Sí, señores, siempre sabemos cuando quieren llevarnos a la cama/ Sexo con Esther

Sí, señores, siempre sabemos cuando quieren llevarnos a la cama/ Sexo con Esther

Son predecibles, pero creen que no nos damos cuenta. Me refiero a los hombres y a su actuar cuando quieren ir a la cama.

11 de abril 2009 , 12:00 a. m.

 Juran que sus frases y actos son un culto a la originalidad, aun cuando todas sabemos que no son más que improntas masculinas colectivas, conectadas a la planta baja de su cuerpo.

Solo ellos se creen el socorrido "te amo" dicho a media jornada de habernos conocido, que por lo general no es otra cosa que el reflejo de un impulso hormonal. Es patético, señores, el insulso "eres la mujer que siempre quise tener a mi lado", con el que pretenden meternos bajo sus sábanas apenas unas horas después de conocernos.

Los sensores femeninos también perciben este propósito cuando el galán gasta en tragos toda una noche, mientras nos jura y rejura que nunca había sentido algo parecido por nadie y que el tiempo fue injusto con él, porque no le permitió conocernos antes.

Son capaces, en cumplimiento de ese objetivo, de cualquier cosa: esperarnos sin cansarse, visitar sin remilgos a nuestras mamás, aguantar sin chistar a nuestras amigas ruidosas y fingir que no se molestan cuando les pedimos que nos acompañen a comprar zapatos. Eso, mis niñas, no lo hacen gratis; siempre esperan una recompensa.

Que tire la primera piedra aquel que no haya echado mano de esta manida advertencia: "Tranquila, no va a pasar nada que no quieras", cuando, a punto de estallar, solo quieren que pase lo que ellos quieren. Señores, ahórrense esta bobada y entiendan que, desde los tiempos de Adán, cuando ustedes pronuncian la frasecita nosotras ya tenemos la sartén bien agarrada por el mango; mejor dicho, a esas alturas ya sabemos de sobra lo que puede pasar.

El "¿te duele?" es otra estupidez, no importa el tono en el que pregunten. Cuando la testosterona está en su punto, cumple con su función y eso no incluye preocuparse por el dolor de la humanidad y menos al borde de la cama.

Insisto: son tan predecibles. No crean, eso sí, que todo nos molesta; a veces es divertido verlos esforzarse para procurarse ese polvo que nosotras ya sabemos que tendrán o que nunca lograrán, así muevan cielo y tierra. Hasta luego.

ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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