Santander y Policarpa, los barrios de Bogotá que hacen homenaje a la Independencia

Santander y Policarpa, los barrios de Bogotá que hacen homenaje a la Independencia

EL TIEMPO buscó en la localidad 15 de Bogotá, llamada como el precursor de la Independencia, Antonio Nariño, a los primeros habitantes de estos barrios, para que contaran su propia historia.

19 de julio 2009 , 12:00 a.m.

En la localidad Antonio Nariño, que precisamente hace honor al precursor de la liberación, los habitantes de dos barrios utilizaron los  nombres de personajes ilustres para buscar el progreso de sus comunidades.

La creencia popular de que a los barrios con nombres de personajes ilustres los acompañaba el progreso hizo que, en mayo de 1934, los habitantes de Granjas de la Fragua, el más antiguo en la localidad de Antonio Nariño, decidieran rebautizarlo como Santander. La disculpa: un aniversario más de la muerte del  'Hombre de las leyes', Francisco de Paula Santander.

En el viejo barrio tenían la necesidad de terminar de edificar la iglesia y construir un colegio y un parque para incentivar el desarrollo de la zona, cuenta Antonio Rey, historiador de la localidad.

Así como el barrio Santander, ubicado al norte de la avenida Primero de Mayo, entre carreras 30 y 27, en Bogotá existe más de una decena de barrios que hacen honor a la Independencia  de Colombia y a sus próceres.

Santander, el barrio que decidió cambiar de nombre

En el nuevo barrio Santander, las gestiones de los miembros de la Junta de Vecinos de los Barrios del Sur dejaron a su paso un parque central, un colegio y una iglesia, la parcelación de las calles y las redes de servicios públicos parea las primeras casonas.

Emma Martínez, propietaria de una de las casas que se edificaron frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Paz, enfatiza en que el templo se convirtió en el eje del progreso para el barrio.

En esa época, la mayoría de las familias asistía sin falta a la misa que el sacerdote oficiaba en latín y de espalda. Uno no entendía,  pero iba sagradamente, recién bañado y todo perfumado", cuenta Emma, de 94 años.

Después del oficio religioso, fueron innumerables los bazares que organizó la comunidad para reunir el dinero que permitiera avanzar con la construcción de la iglesia que, aún hoy, no está terminada.

Después de 75 años de haberle cambiado el nombre al barrio, en Santander muchas cosas han cambiado: la misa se celebra en español y el tradicional teatro, que se había consolidado como un centro cultural para varias generaciones, es hoy la sede de una iglesia evangélica.

Como recuerdo de aquellos años, se conserva un busto del general Francisco de Paula Santander, que "hipotecó sus propiedades para abastecerse de armas durante la campaña libertadora".

En Policarpa se repitió la revolución

El Viernes Santo de 1966,  unas 1.500 personas, que no habían podido conseguir techo digno para vivir, se enfrentaron con la Fuerza Pública y utilizaron mujeres y niños como escudo. "Lo hicimos para ver si los policías se atrevían a pasar con sus caballos por encima de los más débiles", argumenta Gilberto Ayala, uno de los fundadores del barrio Policarpa.

"La tierra no es del dueño sino de quien la necesita" gritaban a todo pulmón los miembros de las 300 familias que, en menos de 15 minutos, invadieron los terrenos de la Hacienda de la Flor, ubicada en el costado sur del Hospital San Juan de Dios, donde nació el barrio en homenaje a Policarpa Salavarrieta, 'la Pola'.

Aquel día, la cadena humana no fue suficiente. A las 12:30 del día, media hora después de la toma, se desencadenó un enfrentamiento entre la Policía y los invasores. "Nos valimos de antorchas, caucheras y hasta de armas de fuego para defender el territorio", agrega Ayala.

A las dos de la tarde, la cantidad de heridos y la muerte de Luis Alberto Vega obligaron a los manifestantes a extender banderas blancas como símbolo de resistencia, en medio de la llamarada en la que ardían los recién instalados ranchos de tela asfáltica.

Así, se consolido la ocupación del barrio Policarpa Salavarrieta, que seis años atrás había sido estratégicamente planeada por un grupo de intelectuales de izquierda para responder a la necesidad de vivienda de las familias que eran rechazadas por avisos discriminatorios que decían: "Se arrienda, pero sin niños".

Gilberto Ayala cuenta con orgullo que, para lograr la posesión fue necesario superar años de represión y desprecio. "En las escuelas rechazaban a los niños del barrio porque eran hijos de invasores".

Pero, también tiene claro que, esa presión los motivó a trabajar de manera solidaria por el desarrollo de la comunidad y fundar el Colegio Policarpa.

Aunque ya pasaron 49 años desde la primera toma, Ayala, de 78 años, recuerda, como si fuera ayer, los domingos culturales en los que sus compañeros de lucha entonaban al unísono: "Viva el barrio Policarpa y todos sus invasores. Abajo el terrateniente, vivan los trabajadores".

KAREN CANTE
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.