Así se cocinaron los triunfos en el Congreso de Javier Cáceres y Édgar Gómez

Así se cocinaron los triunfos en el Congreso de Javier Cáceres y Édgar Gómez

El primero logrpo hacerse con la presidencia del Senado, mientras que el segundo obtuvo el mando en la Cámara de Representantes.

20 de julio 2009 , 12:00 a.m.
Desde una mesa, a la entrada del café Pomerigio, en el Centro Adino de Bogotá, trabajó durante todo el día de ayer y hasta pasada la media anoche, el centro de operaciones que consolidó a Javiér Cáceres y Édgar Gómez, como los más seguros presidentes del Senado y la Cámara, en la legislatura que comienza hoy.
 
Los protagonistas de la jornada se instalaron desde muy temprano en el lugar, de manera muy informal. Aunque estaban a la vista de todo el mundo, nadie imaginaba que desde ese punto se estuviera creando un momento político de tanta dimensión.
 
Cáceres, uno de los principales protagonistas, fue el primero en llegar, poco antes del medio día. De hecho, su atuendo informal y  desgarbado, poco llamaba la atención. Fiel a su tradición caribe, el muy seguro presidente del Senado vestía una chaqueta de cuero negra, en apariencia mayor a su talla; una camisa escocés con cuadros morados, negros y blancos; un jean desteñido y ancho; y unas zapatillas deportivas.
 
Un poco después llegó el senador de 'la U', Armando Benedetti, también caribe, aunque con una estética mucho más refinada:ropa de marca y figura estilizada que él se ocupa de cuidar de manera rigurosa.
 
Los meseros, frack blanco y corbatín negro (mucho más elegantes que esos hombres del poder), eran especialmente diligentes con los clientes de aquella mesa sobre la cual abundaban botellas de agua natural y tazas humeantes con olor a capuchino.
 
En otra mesa cercana, auxiliares de ambos senadores no paraban de hacer llamadas a través de teléfonos celulares que iban y venían, para sumar o restar votos.
 
Las cifras sobre adhesiones y deserciones subían y bajaban con frecuencia de minutos, como en una ruleta rusa.
 
Por la mesa, donde también abundaban servilletas escritas a mano con todo tipo de cábalas, pasaron congresistas y dirigentes políticos, todo el tiempo. Ahí se encontraron, por ejemplo, el precandidato presidencial del liberalismo, Rafael Pardo y el ex procurador, Eduardo Maya Villazón, quienes enriquecían los pronósticos con sus certezas y especulaciones.
 
Que fulano le firmó a Gabriel Zapata, pero que ya le dijo a Cáceres que se viene con él. Que los conservadores votarán así, pero que sutano se va a rebelar para votar de otra manera.
 
Miguel Amín, candidato del Gobierno a presidir la Cámara, quien salía de hacer compras en el centro comercial, se aproximó a la mesa de las cuentas y notificó a sus contradictores de su triunfo: ¡No joda, si lo mío está listo!, sentenció. Entre sus cuentas estaba claro que la bancada liberal sería un aporte sólido a su triunfo. Lo que no sabía Amín era que las cosas, al parecer, ya habían cambiado y los liberales no votarían por él.
 
Cáceres y Benedetti, no paraban de hacer y recibir llamadas. Durante el curso de la tarde, según los reportes recibidos, el panorama fue mejorando para quienes decidieron apartarse de los acuerdos políticos.
 
Ya entrada la noche el centro de operaciones se animó con la presencia de los seadores Juan Fernand Cristo (liberal) y Juan Carlos Restrepo y Bernabé Celys(Cambio Radical), expertos en 'manzanilla'. Los informes que recibían y los análisis que hacían, no dejaban duda del espacio que ganaban Cáceres y Gómez.
 
También llegaban noticas de los contradictores. Que Zapata está nervioso, pero dice que tiene todos los votos para ganar. Lo mismo Amín. Que ellos confían en la disciplina de las bancadas y el respeto a los acuerdos, se decía.
 
A eso de las 7 de la noche se supo que el secretario general de la Presidencia, Bernardo Moreno, iba camino a la residencia del ministro del Interior, Fabio Valencia, para examinar la situación.
 
Benedetti, entre tanto, chateaba con Luis Carlos Restrepo (jefe de 'la U'), a través de su Blacberry y le notifcaba el estado de cosas.
 
Se supo que Zapata había ido a la casa de Valencia y que había reportado, a pesar de todo, confianza en sus expectativas de triunfo. Claro, con algún margen de desconfianza que apenas se adivinaba en sus ojos.
 
Luego llegó una llamada del ministro Valencia, invitando a Cáceres a su casa, para hablar del tema. Antes de partir a la cita, Cáceres tomó una taza de café y secreteó con algunos de los asistentes.
 
Alguien avisó entonces que 'El Pote' Gómez (Édgar) el candidato disidente a la Cámara, iba para allá. Se acababa de bajar de un avión procedente de Medellín, a donde había ido a dos cosas: a ver a su hijo jugar una partida de golf y de paso hablar con Luis Alfredo Ramos (jefe natural de Alas-Equipo Colombia) partido al que pertenece Zapata, el candidato oficial a la presidencia del Senado.
 
Bueno, y las cuentas que hizo 'El Pote', a la luz de los asistentes, no dejaba duda de su triunfo.
 
'El Pote' tenía hambre y pidió dos emparedados que compartieron todos los de la mesa. En sus palabras se percíbía una seguridad absoluta de su triunfo.
 
Los lamentos de unos y otros, por los incumplimientos del Gobierno a sus promesas, estuvieron todo el tiempo sobre la mesa como razones para votar por quienes se atrevieron a desafiar los acuerdos que rigieron durante los dos gobiernos del presidente Uribe para conformar las mesas directivas. A juzgar por sus argumentos, cientos de ayudas ofrecidas desde la Casa de Nariño durante muchos años nunca llegaron y ahí se origina el malestar que está a punto de producir un hecho político de mucha trascendencia.
 
Casi a las 11:30 de la noche regresó Cáceres de la cita con el ministro Valencia y Bernardo Moreno. Venía sonriente y más confiado. Traía la sonrisa del ganador.
 
Los meseros comenzaron a levantar los platos y los vasos de la mesa y la reunión se terminó con la promesa de madrugar a renudarla.

 
EDULFO PEÑA
EDITOR POLÍTICO

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