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Creciente influencia de Google en la vida de las personas genera críticas y temores

Creciente influencia de Google en la vida de las personas genera críticas y temores

Cada vez que lanza un nuevo producto o servicio debe dar explicaciones o tomar posteriores medidas para proteger la privacidad de sus usuarios.

Cuando en 2004 la revista Playboy les preguntó a Larry Page y a Sergey Brin, fundadores de Google, si la frase "No seas malvado" era cierta, además de confirmarla explicaron que con ella tratan de definir con precisión lo que significa ser una fuerza del bien que siempre busca hacer lo correcto.

Este lema, que hace parte de su código de conducta, se traduce en la oferta de servicios útiles y gratuitos, en el uso de las tecnologías de Google para promover fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro así como actividades ecológicas, que incluyen hasta Google.org, un sitio filantrópico que impulsa iniciativas ambientales, de prevención de epidemias y de apoyo a pequeñas empresas en países desarrollados.

El cumplimiento de la frase y la calidad de sus productos y servicios ha llevado al gigante de Internet a ser una de las marcas más valoradas del mundo y la empresa preferida para trabajar en Estados Unidos, según la encuesta anual que realiza la firma Great Place to Work.

Google también provee servicios de correo electrónico (Gmail), aplicaciones de oficina (Google Docs) y para empresas (Google Apps), publicidad en línea (AdWords y AdSense), mapas (Google Maps y Earth) y un navegador web (Chrome), entre otros.

Nueve de cada 10 búsquedas en Internet en Colombia son realizadas a través de Google, mientras que el promedio mundial es de siete de cada 10. No sería exagerado decir que, de una u otra forma, cada uno de los 1.500 millones de usuarios de Internet en el mundo se ve influenciado por las tecnologías de esta empresa.

Todo esto suena muy bien, pero el creciente poder e influencia de Google también le ha generado críticas y ha llevado a algunos analistas a expresar temores sobre los peligros que podría ocasionar el que millones de personas dependan de una empresa para buscar información y conocer el mundo y, además, le confíen sus datos personales para poder usar sus aplicaciones.

Daniel Brandt, reconocido 'enemigo personal' de Google y editor del sitio Google Watch (www.google-watch.org), descubrió en 2002 que el buscador colocaba en el navegador web de sus usuarios una cookie (un archivo que almacena datos del usuario), y que esta expiraría hasta 2038. Esto generó alarma entre los defensores de la privacidad, pues las cookies sirven, entre otras cosas, para conseguir información sobre los hábitos de navegación de los usuarios.

Las críticas arreciaron, pero Google se defiende. Según ellos, almacenan información personal cuando sus usuarios se registran para un servicio, utilizan muchas cookies para saber cómo la gente hace búsquedas y usa sus aplicaciones, y registra información como la dirección IP del computador donde se accede, el tipo de navegador y el idioma, todo para ofrecer una experiencia superior a sus usuarios y mejorar la calidad de todos sus servicios. Cabe aclarar que las cookies son un invento de los años noventa y que la gran mayoría de los sitios más importantes en Internet las utilizan con los mismos fines de Google.

Pese a todo, el gigante de Internet sigue generando cuestionamientos. La organización Privacy International ha publicado estudios sobre el comportamiento de las principales empresas de Internet -que incluyen a Yahoo, AOL y Microsoft-, y sitúa a Google como la más peligrosa para la intimidad de los usuarios por almacenar datos personales durante períodos extensos e ir más lejos de lo habitual en el aprovechamiento de estos.

Todo esto llevó a Google a mejorar sus prácticas de seguridad desde mediados del año pasado, y entre las medidas que tomó sobresalen que la famosa cookie expira a los 24 meses (y no en 2038), y que toda la información almacenada se vuelva anónima después de 18 meses.

Los líos relacionados con la privacidad, en todo caso, no terminan ahí y no se detendrán, pues las innovaciones de Google en muchos casos tocan terrenos personales. Por ejemplo, la publicidad del servicio Gmail basada en las palabras de los mensajes de correo de las personas generó temores iniciales porque supuestamente Google leía la correspondencia, mientras que el servicio Street View, que muestra fotos cercanas de las calles de ciudades, causó temor por la publicación inicial de imágenes de casas y las caras de las personas.

Por eso, cada vez que Google lanza un nuevo producto o servicio debe dar explicaciones o tomar posteriores medidas para proteger la privacidad de sus usuarios.

