La estrategia de la crispación

La estrategia de la crispación

10 de marzo 2009 , 12:00 a. m.

En otros tiempos, a ningún periodista se le habría ocurrido ir a la Corte Suprema de Justicia y entrevistar a un magistrado sobre temas políticos, de coyuntura, o sobre el estado de las relaciones Corte-Ejecutivo. Se hubieran estrellado siempre con una tapia ciega, sorda y muda.

Antes, los magistrados sólo se pronunciaban en providencias. Llenaban, también, sí, decenas de cuartillas en revistas especializadas de las universidades, de las academias, o dictaban conferencias con las que solían enriquecer el debate jurídico.
La vida de los magistrados, en fin, era ajena al boato. Su tiempo libre pasaba por la literatura, la filosofía, la música, la tertulia y por los fines de semana en familia. Sus providencias eran piezas llenas de erudición, buen juicio, conciencia ética, sentido común -a propósito, informo que las sentencias de Fernando González, el filósofo de 'Otraparte', están a punto de perecer, arrumadas como basura estorbosa en el archivo judicial de Medellín-.

A ciertos (pocos, pero poderosos) magistrados de la Corte Suprema se les ve hoy en las revistas y periódicos, sí, pero no en plan académico sino político o, peor, farandulero. Desde allí hablan, un día sí y el otro también, sobre complots imaginarios y se autorretratan como heroicos luchadores en trance de ingresar al martirologio republicano.

'Temo por mi vida', titula la última entrevista de uno de ellos en El País, de España. Allí, un magistrado insinúa, con toda la malicia, que bien pudieran ser el Presidente o amigos del Presidente quienes le infunden ese miedo cerval.

Otro, en entrevista política concedida a El Espectador, con titular escabroso: 'No es cierto que estemos delirantes y escondidos bajo los escritorios', anuncia -sin respetar a sus compañeros, que son cabeza de la rama judicial- que les propondrá renunciar a su función soberana local, para humillar a Colombia en los estrados judiciales internacionales. Su objetivo es hacer creer al mundo que somos una vil republiqueta a la que gobiernan cafres y chafarotes.

Algunos magistrados de hoy suelen hacer suntuosos vuelos chárter, rumbear en clubes, inaugurar 'enotecas'. ¡Ah, y les encanta la política! ¡Bueno, nada de raro tiene eso! Al fin y al cabo, tan titulares son ellos del poder del Estado como lo son los ministros y los congresistas. Pero -y en esto sigo al pie de la letra las enseñanzas de Rubio Llorente- no recuerdan que en temas estatales no pueden tomar iniciativas sino sólo dar respuestas. No pueden hacer valer sus preferencias, por más convencidos que estén de su razón.

A diferencia de ministros y congresistas, los magistrados ni siquiera pueden defenderse de acusaciones injustas ni entrar en polémicas. Su sola protección es el delito de desacato o las mismas acciones contra la injuria y la calumnia que tienen todos los ciudadanos.

No es entendible, entonces, que algunos magistrados anden en plan de constantes ruedas de prensa y lean comunicados y salgan a mirar a la gente, amedrentadores, desde la carátula de una revista, o lancen rayos flamígeros sobre quienes se atrevan a revirarles. ¿Se sienten 'Los Supremos', como aquellos generales, algo atrabiliarios, que se insurreccionaron contra el Gobierno democrático y constitucional en 1840 y terminaron siendo el embrión de uno de los partidos históricos de Colombia?

¡Eso!, algunos (pocos, pero muy notorios) magistrados, a veces, creen estar en un partido político y no en la Corte: en el Partido Judicial Nacional o, también, el de Los Supremos. Su plataforma política es simple: aplicar la estrategia de la crispación, que consiste, según Maravall, su enunciador, en tratar de echar a los gobiernos con operaciones de agresión a fondo, sin límites, disponiendo de ingentes medios económicos, judiciales y de comunicaciones. Recuerden cuando lean, oigan o vean ciertas cosas: ¡la estrategia de la crispación!

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