Ciclista Martín Ramírez recuerda cómo ganó el Tour de l'Avenir en 1985

Ciclista Martín Ramírez recuerda cómo ganó el Tour de l'Avenir en 1985

El trabajo en equipo y una bicicleta prestada le sirvieron para llegar al podio en competencia, cuya edición de este año comenzó el sábado.

05 de septiembre 2009 , 12:00 a.m.

El 16 de septiembre de 1985, Martín Ramírez se bajó de su bicicleta luego de recorrer los 85 kilómetros de la última etapa del Tour de l'Avenir, disputada entre Mauvezin y Plaisance du Touch. Segundos antes, el 'Negro', como le dicen en el pelotón, había levantado los brazos celebrando el título en esa carrera.

Con la camiseta amarilla, que identifica al líder de la carrera, pegada al cuerpo por el sudor y su rostro cansado por el esfuerzo, a Ramírez lo rodeó mucha gente que lo quiso felicitar por su victoria. En medio del tumulto, vio que Héctor Urrego, periodista de RCN Radio, se le acercó, le puso los audífonos y le entregó un micrófono. No podía oír bien, pues la bulla no lo dejaba, pero el ciclista del equipo Café de Colombia-Varta alcanzó a escuchar una frase: "Martín, habla con su Presidente". Al otro lado de la línea estaba Belisario Betancur, entonces primer mandatario de los colombianos, quien lo felicitó por la victoria, la segunda para el país, en esa carrera. De inmediato, Ramírez se acordó de que las cuotas de la casa adjudicada por el Inscredial (Fondo de empleados para ahorro y vivienda) un año antes como premio a su triunfo en el Dauphiné Libéré, otra carrera francesa, eran difíciles de pagar. Sin pensarlo dos veces, le pidió al Presidente que intercediera para que él no tuviera que seguir pagándola.

"Le agradecí el saludo y me la jugué. La casa no me la regalaron, sólo me la adjudicaron y yo pagaba como 90.000 pesos de cuota, más o menos como 1,5 millones de pesos de hoy. Le dije que me daba pena, pero como con él nunca se podía hablar, pues le pedía que me ayudara con lo de la casa. Me contestó que no había ningún problema", recuerda hoy, 24 años después, Ramírez. "Me quité los audífonos que me habían puesto y hasta dudé de la promesa". Cuando llegó al Aeropuerto Eldorado de Bogotá, lo abordó un funcionario del Inscredial y le dijo que fuera al día siguiente a la oficina para arreglar todo.

Aún cansado por el viaje, la celebración y el desfile en Bogotá, Martín cumplió la cita. "Lo que pactamos fue que yo les hacía unas propagandas para televisión y ellos me pagaban la deuda de la casa. No hay duda, fue el mejor premio por ese triunfo", asegura.

Ese fue el final feliz que vivió el ciclismo colombiano por segunda vez en el Tour de l'Avenir, prueba que ayer empezó a rodar de nuevo con seis pedalistas colombianos que esperan igualar la hazaña conseguida por el 'Negro' y que cinco años antes que él había logrado Alfonso Flórez (q.e.p.d.).

Pero obtener ese título en la segunda competencia más importante del ciclismo de ruta en Francia no fue fácil. Cinco meses antes, Martín Ramírez pidió una reunión con el cuerpo técnico del equipo. Solicitó que lo dejaran prepararse específicamente para la segunda parte de la temporada, para intentar ganar en la ruta de los Mundiales de Ciclismo, la Coors Classic estadounidense y el Tour de l'Avenir. "No me importaba el Tour de Francia", dice ahora.

¿Por qué? La decisión la tomó, pues un año antes había padecido un via crucis en el Tour de Francia. Incluso, por la falta de fuerzas, se retiró un día antes del triunfo de Luis Herrera en la etapa de Alpe d'Huez.

No quería fracasar de nuevo. Ese recuerdo de piernas pesadas y pulmones sin aire lo atormentaba. Quería ser campeón. Quería estar en la cresta del podio. Quería levantar los brazos, beber champaña y empaparse de ella. Raúl Mesa, su técnico, aceptó la propuesta.

La carrera, a las carreras

La mayoría del equipo Café de Colombia-Varta terminó su participación en los Campeonatos Mundiales de Milán (Italia) de 1985 y, de inmediato, se embarcó en un bus gigante y viajó durante 16 horas hasta Castelsarrazin (Francia), el sitio de salida.

Ramírez y sus compañeros llegaron 12 horas antes de que Juan Carlos Castillo (q.e.p.d.) partiera en el prólogo de 4,7 kilómetros en terreno plano. Martín, quien era el 'Capo' del equipo para intentar el título, no recuerda en qué posición terminó esa vez (perdió 36 segundos con el ganador, el francés Thierry Marie), pero sí tiene claro que el primer triunfo de etapa de Édgar 'Condorito' Corredor fue el mejor aliciente para todos.

"Fue inesperado, pues era la primera etapa y era plana. Ese triunfo nos sirvió para que nos diéramos cuenta de que ir por el título no era una idea descabellada. Y comenzamos a trabajar para conseguirlo", evocó Ramírez, sentado en una silla del comedor de su pequeño apartamento, en el norte de Bogotá.

En su cabeza se reconstruía el plan que lo llevó al título. "Los rivales nos miraban de reojo. Nunca nos perdieron de vista en el lote, pues en esa época la prueba era larga y montañosa y, a medida que yo ganaba puestos en la clasificación general, esperaba los días decisivos, los de las etapas de alta montaña para lanzar mi ataque".

