UGI, un edificio que se construyó al revés, de arriba para abajo

UGI, un edificio que se construyó al revés, de arriba para abajo

Los difuntos Hernando Vargas Rubiano y Guillermo González Zuleta y otras firmas constructoras de la época se atrevieron a crear un 'coloso' de concreto y acero hace tres décadas con esa técnica.

14 de agosto 2009 , 12:00 a.m.

La casona de Aurelio Ramos y una estación de gasolina dieron paso al UGI en un estrecho lote ubicado al lado del río Arzobispo, sobre la carrera 13 con calle 40, entre 1973 y 1974.

El ejemplo y la inspiración para construirlo vinieron de Sudáfrica y Europa, en donde había edificios de ese tipo. De ahí que Hernando Vargas Caicedo, el hijo de Vargas Rubiano, viajó a Alemania en 1972 a conocer de cerca el proceso.

Mientras en ese país se usaban acero y máquinas, en la versión colombiana se adaptaron los materiales disponibles: se aprovechó el acero nacional, y se utilizó mucho concreto, así como la mano de obra de numerosos obreros.

En ese entonces, el ingeniero González Zuleta se arriesgó con una idea rechazada antes por otros dos ingenieros, quienes se negaron a participar en el proyecto por ser, en su opinión, ilógico.

La razón: en un edificio convencional se dispone de un entrepiso y una columna para construir el siguiente nivel, y en el UGI se 'colgarían' los pisos desde arriba por medio de cables y estarían sujetos a una 'espina dorsal' en el centro, para ascensores, baños y escaleras.

Pero ese sistema permitía, de acuerdo con el también ingeniero Vargas C., construir más rápido. "No teníamos el problema de parar por la lluvia, pues siempre estábamos protegidos del agua", cuenta. Además, el método era ventajoso para construir edificios más altos en una época de fiebre de rascacielos, como Avianca, Coltejer o Colpatria, en las décadas de los 60 y los 70.

Conavi, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Instituto Colombiano de Ahorro y Vivienda fueron algunos de los primeros propietarios e inquilinos de la torre de la Unión General de Inversiones, UGI, en 1975.

Durante su edificación fue admirado por los transeúntes. Hoy, es recordado con cariño por quienes trabajaron allí.

"Cada vez que paso por ahí, no dejo de mirarlo porque me parece muy bonito", afirma Gustavo García, miembro de la junta administradora del edificio hasta 2001. La revista de la Asociación Colombiana de Productores de Concreto reseñó al UGI como un "homenaje al recurso humano... que de una u otra forma engrandece la arquitectura colombiana".

VANESSA RUGGIERO
REDACTORA EL TIEMPO ZONA

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