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Bogotá excluyente

Bogotá excluyente

La tendencia del Alcalde a excluir los problemas, en vez de afrontarlos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de febrero 2009 , 12:00 a. m.

"Colombia: el riesgo es que no entiendas", pensé mientras recorría Bogotá con unos extranjeros que vinieron al Hay Festival. Después de maravillarse con las murallas cartageneras, pero también con la muralla invisible que separaba la ciudad en guetos, afrontaban requisas de centros comerciales, tropas de escoltas en restaurantes, soldados que custodiaban parques y hasta un tanque militar que andaba por la 7a. La obsesión por la seguridad, que a nosotros nos parece natural, era para ellos un síntoma de guerra y alguno confesó tener una regresión a la dictadura que había vivido en su país.

Todo podía explicarse recurriendo a la Seguridad Democrática, pero el problema conceptual surgió cuando les informé que el Alcalde de Bogotá era del Polo Democrático, el partido de izquierda que se oponía a las políticas de Uribe. Me vi obligada a aclarar ese detalle porque ellos asociaban ciertas medidas restrictivas con la "doctrina" uribista. No los culpo: la orden de no sacar carros particulares el 5 de febrero -a menos que fueran militares o blindados-, la de no salir el viernes 6 si la placa terminaba en tales números, y el toque de queda que prohibía a los adolescentes caminar por ciertas zonas durante las noches del fin de semana, se asimilaban a medidas de corte derechista. Pero, como diría algún eslogan, Colombia es sorprendente.

Confieso mi incapacidad para ayudarles a entender lo que resultaba inexplicable recurriendo a marcos conceptuales. ¿Cómo explicar que el movimiento que unos meses antes había invocado el criterio de los jóvenes de 16 años para invitarlos a una consulta interna del partido fuera el mismo que ahora les prohibía salir a la calle, so pena de encerrarlos en comisarías y, quizás, prenderles fuego? "Debemos aplicar mano fuerte porque está de por medio la vida de nuestros jóvenes. Además, los padres de familia deben colaborar para que sus hijos no estén expuestos en altas horas de la noche a los peligros de la calle", declaró Jaime Dussán, senador del Polo. ¿Cómo explicar esas palabras, dignas del Generalísimo, que trasladaban la responsabilidad gubernamental de "los peligros de la calle" a los padres? ¿Cómo articular el eslogan de 'Bogotá más incluyente' con la tendencia a excluir los problemas, en vez de afrontarlos con políticas integrales y congruentes con un ideario de gobierno?

Basada en el eslogan de 'Colombia es pasión', les sugerí a los extranjeros que, en vez de devanarse los sesos en busca de líneas conceptuales para explicar el gobierno de la ciudad, buscaran claves de bolero. Quizás por ansiedad, angustia y desesperación, el Alcalde había decidido que si no podía controlar el tráfico, era mejor restringirlo por decreto y "flexibilizar horarios" o trabajar en la casa, porque el transporte público era insuficiente. Y si no podía garantizar entornos seguros para nuestros jóvenes, mediante el cumplimiento de medidas como no vender licor a menores, combatir la venta de drogas, involucrarlos en proyectos formativos, fortalecer estrategias de cooperación que implicaran a los padres y brindar condiciones de seguridad en las calles, lo mejor era encerrarlos hasta los 18. (Perfecto, pero ¿qué harían al otro día de su cumpleaños? ¿La mayoría de edad les garantizaba condiciones de rumba sana, que no dependían solo de ellos y que no podían aprender a manejar ante la prohibición de salir?)

Unos jóvenes que siguen los debates del Concejo me contaron que, frente a las peleas violentas entre tribus urbanas -un tema que requiere ser tomado en serio-, circula la propuesta delirante de decretar un pico y placa de pandillas. Así, el jueves saldrían los emos, el viernes, los punks, el sábado, los metaleros, etcétera. No supe si se burlaban, pero me recordaron las palabras de un urbanista: "Si restringir la circulación de alrededor del 40 por ciento de los carros da resultados, ¿se imaginan los resultados que podría mostrar Samuel al restringir el ciento por ciento? Por supuesto, tampoco hablaba en serio. ¿Quién puede hablar en serio ante la falta de seriedad de los proyectos políticos que fueron elegidos para explorar otras alternativas de gobierno?

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