Sin embargo, en la antesala de ese golpe, Antonio 'Tomate' Agudelo, otro de sus compañeros de equipo, lanzó un asalto que estremeció al pelotón. Ganó en Guzet-Neige, luego de recorrer 143 kilómetros de asfalto. "Fue un excelente preámbulo. Esa noche, después de la victoria de 'Tomate' y antes de la etapa que estábamos esperando para mí, Mesa nos reunió y planeamos el ataque".

La jornada se disputó entre Saint-Girons-Superbagneres.
"Cuando comenzó la subida, agitamos el grupo, lo movimos. Castillo, Agudelo y Corredor apuraron la marcha y se encargaron de ponerle un paso fuerte para desgastar a los franceses Eric Salomón y Jean Francois Bernard, y al español Pedro Muñoz, quienes eran los candidatos al título", anota Martín, quien no asomó la cabeza en los primeros lugares del pelotón, para guardar su fuerza para el comienzo del último premio de montaña. Cada ciclista colombiano tenía un rival a quien marcar. A Ramírez le tocaba estar pendiente de Bernard, Salomón y Muñoz. Si alguno de ellos atacaba, a él le tocaba perseguirlo.

"Cuando la carretera se empinó, lancé mi primer ataque y todos mis rivales me siguieron a rueda. No los pude soltar. Al ver que no me funcionó, metros más adelante volví a intentarlo y allí se quedó Bernard, pero aún faltaban muchos kilómetros para la meta", asegura.

El último y definitivo ataque llegó a 10 kilómetros del final. "Me paré en los pedales, cambié de relación y me fui. No volteé a mirar para atrás en los primeros metros. Cuando llevaba un kilómetro encima de la bicicleta, lo hice y nadie me seguía. De ahí en adelante, pedaleé duro, con el alma, y aunque las piernas comenzaron a doler, pudo más la ilusión de ganar la etapa y ser el líder de la carrera", cuenta. Mueve sus manos y sus palabras salen de una boca hecha sonrisa: Martín ganó la etapa con 4 h 20 m 19 s, seguido del 'Sami' Cabrera, otro de sus coequiperos, y se apoderó de la camiseta amarilla, la que no volvió a quitarse.

"Lo que más me impresionó fue cuando llegó Bernard. Ese día le fue mal, le dio la pálida y no pudo más. En la meta se puso a llorar delante de todo el mundo. Eso nos conmovió, pues en ese cuadro podía haber estado cualquiera de nosotros. De ahí en adelante, la tarea era sacar más tiempo, pues venía una contrarreloj de 30 kilómetros de 'serruchos' (subidas y bajadas) y sentíamos que ahí peligraba nuestro título", rememora.

Con bicicleta prestada y sin plata

Entre otras cosas, el temor surgía porque el equipo no tenía las bicicletas más modernas de la época (aerodinámicas) para las jornadas al reloj. La misión era conseguir por lo menos una, la que debía usar el 'Negro' para defender el liderato.

"Entonces, Mesa se pellizcó -dice Martín- y le pidió ayuda a su amigo Cyrille Guimard, quien era el DT del famoso equipo Renault.
Ellos, a pesar de que eran rivales directos, le prestaron una armada hasta los dientes y que era de Thierry Marie, el ganador del prólogo. Ensayé en ella apenas unos minutos antes de la etapa.

Como para mí era una bicicleta nueva, decidí no llevar la rueda lenticular, pues la sentí muy pesada y, como la contrarreloj era un 'suba y baje', me iba a romper las piernas. No hubo mucho tiempo para adaptarme al manubrio y a la posición aerodinámica, pero nos la jugamos así", narra Ramírez, mientras su otra máquina, la de los recuerdos, no se detiene.

Martín comprobó esa vez que la frase que se repite en el pelotón, esa que dice que "la camiseta amarilla da alas", no es mentira. Contrario a los pronósticos ("porque siempre decían que los colombianos perdíamos en las contrarreloj lo que ganábamos en la montaña", dice), les sacó más tiempo a sus contrincantes en una jornada que fue dominada por el español Miguel Induraín, que apenas despuntaba en el ciclismo internacional.

Sólo faltaban dos etapas y el plan era proteger al líder. Para ello, Café de Colombia-Varta tuvo un equipo aliado: Cafam, cuyos ciclistas colaboraron en la labor de escoltar a Martín Ramírez hasta el final. "Ellos no llevaron la cachucha amarilla que identificaba, en esa época, al líder por escuadras, pero nosotros los veíamos como si fueran de nuestro contingente", asegura Ramírez.

Colombia no sólo se quedó con el título general: también ganó la montaña y la combatividad con Cabrera y la clasificación por equipos. De esa victoria, a Martín Ramírez sólo le queda el orgullo de haber sido el campeón, el reconocimiento del público y los trofeos que ganó. En la actualidad, el 'Negro' se dedica a sus negocios particulares y entrena fuertemente para tomar parte en la próxima Vuelta a Colombia Sénior Máster.

Ni él ni sus compañeros de equipo disfrutaron del premio en efectivo que ganaron por haber obtenido el título. El dinero fue girado por la Federación Francesa de Ciclismo a la de Colombia, pero esos pesos "se perdieron en el camino y nunca llegaron a nuestros bolsillos. Pero eso ahora, 24 años después, ya no importa, pues tengo los recuerdos, el orgullo y la gente todavía me reconoce en la calle y me saluda".

LISANDRO RENGIFO
Redacción Deportes

 

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