En Nobsa se fabrican las campanas que repican en muchos templos del país

En Nobsa se fabrican las campanas que repican en muchos templos del país

El repique de las que elaboran los Tristancho, los artesanos campaneros más reconocidos del país, se ha escuchado hasta en la China.

04 de abril 2009 , 12:00 a.m.

Vibrarán también esta semana en cientos de iglesias y templos colombianos como prueba de que la tradición de campaneros, que comenzó hace 250 años en Nobsa (Boyacá), sigue viva.

"Hace 12 años llegó hasta mi taller un ciudadano chino y me pidió que le fabricara una con los signos del zodiaco chino", cuenta Reinaldo Octavio Tristancho, uno de los fabricantes. Mientras, Sergio Arturo, de 41 años, otro de los miembros de esta familia, recuerda que también hay campanas suyas en Francia y en Italia.

Gracias a esto, la vereda Ucuengá, donde abundan hornos con más de cien años de antigüedad, es conocida por sus habitantes como 'El rincón de las campanas'.

El tiempo parece quieto en este lugar, donde el silencio solo es roto por el cantar de los gallos o por el tañer de las campanas del templo del pueblo o de los talleres de los Tristancho, cuando prueban el sonido de sus piezas.

La dinastía de las campanas

Los primos Sergio y Reinaldo son la quinta generación de la 'dinastía' de campaneros de Nobsa.

Todos aprendieron de sus padres y abuelos y ellos, a su vez, de Eufrasio Tristancho quien hace más de dos siglos recibió de primera mano las enseñanzas del español Juan de Gauss, el hombre que introdujo esa industria en Colombia.

Sergio Arturo, Reinaldo Octavio y Saúl Tristancho siguen elaborando las campanas en la forma tradicional como las fabricaban sus ancestros: en hornos de barro, en los que utilizan leña seca como único combustible.

Continúan también con un mito que margina del oficio a las mujeres de la familia. Según la creencia, la energía de una mujer de ojos verdes o de una embarazada es tan fuerte que "puede hacer que se corte la leche, se aclare una mazamorra o se destiemple una campana a la hora de la fundición", dicen.

Karen Natalia Tristancho López, de 11 años, ha aprendido a hacer moldes con su hermano, pero para ella el mito de su familia no es machista. "No hay problema en prohibirles a las mujeres de ojos claros acercarse a los hornos, porque realmente su mirada puede dañar la fundida de una campana, pero no me parece que a una embarazada le impidan verla, porque ese estado es muy bello como para causar algún daño", dice.

El secreto para producir una buena campana está en la combinación de los materiales con los que se fabrica: cobre, bronce y estaño, que se someten a temperaturas de 1.200 grados centígrados para fundirlos.

"En esa aleación está el 80 por ciento del éxito de una campana", asegura Sergio.

La técnica que usan se llama molde perdido, pues el molde para una campana solo se utiliza una vez y se rompe. Por eso, no hay dos campanas iguales en el mundo.

La campana se funde en una sola pieza, toda y en un solo instante. Tres segundos tarda en llenarse el molde para una campana de 300 kilos de peso. Y si se falla en esta operación, el trabajo de dos meses se habrá perdido.

Luego se deja enfriar naturalmente, sin acelerar el proceso durante uno o dos días, según su tamaño, para pulirla manualmente.

La única competencia que tienen los Tristancho es la de Simón Castro. Pero él introdujo cambios en la fundición y usa un horno de Acpm y aceite quemado.

Aunque no hay una época fija para fabricar campanas, ni a Los Tristancho ni a Castro les falta el trabajo. Lo combinan con la fabricación de pailas de cobre o con el cultivo de cebolla, maíz y papa.

"Al año yo fabrico entre 20 y 30 campanas y se cobran por kilos (un kilo cuesta 20.000 pesos)", afirma Reinaldo.

Además, no solo los sacerdotes y las parroquias son clientes. También, propietarios de haciendas mandan a hacer campanas de diferentes formas y tamaños para adornar sus fincas.

Ahora, sin embargo, la preocupación es que la industria campanera de Nobsa está amenazada, pues a los hijos varones de los Tristancho no les llama la atención seguir con este arte centenario porque lo consideran un trabajo muy duro.

Paso a paso de una campana

Fabricar una campana requiere dos meses de trabajo, que empiezan con la elaboración del molde, en el que se utilizan tres tipos de arcillas diferentes, mezcladas con estiércol de caballo. "Se hace un armazón en guadua y se comienzan a aplicar capas que se dejan luego secar. Esta operación se repite varias veces", explica Reinaldo Tristancho.

Posteriormente, se tornea el interior y el exterior del molde, dándole la forma de la campana, y se le aplica cebo de oveja como desmoldante.

Luego, se coloca un contramolde y se le somete a calor para que se absorba el cebo y se puedan despegar el molde y el contramolde. A continuación se quema el molde y el contramolde, para que al ajustarlos nuevamente se cree el vacío que se llenará con los materiales fundidos.

Y, después de la fundición, se deja enfriar naturalmente dos días.

HÉCTOR H. RODRÍGUEZ A.
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
SOGAMOSO

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