Alicia Arango, su secretaria privada, es la mujer que le habla sin rodeos al Presidente

Alicia Arango, su secretaria privada, es la mujer que le habla sin rodeos al Presidente

De ella se dice que tiene "la llave para entrar al reino" y que es de las pocas que se atreve a 'cantarle la tabla'. Sin duda, es la funcionaria que tiene más acceso y contacto con él.

07 de marzo 2009 , 12:00 a.m.

Nadie, ni ministro alguno ni siquiera la Primera Dama, lo  acompaña tanto en sus correrías dentro y fuera del país.

Su influencia sobre el mandatario -dicen en Palacio- se acentuará cuando se convierta (dentro de una semana) en la única sobreviviente del llamado 'sanedrín' que acompaña a Uribe desde el 2002.

A más tardar el próximo jueves se irán el asesor José Obdulio Gaviria y el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, quienes con Alicia conformaban el primer anillo de confianza del Jefe de Estado.

Llegó a la primera campaña presidencial de Uribe, luego de ser la directora del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), en la administración de Enrique Peñalosa, con quien hizo carrera.

En los pasillos de Palacio Alicia comenta que su hijo menor, José María, de 17 años, disfruta de las infidencias de la política, tras haberse 'criado' junto al ex alcalde y a Uribe.

Solo una vez quiso renunciar

Desde 2002 ha estado al pie del cañón. A diferencia de Restrepo y Gaviria, ella solo ha intentado renunciar una vez en estos seis años. Fue a mediados del 2004, cuando rompió su noviazgo con el entonces asesor presidencial José Roberto Arango.

El Presidente la convenció de quedarse y esa incondicionalidad la ubica hoy como una de las pocas (si no la única) que se dirige a Uribe sin lenguaje reverente.

Le dice "Pre", con un dejo de confianza, casi familiar, y es de las que sabe, a ciencia cierta, qué regalarle en Navidad. En diciembre pasado, le dio un juego de reflectores (comprado en Alkosto), para que Uribe monte a caballo de noche en los alrededores de su casa de El Ubérrimo.

Alicia sabe hablarle sin 'pelos en la lengua', como cuando a finales del año pasado le reclamó que hubiera objetado la ley de tratamiento a los niños con cáncer. Le argumentó que eso debía ser aprobado sin importar el hueco fiscal que generara. "Tienes razón: voy a mandar a revisar eso", le contestó Uribe.

Ella, incluso, bromea cuando el mandatario se queja del desempeño de algún funcionario. " 'Pre', usted fue el que lo nombró", le dice.

Frases como esa ilustran su irreverencia, propia de su cultura costeña. Va siempre alegre, elegante y vistosa. Es desparpajada. Sus atuendos, con aire caribe, son de colores vivos y brillantes. Su delgadez la hace ágil en sus maneras.

Hace uso de sus dichos cartageneros cuando Uribe se lamenta de alguna declaración que alborota el avispero. "¡Ajá, muerto!, ¿quieres misa?", le dice para significarle que no hay avemaría que valga después de 'meter la pata'.

Su expresividad y lenguaje son diametralmente opuestos a los de Uribe. Mientras él solo habla de trabajo y de política, ella les dice a las mujeres de su oficina que deben "quitarse las arrugas" y probar dietas. "Todas tenemos que estar bonitas para tener novio", les recomienda.

Incluso, convenció a una ellas de hacerse la 'lipo'. También adora bailar cumbias y porros frente a un Presidente que "es mal parejo".

Sus amigos en la Casa de Nariño comentan que tiene un carácter frentero. Ximena Garrido, su mano derecha en la secretaría privada, cuenta que Alicia es directa. "Dice las cosas claras y sin  adornos. A mí me dice, cuando le doy vueltas a un asunto, que 'empiece por la conclusión' ".

Tiene fama de no guardarse nada. Sobre el referendo reeleccionista, del que Uribe no habla, ella dice que debe ser tramitado, porque los millones de firmas que respaldaron la iniciativa "no pueden quedar en el aire".

Tiene un claro sentido de la autoridad y del orden. Confronta al que sea. "¡Mentira!, eso no es verdad", les replica a altos funcionarios del gabinete, para controvertir una cifra o reprochar una excusa sobre metas sin cumplir.

Detesta que se prometan objetivos imposibles. En un reciente Consejo de Ministros, cuando discutían metas del Gobierno, le 'jaló las orejas' al gabinete: "Les recuerdo que los plazos hay que cumplirlos y a veces no lo hemos hecho".

Son pocas las veces que los ministros o el mismo Uribe le responden. Como dicen los senadores Armando Benedetti y Samuel Arrieta, asiduos visitantes de la Casa de Nariño, Alicia "manda".

Es ella quien determina la agenda del Presidente. Selecciona los eventos entre unas 700 solicitudes diarias que piden audiencia hasta para que asista a bautizos.

Muchas veces también decide si vale la pena que un ministro hable o no con Uribe. Le da prioridad a las citas que estos piden, a menos que ella considere que el problema puede ser resuelto sin la intervención del mandatario.

El alto consejero presidencial para las regiones, Miguel Peñaloza, la describe como "una berraca, ordenada y con temperamento". Y la justifica: "Somos un equipo exigido al tope y vivimos sometidos a una tensión muy tenaz. Son normales los roces y es posible que Alicia a veces se equivoque en la forma, pero de eso sufrimos todos".

Peñaloza se ganó una vez un regaño de ella en un consejo comunal en el 2007.

Él cometió el error de accionar la chicharra (usada para controlar los tiempos de las intervenciones), cuando el entonces Gobernador del Valle, el ex sindicalista Angelino Garzón, defendía los esfuerzos del Gobierno en favor de los trabajadores. "¡Pero cómo lo va a parar en ese momento!", le reprochó Alicia en tono de regaño.

Peñaloza reconoce que en esa pelea, "como en todas", ella ha tenido la razón.

De amores y odios

Precisamente ese "tono" de Alicia le produjo un desencuentro con el comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo (su amigo), el día de la liberación de Alan Jara, que casi lo saca del Gobierno.

Ella le dijo a Uribe que los periodistas tenían derecho a registrar la llegada de Jara al aeropuerto de Villavicencio. "No pueden pagar justos por pecadores", le argumentó Alicia, en referencia a la molestia que había causado la presencia de los reporteros Jorge Enrique Botero y Hollman Morris en la liberación de cuatro uniformados.

Alicia llamó al Comisionado a decirle, con su voz en alto, que permitiera el ingreso de la prensa. Le dejó claro que era una "orden del Presidente" y no una sugerencia. Ya superaron el roce.

Tiene buenos amigos en el gabinete, como los ministros Jaime Bermúdez (de Exteriores), Luis Guillermo Plata (de Comercio), y Diego Palacio (de Protección Social). También el ex ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias; el secretario jurídico de la Presidencia, Edmundo del Castillo; y el secretario general, Bernardo Moreno.

Otros se limitan a ser sus compañeros de trabajo. Hay quienes creen que "es descontrolada", que "le falta serenidad" y que "grita". No lo dicen en voz alta, pero en la Casa de Nariño se sabe, por ejemplo, que Alicia y José Obdulio Gaviria no pasan del saludo.

Pero, eso sí, son varios los que se acercan a ella para murmurarle cosas que no se atreven a pronunciar en voz alta, y menos en frente del Presidente: "Dilo tú", le piden.

andoso@eltiempo.com.co

ANDRÉS GÓMEZ OSORIO
REDACCIÓN POLÍTICA

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