Fiebre de oro en el río Dagua, cerca a Buenaventura ya deja dos personas muertas

Fiebre de oro en el río Dagua, cerca a Buenaventura ya deja dos personas muertas

No hay un censo, pero se estima que unas 3.000 personas han excavado durante tres meses a orillas del río Dagua, en el Valle.

31 de julio 2009 , 12:00 a.m.

Los centenares de buscadores de fortuna no conocen a Claudia ni a Sandra Rodallega, pero se refieren a ellas como las 'lavanderas de oro' cuando hablan de quienes descubrieron que las riberas del río Dagua son ricas en el preciado metal.

No hay un censo, pero se estima que unas 3.000 personas han excavado durante tres meses a orillas del río Dagua, en el Valle.

Sin embargo, el sueño de riqueza entre las arenas y las piedras está a punto de terminar ante el desalojo definido por el Ministerio de Medio Ambiente y la Corporación Autónoma del Valle (CVC) luego de una reunión el martes pasado en Cali, en la que se analizó el impacto al cauce y la muerte confirmada de dos personas, aunque podrían ser cinco más.

La explotación se concentra en una 'playa' de unos 300 metros de largo y 150 de ancho que el Dagua forma frente a Zaragoza, caserío a unos 20 minutos de Buenaventura, por donde el río corre encañonado hacia el océano Pacífico, y paralelo a la vía que de Cali conduce al puerto.

"La CVC ya agotó la vía administrativa para suspender actividades mineras en este sector. El municipio aún no ha acatado la orden y no queremos más víctimas; por ello estamos presentando esta problemática ante el gobierno nacional. Es urgente un desalojo total", dijo María Jazmín Osorio Sánchez, directora ( E. ) de la CVC, quien añade que los derrumbes en las minas deja siete muertos.

Al día siguiente, el alcalde de Buenaventura, José Félix Ocoró, ordenó suspender la minería, luego de escuchar el informe de Ingeominas. "Ni siquiera la actividad del barequeo se puede realizar en la zona de Zaragoza, pues se está atentando no sólo contra la ribera de los ríos, sino contra la vía (Cali-Buenaventura). La norma permite licencias de explotación a través del barequeo con excavaciones de hasta un metro. Con las cavernas de ocho metros el terreno se empieza a desestabilizar", expresó el alcalde.

Buena pinta

Todo comenzó a mediados de abril y hasta intervención divina le atribuyen al descubrimiento. Dicen que es cosa de Dios, pues las primeras pepitas fueron vistas unos días después de Semana Santa.

Claudia y Sandra lavaban ropa cerca de una máquina extractora de material de río para obras en Buenaventura. "Tiene buena pinta esa tierra", le comentó Claudia a su hermana y pidieron al operario un baldado de arena.

Su alegría fue enorme cuando en un solo baldado de arena hallaron varias laminillas de oro. Al otro día, llegaron con algunos familiares. Hacia mediados de abril se sumaron vecinos de Zaragoza.

Debido al intenso tráfico de la vía Cali-Buenaventura, la búsqueda no pasó inadvertida. También los volqueteros que transportaban el material de arrastre se encargaron de 'regar' la noticia.

A finales de abril eran familias enteras de las veredas de Triana, Bendiciones, Kilómetro 40, La Delfina y El Salto-La Víbora. A ellos se sumaron centenares de personas de Buenaventura y, con la noticia a través de los medios, en las primeras semanas de mayo ya eran de Cali, Medellín, Ibagué, Barbacoas, Popayán y otras regiones.

"Aquí pasé la dieta. Llegué al mes de nacida mi hija y llevo 15 aquí. Un día conseguí un gramo y recibí 45.000 pesos. Otros días son unas décimas de oro por unos 8.000 y 15.000 pesos. Peor es nada en la casa". Su esposo está en otra excavación y en promedio logran 40.000, una bonanza para ellos.

Dorancé Londoño, de 73 años, llegó de Buga. "Ya estoy viejo para esto. Es muy duro. Llevo seis días y ni un gramo", dice.

Cada hueco tiene dueño: una, dos o tres personas que invirtieron entre 800 mil pesos y 4 millones en una motobomba con la que se arma una draga para extraer arena.

El resto de hombres y mujeres reciben como pago un baldado de arena para probar suerte. Se apartan del grupo y con una batea de madera empiezan a sacar la arena. La esperanza es que en el fondo, que termina en un agudo ángulo, quede una pepita de oro.
Si no hay nada viene otra jornada de dos horas 'boleando' baldes con arena.

"Aquí, se aplica la frase de oro: todos me buscan y no busco a nadie. Unos no consiguen nada y otros en un baldado encuentran 10 gramos o 30 en un día de trabajo", dice Pascualino Rentería, un pescador que dejó la atarraya para buscar oro.

Otros más avezados se desempeñan como buzos. La motobomba les impulsa oxígeno a través de una manguera y así pueden estar sumergidos cuatro o más horas. Un jalón a la manguera les indica que es hora de almuerzo o de terminar turno.

A los mineros siguieron los compradores de oro, que a través del celular están pendientes del precio internacional. Una pequeña mesa, un toldo, bancas y una gramera hacen de oficina al aire libre.

Del Cauca llegaron los hermanos César y Arturo Araújo, con 17 años en el oficio. Aclaran que "el precio internacional de 56.000 pesos es para el oro de 24 kilates. No existe esa calidad al natural: se logra con un proceso".

Este día compraron 280 gramos a 45.000 pesos cada uno y lo venden a 47.544. El viernes pagaron 25 millones. En 2002, uno de ellos fue herido en un atraco en Barbacoas. Le hurtaron 60 millones y estuvo un año en cama.

Son unos 25 compradores y cada uno mueve unos 200 gramos al día para unos 200 millones diarios.

"Es un quite muy grande al desempleo y a la pobreza. Se reactivó el comercio de Buenaventura, pero los giros son a Cali, Medellín, a todo el país", expresa José Yesid Narváez, un comprador, quien dice que no baja de 100 gramos y lo que se paga es para el bolsillo de gente muy pobre.

Y es que además del oro, hay vendedores de minutos, de agua, almuerzos, relojes. Al mediodía una mujer había vendido 48 cervezas enlatadas. Por eso, mineros y vendedores destacan que fue gracias a las dos lavanderas como ahora centenares de personas tienen un ingreso y hasta proponen estatuas a la Virgen.

Lo curioso es que las hermanas lavanderas y buena parte de la gente de Zaragoza no quiere saber nada de los mineros, pues alteraron la tranquilidad de su vereda.

Por Iván Noguera
Redacción Cali

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