Ángel Cabrera, el golfista que pasó de 'Pato' a 'cisne'

Ángel Cabrera, el golfista que pasó de 'Pato' a 'cisne'

Hijo de un albañil y una empleada doméstica, pasó de ser un niño abandonado a ganar un torneo de 'Grand Slam' en el golf.

18 de abril 2009 , 12:00 a.m.

Ángel Cabrera viene de la calle, como el ex futbolista Diego Maradona, el basquetbolista de Spurs Emmanuel Ginóbili y otros ídolos que ha dado la pobreza en Argentina.

Un 'Pato', como lo llaman, se convirtió en el 'cisne' del golf tras ganar, hace ocho días, el Masters de Augusta, en donde se puso la mítica chaqueta verde que solo logran abotonarse los campeones.

Ángel Leopoldo Cabrera, de 39 años, el mismo que vivió una infancia y una adolescencia en medio de la pobreza extrema en su natal Villa Allende, a 15 kilómetros de Córdoba, Argentina, desde los 3 años fue criado por su abuela materna, Pura Concepción, luego de ser abandonado por sus padres Miguel, un albañil, y Luisa, una empleada doméstica que prefirió criar solo a sus otros
dos hijos menores, tras separarse de su marido.

Cuando su abuela conseguía algunos pesos limpiando casas, le daba al pequeño Ángel pan con mate para 'domar' su estómago rugiente. Ese era su único plato de comida en el día, si tenía suerte. Si no, se iba a dormir, simplemente, lleno de sueños.

Cabrera, golfista de ancha espalda, cabeza clavada entre los hombros, con figura de oso 'cariñoso', en los momentos más tensos del último día del Masters de Augusta, tomó un sorbo de su botella de agua y encendió un cigarrillo.

"Otros contratan a psicólogos. Yo fumo", explicó después de ponerse la chaqueta verde que tuvieron que cambiar a último momento en la premiación, por una más grande y de su talla.
De cargar a entrenar

De niño jugaba en la calle y fue uno de los muchos de Villa Allende que posaron su mirada en el Córdoba Golf Country Club, que estaba a pocas cuadras de su casa.

Como no terminó la primaria, Ángel hacía lo que fuera para ganarse algún dinero. Cuando se atrevió a merodear por entre los árboles del Córdoba, vio cómo una pelotita blanca podía 'volar' para llegar tan lejos como sus sueños. De tanto mirarla se enamoró del golf. Sin embargo, su apodo viene del fútbol.

"Era uno de los mejores arqueros del equipo de nuestro barrio y en aquellos años Ubaldo Matildo Fillol (portero de la Selección Argentina), a quien llamaban 'Pato', ya era una figura mundial, así que le pusimos ese remoquete", afirmó Daniel Salibi, su mejor amigo, al diario La Nación, de Argentina.

A los 9 años de edad, su situación dio un vuelco total. Consiguió que un socio del club, Juan Cruz Molina, le permitiera cargar su talega; él fue quien después lo animó a jugar y, gracias a su generosidad, Cabrera tuvo sus primeros palos de golf. También fue él quien le regaló su primer televisor.

En ese entonces, Cabrera ganaba lo que hoy en día equivale a ocho dólares por ronda, y se le hacía agua la boca con sólo imaginar un suculento plato de comida caliente. Así lo reconoció en una de las entrevistas, después de su triunfo el domingo pasado.

Comenzó a entrenar a los 11 años, mientras seguía cargando las talegas de otros. Sus primeros guías fueron Luis Rodríguez Magnasco y Fernando Barcellona. Un año después, su progreso como jugador fue tan notorio, que Cruz, su benefactor, lo inscribió en un torneo de golf para caddies, en Buenos Aires. Como no le estaba pegando bien a la pelota, Ángel decidió retirarse.

No pasó mucho tiempo para que la gente del club advirtiera la potencia que tenía cuando impactaba la bola. Le pegaba con mucho atrevimiento; siempre quería ganar. También se enojaba bastante cuando jugaba mal.

Pero nada lo amilanó. Cabrera siguió dando pasos firmes hacia el gran objetivo: poder ganarse la vida dentro de un campo de golf, y no precisamente como caddie.

