"Los actores naturales son más realistas": Luis Ospina, director de cine.

"Los actores naturales son más realistas": Luis Ospina, director de cine.

27 de mayo 2009 , 12:00 a.m.

¿Qué tan legítimo es utilizar actores naturales?

Completamente legítimo, lo que pasa es que a veces la fama trae sus consecuencias y no sólo puede acabar a un actor natural, sino a artistas, como fue el caso de Kurt Cobain. Lo que sucede es que generalmente vienen de estratos muy bajos y la fama los lanza a algo que no están acostumbrados a vivir.

¿Puede hablarse de explotación?

Depende de las forma de contratación, porque se le paga poco por no ser profesional y no se tiene la misma consideración económica que con una estrella, a pesar de que ellos serán las estrellas o el éxito de una cinta dependa de ellos. El problema es que ellos creen que pueden seguir siendo actores, aunque su rango es limitado, pues al hacer papeles que no sean sus propias vidas no suelen desempeñarse muy bien.

¿Recae algún tipo de responsabilidad del director para con el actor natural?

Por ley uno no tiene por qué responder por sus actores luego de su película. Stanley Kubrick trabajó con Malcolm Mcdowell en la Naranja Mecánica y nunca volvió a hablar con él después del rodaje. Lo que pasa con los naturales es que hay que prepararlos tanto que se crea una confianza con ellos y existe un poco de responsabilidad caritativa que se establece con ese vínculo. Sé que el equipo de Víctor Gaviria quedó ayudando un poco a las niñas de sus películas en la seguridad social, o que Luis Buñuel se apegó a sus actores de Viridiana.

¿Qué tipo de pactos de suelen hacer con estos actores? ¿Se les promete un cambio de vida?

Depende de cada situación. En algunos casos se les hace consideraciones que no se hacen con otros, como ayudarles con la adquisición de una casa, que fue lo que hicimos con el protagonista de Agarrando pueblo y luego le pagamos su funeral. Uno queda enganchado de por vida, porque los ha sacado de su contexto, e incluso con algunos surge una amistad como nos sucedió a nosotros. Pero es complejo porque uno sabe que los contratan por las semanas de trabajo, o máximo se llega a un acuerdo para la promoción de la cinta, pero los actores naturales se sienten desamparados al final de la película y luego de captar la atención de los periodistas por un tiempo después los abandonan, y sienten un vacío enorme, lo cual es un cambio fuerte. El cine tiene esa facultad de crear estrellas de un día a otro, algo similar a lo que ocurre con los deportistas que no saben qué hacer con la fama.

¿Por qué el interés en trabajar con ellos?

Porque son más realistas y pueden mostrar parte de su experiencia vivida. Tienen muchas ventajas, y en una película en idioma coloquial ayuda mucho, uno encuentra rostros que no encuentra en actores profesionales, rostros curtidos. Un ejemplo notable es el de Fellini, que escogía por rostro a sus actores y doblaba sobre éstos el diálogo. Así hizo, por ejemplo, en Satiricon: los carpinteros de Roma eran los emperadores de la película.

¿Cuáles son las desventajas?

Una de sus limitaciones es que generalmente no pueden más que representar su propio papel, el de su vida. También hay implicaciones económicas, pues a veces los rodajes se prolongan mucho, hay que darles mucha atención, se tarda mucho, e incluso debe trabajarse con ellos desde un año antes. Son dinámicas diferentes, de actuación y tipos de ensayo. Además, terminan generalmente mal y no logran salirse de la casilla en donde se les metió para desempeñar roles distintos a su vida. Tienen un repertorio limitado y se encadelillan con la idea de que la película los va a catapultar. Tal vez una excepción notable en Colombia es la de Ramiro Meneses, que empezó en Rodrigo D: no futuro.

¿Es una tendencia histórica del cine o un fenómeno actual?

Viene desde los inicios del cine. Recuerdo una película The crowd (La muchedumbre) de King Vidor en 1928, cuyo protagonista, un actor natural, tuvo una vida trágica. Sin embargo, el fenómeno realmente empieza con el Neorrealismo italiano, con Ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, con las películas de Rosselini, con Fellini. Sin embargo, en países sin una tradición de cine o de teatro, tenemos que recurrir a los actores naturales. Colombia, en donde no hay sino tradición televisiva, algunos directores preferimos trabajar con actores que no sean de la televisión, sobre todo en un momento en el que las relaciones entre la ficción y el documental se están borrando. Es una tendencia del cine moderno.

¿Por qué hicieron Agarrando pueblo? ¿Era para criticar algo que estaba sucediendo en el cine latinoamericano?

Hubo dos factores, uno nacional y otro latinoamericano. El colombiano fue que estábamos viviendo el fenómeno del cine de sobreprecio y la mayoría de los directores se lanzó a filmar una cantidad de cortos basados en una realidad superficial, llena de pobres, locos e indigentes con textos políticamente correctos. Y en Latinoamérica estábamos viviendo una época del cine politizada, que miraba hacia los festivales de cine en Europa y a los premios, en donde el tema de la miseria se volvió una mercancía. Por eso, las películas de corte izquierdista alimentaban el apetito del público europeo y tranquilizaba su mala conciencia. Agarrando pueblo fue hecha en ese contexto y todavía es muy vigente. Además, Colombia genera muchas noticias, por eso tanto extranjero viene a filmar temas sobre droga, prostitución infantil, masacres, secuestros, todo se vuelve un mercado. Como en la industria editorial está desarrollándose el mercado de las lágrimas del secuestro, y ya se está volviendo un género, también allí se harán películas.

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