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Los adoradores del ají

Los adoradores del ají

En Bogotá existe una secreta logia muy picante...

Son los Supicantes de Chiltipiquín, que le rinde culto al ají, cuyo patrono es San Francisco de Ajís, a quien siempre le piden que ilumine y condimente nuestro espíritu. 

El salón se ilumina al atardecer y los miembros de la cofradía rodean el altar, casi en silencio, con una ofrenda empacada al vacío. El anfitrión, con pose de sumo sacerdote, improvisa entonces una oración con aire de alocución antes que de súplica: "Grasas adiós -dice-, instituciones como la logia de los Supicantes de Chiltipiquín, con la bendición de nuestro patrono, San Francisco de Ajís, promueven en nuestro amado país del sangrado corazón el estudio y el uso y abuso del ají, con el fin de estimular y cometer toda suerte de picados originales, ají como desarrollar la sazón y la picazón culinaria, la literatura picante y todo tipo de expresiones 'ajísticas' en torno a la cultura chiltipiquense".

Y, entonces, luego de los aplausos, cada asistente pone las cartas sobre la mesa: una receta nueva, creada en homenaje al ají, el dios todopoderoso encargado de aguijonear hasta sus más íntimos sentimientos, y el que los hace reunir una vez al mes, religiosamente, en una ceremonia excitante: la convención mensual de los adoradores del fogoso adobo, fundada en Bogotá hace diez años para rendirle culto al aderezo.

Los platillos envueltos en papel celofán y marcados con una tarjeta son la evolución de esta hermandad que nació en una reunión de amigos, y que acaso por esa razón está regida por un sagrado y fraternal precepto: "Picarás al prójimo como ají mismo". Cada vez que la recuerda, Isabel Uribe -una de las fundadoras de los Supicantes de Chiltipiquín- se convence de que la sociedad era la pizca que ella y sus compañeros necesitaban para untarle sabor a la existencia. "Estábamos cocinando y nos dimos cuenta de que a todos nos gustaba el picante. Entonces, nos lanzamos a conformar la comunidad con la idea de llevar una vida ardiente: para ponerle pasión y picante a la vida, en todo", dice.

Pero los objetivos están alejados de inclinaciones sadomasoquistas. "Mucha gente piensa que nos reunimos a picarnos y nada más. La idea es estimular la creatividad gastronómica, las posibilidades de nuevos platos, las propiedades del ají y hasta lo afrodisíaco que puede resultar este condimento", afirma Gerardo Castillo, miembro de la logia y tres años ganador del Gran Moño Supicantísimo de Chiltipiquín, máxima distinción que se entrega a "aquellos o aquellas ardientes y valientes supicantes, que den muestra fehaciente y suprapicosa de buen humor, mejor gusto, riquísima sazón, excelsas virtudes picantescas y capacidad de ajimilación, demostradas en sabrosa y ardiente lid".

Y es que, para esta cofradía, el ají representa placeres casi pecaminosos. El mismo Luis Liévano resalta, con su prosa picante, que "tomado antes de irse a la cama, o adonde le coja el deseo y todo lo demás -dice- y combinado con música apropiada (ajena y prestada), algunos leños ardientes, ciertas especies marinas, una que otra bebida espirituosa, algo del espíritu embebido y sobre todo una dulce compañía de libre erección, el chiltipiquín, en todas sus variaciones, versiones y subversiones, ha demostrado poseer ilimitadas propiedades afrodisiacas, afrocaribeñas, afroamexicanas y afroandinas, y efectos paradisiacos y erotígenos del tercer tipo o tipa. No importa la nacionalidad, la edad, el sexo, la posición y mucho menos la posición del sexo".

Pero semejante atractivo no logra desviar el objetivo gastronómico del movimiento. Los ya casi 25 miembros y miembras del club trabajan por mantener excitado el paladar e inventar nuevas recetas con el aderezo. Un selecto jurado invitado es el que analiza los platillos en la reunión mensual y juzga su presentación, su originalidad, su valor nutritivo y hasta su esencia. "Siempre que se hace la reunión de supicantes -dice Claudia Rubio, otra de las integrantes de la logia- se lanzan platos nuevos con recetas nuevas. Luego inscribimos el plato, pero además se señala qué ingredientes son necesarios y hasta con qué música se tienen que cocinar".

Consejos 'ajicionales'

En caso de exceso de temperatura, situación muy frecuente, se sugiere beber jugo de tomate o tamarindo debido a que el ácido contrarresta la alcalinidad de la capsicina.

  • Al igual que sucede con los incendios, el agua no siempre es la mejor solución para la 'picada', ya que la esencia aceitosa de la capsicina no le permite mezclarse y, por el contrario, ayuda a distribuir el ardor por toda la boca. 
  • Algunos avezados y ardientes miembros de la logia recomiendan enjuagar la boca con sorbos de leche o comer arroz o pan. Miembros más radicales sugieren simplemente comer otro chile y, si esto no funciona, repetir la dosis. Con esto se cumple uno de nuestros más sagrados preceptos: "Picarás al prójimo como ají mismo".

Picamientos de la ley del ají

  • Picar ají, picar allá, siempre picar. Sin distinción de raza, credo, sexo o género.
  • Fomentar los procesos de investigación en torno a usos y abusos del ají y sus diversas propiedades 'ajipicantes'.
  • Promover el desarrollo de la sazón y la picazón culinaria, ají como las artes y la literatura picante y todo tipo de expresiones ajísticas en torno a la cultura chiltipiquense.

Por Germán Hernández

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