a la historia cuando se agoten las existencias que hoy hay en los supermercados de los 27 países que conforman ese bloque.

En septiembre de 2010 será el turno de los de 75 vatios; al año siguiente saldrán los de 60 y en 2012 los de 40 y 25 vatios, con lo cual la UE habrá erradicado totalmente el invento de Alva Edison en 3 años.

China también camina con paso firme por este sendero. Desde abril del año pasado, el gobierno central ofrece un subsidio del 50 por ciento a las compras al detal de bombillos ahorradores. Para enero de este año, 62 millones de unidades habían sido vendidas gracias a este programa.

En América Latina, Cuba ha sido pionera. En el marco de una revolución energética que comenzó en el 2006, en la isla ya se cambiaron casi todos los bombillos tradicionales por fluorescentes ahorradores. Y no sólo para economizar y luchar contra el cambio climático, sino también para evitar un racionamiento en La Habana y otras ciudades importantes.

Venezuela copió el programa cubano y no sólo ha regalado 53 millones de bombillos economizadores a sus ciudadanos, sino también varios millones más a países del llamado Alba: Alternativa Bolivariana para las Américas. Según estadísticas oficiales, en 5 de los 6 millones de hogares venezolanos ya hay los nuevos bombillos, lo que ha permitido el ahorro de 2.300 megavatios.

En Colombia, el bombillo incandescente ya tiene su 'fecha de defunción'.

El programa nacional en este sentido comenzó en el 2007, cuando se expidió una resolución que obligaba a todos los edificios públicos a sustituirlos. Desde entonces, el tema ha venido avanzando a 'cuentagotas', aunque con una certeza: y es que los bombillos incandescentes, que se vieron por primera vez en 1907 para iluminar un kilómetro de la carrera Séptima, y que son usados intensivamente en época navideña, sólo se comercializarán hasta diciembre del 2010.

Esto quiere decir que les quedan sólo 15 meses de vida en Colombia, como consta en el Decreto 3450, que indica que "a partir del primero de enero del 2011, no se permitirá la importación, comercialización y utilización de fuentes de baja eficacia lumínica".

Será necesario cambiar cerca de 48 millones de bombillos, principalmente de hogares de estratos bajos, pues los de clase media y alta ya están descubriendo el impacto en la factura de la energía.

Vida útil más larga

Detrás de este gran cambio hay sólidos argumentos. Cálculos de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), adscrita al Ministerio de Minas y Energía, indican que si cada uno de los 8 millones de hogares nacionales tuviera prácticas de Uso racional de la energía (URE) y usara bombillos fluorescentes economizadores, el ahorro anual de la nación sería cercano a los 950 mil millones de pesos.

Esto equivaldría a dejar de quemar cerca de 47.000 toneladas de carbón diariamente en una termoeléctrica como la de Termotasajero (Norte de Santander), proceso que genera emisiones de dióxido de carbono y de otros gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.

Los bombillos ahorradores, aunque son más costosos, tienen una vida útil cuatro o cinco veces más larga. Se podría decir que habría que comprar 10 incandescentes, antes de que la vida útil de un fluorescente compacto termine. Además, no emiten tanto calor y entregan la misma iluminación (hay de luz blanca y luz amarilla) consumiendo sólo un cuarto de la energía.

En pocas palabras, si una factura mensual llega a una vivienda usualmente por 50 mil pesos, luego de instalar bombillos ahorradores esta podría bajar a la mitad. La Universidad Nacional indica que los costos de iluminar la sala de un hogar durante 10 años ascienden a un millón 270 mil pesos con los incandescentes. Ese montó se reduciría a 357 mil pesos con los ahorradores y en el mismo lapso.

Solamente el 10 por ciento de la electricidad que utilizan los bombillos tradicionales sirve para dar luz; el 90 por ciento restante se va en calor.

Andrés Taboada, director de energía del Minminas, indicó que el país le pedirá al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) financiación para subsidiar la modificación de la iluminación de las viviendas de estratos uno, dos y tres.

Esto ya está muy adelantado en Boyacá, Santander, Nariño y Bogotá, donde incluso, según la Secretaría de la Movilidad, avanza un plan para que 1.800 semáforos, el 14 por ciento del total, usen luminarias que consuman menos energía.

Al margen de estos esfuerzos puntuales, el cambio de bombillas en Colombia tendría que ir acompañado, según Taboada, de un plan de recolección, tanto de las bombillas clásicas como de las ahorradoras que dejen de funcionar. Él da en el blanco de un tema que le dio la vuelta al mundo el año pasado, relacionado con un estudio de la Agencia Británica del Medio Ambiente que concluyó que los bombillos fluorescentes tienen pequeñas cantidades de mercurio que en caso de rotura y contacto con la piel o inhalación podrían llegar a ser nocivos para la salud.

Al margen de esta polémica, lo cierto es que el planeta ya le apostó al cambio y a las ventajas de los fluorecentes compactos y que el 'luchado' invento de Edison y uno de los grandes aliados de la comodidad humana, comenzará a ser una nueva reliquia, como las cartas o el disco de vinilo, y dentro de poco quedará reducido a una mercancía de anticuarios.

Más caras, pero el ahorro es enorme

Mucha gente desecha la posibilidad de apostarles a los bombillos ahorradores por su precio. Cuando los vecinos de un edificio del barrio Quinta Camacho, en Bogotá, supieron que cambiar los 16 bombillos de sus áreas comunes les costaría alrededor de 160.000 pesos, varios de los vecinos 'pusieron el grito en el cielo'.

Pero la decisión finalmente se aprobó en la Junta de Copropietarios y pronto la comunidad vio las ventajas de la inversión que se hizo, pues la factura de energía cayó de 75.000 pesos mensuales a sólo 35.000, con lo cual, en cuatro meses la inversión se pagó sola con el ahorro conseguido, y con la ventaja de que un bombillo ahorrador puede durar dos años o más.

Los Led, el próximo gran salto

Aunque los bombillos fluorescentes son vistos hoy como la solución, ya hay una tecnología rival. Su nombre es LED (sigla de Light Emitting Diode). Los LED están presentes en los semáforos modernos, en algunas linternas y celulares y ahora varias empresas los promueven como reemplazo de los bombillos en hogares y oficinas.

Los LED consumen todavía menos energía que los de ahorro fluorescentes, pues mientras estos últimos consumen de un 20 a 30 por ciento de la energía que se iría con una bombilla clásica incandescente, los LED gastan menos del 15 por ciento de lo que requiere un incandescente.

Y además de que los LED son más pequeños y luminosos, duran unas 50.000 horas: los clásicos duran entre 750 y 1.000 horas y los ahorradores actuales entre 6.000 y 15.000 horas. Pero los LED tienen otra ventaja importante: son más ecológicos, ya que a diferencia de los fluorescentes y de los incandescentes, no contienen mercurio, algo clave a la hora de desecharlos.

El 'pero' es que, de momento, son más costosos, ya que su precio suele ser 5 a 10 veces más alto que el de un ahorrador fluorescente (dependiendo de los vatios). Por eso se espera que su masificación tome tiempo. Aunque por su ahorro en consumo de energía y durabilidad mucha gente considera que ya salen totalmente a cuenta.

JAVIER SILVA HERRERA
REDACCIÓN VIDA DE HOY

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