En las fauces de las fieras

En las fauces de las fieras

Para no dejar rastro de sus víctimas, las Auc no solo incineraron cadáveres, también usaron leones y cocodrilos.

03 de junio 2009 , 12:00 a.m.

En la selva del Nudo de Paramillo, enclave paramilitar durante muchos años, Carlos Castaño tenía un tigre americano. En San Alberto, Cesar, Guillermo Cristancho, 'Carlos Morantes', del bloque central Bolívar, tenía 15 cocodrilos  que le compró a un traficante del Congo. En Santa Fe de Ralito, 'Cero Ocho', hombre de confianza de Salvatore Mancuso, se paseaba con un tigrillo. Rodrigo Tovar, 'Jorge 40', tenía un lago lleno de caimanes en una zona del Magdalena; y en el norte de Antioquia, entre Cáceres y Remedios, Carlos Mario Jiménez, 'Macaco', tenía un león como mascota. El animal fue decomisado por la Policía el pasado 12 de marzo en una finca del ex paramilitar: estaba encerrado en una jaula de hierro y vidrio, rodeado de huesos de reses que había devorado.

Tener animales salvajes no era solo una excentricidad de los jefes paramilitares. Era parte de su estrategia para desaparecer cientos de víctimas y no dejar huella. Como en el circo romano, las entregaban a las fieras para que las devoraran. Así lo aseguró en marzo de este año el desmovilizado de las Auc Giovanni Franco, 'Picúa', ante la fiscal 51 de Justicia y Paz en Bucaramanga. Según Franco, algunas de las 34 personas que fueron secuestradas en Barranca por orden de 'Camilo Morantes', el 16 de mayo de 1998, fueron arrojadas a los cocodrilos. "Maten a esos manes y arrójenlos a los cocodrilos", ordenó el paramilitar, según relato de 'Picúa' a la fiscal. El resto fue a parar a fosas comunes en San Rafael de Lebrija, Santander, y en San Alberto, Cesar.

El testimonio del desmovilizado fue corroborado por habitantes de San Rafael de Lebrija, que le dijeron a CAMBIO que desde ese momento 'Morantes' usó los cocodrilos para desaparecer a sus víctimas. "A 'Camilo Morantes' un zootecnista le explicó que esos animales se comían hasta los huesos y que no dejaban rastro de nada -cuenta uno de ellos-. Desde entonces empezó a lanzar muertos a esos animales; fueron más de 800 personas".

'Morantes' no fue el único que acudió a animales para borrar todo rastro de sus víctimas. En San Onofre, Sucre, en una finca conocida como 'El Palmar', el jefe paramilitar 'Rodrigo Cadena' les lanzaba los cadáveres de algunas víctimas a un caimán que tenía en una pequeña represa. Y en Tierralta, Córdoba,  un testigo dice que "los tigres que los 'paras' tenían enjaulados en el Nudo de Paramillo se comieron a un joven de la vereda Frasquillo y a otro se lo echaron a un caimán, cerca de la represa de Urrá". Por todo esto, una mujer de Tierralta, cuyo hermano desapareció en 1996 y le dijeron que se lo habían llevado a Paramillo, no descarta que haya terminado destrozado por una fiera. "Si los paramilitares mataban gente con motosierra y luego la tiraban al río empacada en costales, ¿por qué no puedo creer lo del tigre? -se pregunta-. Les pido a los paramilitares que hagan una lista de los desaparecidos y digan cuáles tiraron al agua, cuáles enterraron y cuáles se comieron los caimanes o los tigres".

'Macaco' tenía un león para atemorizar a sus enemigos en Antioquia, los Santanderes y sur de Bolívar, y hay campesinos que sostienen que personas que no pagaban sus deudas a tiempo terminaron en sus fauces. En Norte de Santander, algunos aseguran que los hombres de Mancuso no solo ordenaron incinerar cadáveres sino arrojarlos a caimanes para borrar cualquier huella. "Las dimensiones del fenómeno de la desaparición forzada son incalculables -asegura Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar que trabaja con víctimas-. ¿Algún día podremos saber cuántos y quiénes fueron arrojados a los ríos Catatumbo, Pamplonita y La Grita y cuántos fueron arrojados a los tigres en Guaramito?"

En las versiones libres de algunos desmovilizados han aparecido estas historias que podrían ser más bien  fruto de imaginaciones desbordadas. "Algunos paramilitares han reconocido que no solo incineraron cadáveres, desmembraron cuerpos y los arrojaron a los ríos, sino que a algunos los lanzaron a las fieras -asegura Daisy Jaramillo, fiscal de Justicia y Paz-. Acudieron a todo tipo de formas de terror que apenas estamos conociendo".

Para los familiares de los desaparecidos que llevan años esperando encontrar alguna pista de ellos, pensar que pudieron haber terminado devorados por fieras y destrozados por caimanes y cocodrilos las tiene en estado de shock. Creen que no podrán cerrar nunca el duelo si no entierran los restos.  "De las 400 madres de La Candelaria, 80 ya conocieron que los suyos fueron lanzados a las fieras, incinerados o tirados al río -dice Teresita Gaviria, directora de la Corporación Madres de La Candelaria-. Otras esperan que sigan las exhumaciones".

Luis González, director de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, asegura que son pocas las versiones libres en que los desmovilizados han hablado de animales salvajes y que, en cambio, muchos mencionan que las Auc arrojaron cadáveres a los ríos. "En el caso de los ríos puede haber una esperanza de encontrar algo. Con apoyo internacional usaremos buzos especializados".  Pero es poco probable que aparezcan cuerpos. La estrategia de la desaparición absoluta de cadáveres que usaron las Auc dificulta la labor de los fiscales. "Cada vez es más difícil establecer cuántos de los más de 20.000 desaparecidos que atribuyen a los paramilitares hay que buscar".  

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