Se convirtió en profesional en 1989; para entonces ya tenía 20 años y otro mentor, un reconocido golfista argentino, Eduardo 'Gato' Romero. Ese mismo año se casó con Silvia, la mujer con la que ya estaba viviendo desde los 16, once años mayor que él. Seis meses después nació Federico, su hijo mayor.

Su primera victoria llegó en el Abierto del Centro, en 1994 ( en el campo donde comenzó todo, el Córdoba) y lo llevó a firmar un contrato con el 'Gato' Romero y con su socio, Sergio Supertino, para competir en Europa.

En 1995, ganó los abiertos de Paraguay y de Colombia, y en 1996 se adjudicó el Volvo Masters de Latinoamérica. Para entonces ya tenía otro hijo, Ángel. Comenzó a destacarse; la comida en su hogar ya estaba asegurada, sus dos mentores, el 'Gato' Romero y Cruz Molina le patrocinaban viajes, hoteles, alimentación y también aportaban lo necesario para su familia.

A los 26 años, cuando el mundo golfista lo consideraba viejo para participar en un torneo europeo, demostró que su talento era mayor. Durante el Abierto italiano, (en 1997) descrestó con su potencia, el público y la prensa especializada se interesaron por el 'veterano' argentino. Comenzó entonces el despliegue de los medios, no solo por su swing, sino por su personalidad. Por esos días fue expulsado de un restaurante porque al dueño le pareció extremadamente vulgar que el 'Pato' mezclara Fernet Branca, un licor amargo destilado de uvas y más de 20 hierbas, con Coca-Cola.

Fue cuarto en el Open Británico de 1999, a solo un golpe del ganador, el escocés Paul Lawrie. Ganó, el Open de Argentina del 2001, luego el Benson & Hedges, en el 2002, y el BMW Championship, en el 2005.

A partir de ahí, sus objetivos se concretaron uno tras otro. Sólo tenía que dirigirse a la catedral del golf moderno: Estados Unidos.
En el 2007, se bañó nuevamente de gloria al alzarse con el Abierto de ese país, al imponerse por un golpe de ventaja a Tiger Woods, el número uno del mundo.

Ese triunfo le dio un lugar en la historia del golf al ingresar como el segundo argentino en obtener un 'grand slam' detrás del legendario Roberto De Vicenzo, vencedor del Abierto Británico en 1967 y al que Cabrera considera uno de sus inspiradores.

"Cuando gané el US Open, él me regaló un cuadro donde tiene su mano en una chaqueta verde de Augusta. Me dijo que algún día la iba a vestir de verdad, y hoy he cumplido ese sueño, el mío y el suyo", dijo Cabrera durante la ceremonia de premiación del Masters, el fin de semana pasado.

De Vicenzo, hoy de 84 años, al que un error matemático en las anotaciones le valió quedar de segundo en Augusta en 1968, confesó: "Al verlo de verde se me salieron las lágrimas. Me habría encantado ganarla yo también".

Cabrera apenas levantó el puño de su mano derecha en señal de victoria al dar el paso más importante de su carrera, luego de 10 títulos acumulados. Pero por mucho éxito que tenga en el competitivo mundo de la PGA, ya advirtió que ése no es él. "Por eso no me interesa aprender a hablar inglés", sostiene.

El verdadero 'Pato' sigue siendo el de los viernes por la noche en Villa Allende, en el Almacén y Bar Cóndor, donde come y toma con sus amigos.

El 'Gato' Romero cuenta que una vez, estando en ese lugar, el 'Pato' vio a su padre. Ángel hizo como si no estuviera ahí y le dijo a Romero: "No quiero tener nada que ver con ese tipo".

Miguel, padre de Cabrera, se volvió a casar y tuvo 4 hijos más. En la actualidad, sus 4 medio hermanos trabajan como caddies del club del que Cabrera ahora es socio. No mantienen ninguna comunicación. Sus heridas de infancia, tras el abandono de sus padres, parecen no haber sanado. De ese tema les prohíbe hablar, incluso, a sus más allegados.

Cabrera terminará hoy su participación en el Abierto del Centro del Córdoba Golf Country Club, el sitio donde hace 30 años empezó todo.

CLAUDIA AGUILAR RAMÍREZ
REDACCIÓN DE DEPORTES

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