Deterioro cerebral

Más de un usuario de Internet ha vivido esa íntima 'googledependencia' que le impide esforzarse para recordar un nombre o un hecho histórico porque lo podrá buscar en Google.

Muchos otros, en especial los estudiantes, tienden a acudir a 'San Google' para estructurar una investigación o una tesis. Y eso en el mejor de los casos, pues en muchos otros el santo les hará el milagro de darles los textos ya escritos, listos para copiar y pegar. Por supuesto, el facilismo intelectual y el plagio no son nuevos, pero la efectividad del buscador hace que sea más sencillo que nunca caer en ellos.

Entre las críticas en este campo destaca la del escritor y experto en tecnologías de información y comunicaciones Nick Carr, publicada en la revista cultural The Atlantic de julio de este año bajo el título ¿Google nos está volviendo estúpidos?

Allí, Carr se queja de sus dificultades para hacer lecturas profundas y culpa de ello al uso prolongado de Internet y de Google, que dan el material del pensamiento, pero también modelan el proceso de pensar. "Desde el punto de vista de Google, la información es una especie de materia prima, un recurso utilitario que puede ser explotado y procesado con eficiencia industrial -anota Carr-. Entre más piezas de información podemos obtener y más rápido podemos extraer su esencia, más productivos llegamos a ser como pensadores".

Ante la misión planteada por Google de organizar toda la información del mundo y hacerla accesible y útil para todos, y que el buscador se haya vuelto una ayuda casi indispensable para millones de personas, Carr teme que el cerebro humano se esté convirtiendo en un computador obsoleto que necesita un procesador más rápido y un disco duro más grande: Google.

Sin embargo, en el sitio web científico y artístico Edge.org, reconocidos intelectuales se oponen a culpar a Google de ese presunto 'deterioro cerebral'. El experto en inteligencia artificial y empresario Daniel Hillis admite que algo nos está volviendo estúpidos, pero descarta que la culpa sea del buscador. "Piense en Google como un salvavidas que nos han arrojado cuando crece una inundación. Es cierto, lo usamos para permanecer en la superficie, pero no por pereza, sino por supervivencia".

Kevin Kelly, cofundador de la famosa revista Wired, zanja el debate con un argumento muy elocuente: aun si se admitiera la pérdida de 20 puntos en el cociente intelectual por usar el famoso buscador, "la mayoría de nosotros escogería quedarse con los 40 puntos que ganamos al usar Google todo el tiempo".

La 'googlelización' de la realidad

A mediados de 2005, cuando Google anunció su proyecto de digitalizar todos los libros del mundo, Francia señaló a la empresa como enemiga en su batalla por defender su lengua y su cultura. Intelectuales y políticos galos la calificaron como defensora del imperialismo angloparlante, mientras que Jean-Noël Jeanneney, presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, presentó a Google como la secuestradora del pensamiento mundial.

Aunque las cosas se calmaron tras algunas aclaraciones por parte de Google, el tema quedó sobre el tapete. En diciembre de 2007, el doctor Hermann Maurer dirigió un proyecto del Instituto de la Información y Computación de la Universidad de Tecnología de Graz (Austria), titulado 'Reporte sobre peligros y oportunidades de los grandes motores de búsqueda, en particular Google'.

El estudio no desconoce las bondades de estos sitios, pero sus críticas no son nada despreciables. Aparte de señalar que "Google se ha tornado en la más grande y poderosa agencia de detectives que el mundo ha conocido", observa con preocupación que se está convirtiendo en la principal puerta de entrada hacia la realidad. "En el momento, Google determina la forma como buscamos y encontramos información", y dicta cuál recibimos y "cuál es negada o intencionalmente suprimida".

El gran buscador no se ha pronunciado sobre estas críticas, aunque en sus páginas explica la forma como la información se presenta tras las búsquedas. Además, siempre resalta que su objetivo es organizar y permitir el acceso a toda la información del mundo, y no brindar su propia mirada de la realidad. Sergey Brin, cofundador de Google, resaltó en una entrevista en 2005 al Financial Times: "Hace 10 años, el más premiado investigador de la Universidad de Stanford no tenía tanto acceso a la información como hoy lo puede tener cualquiera cerca de un café Internet de Bangladesh".

Por lo pronto, Google ha sido fiel a su vieja frase "No seas malvado". Sigue siendo el aliado diario de millones de personas y pese a las críticas y los estudios negativos, no hay una creencia generalizada de que esté haciendo mal las cosas. Al respecto, el periodista francés Bernard Girard, autor del libro El modelo Google, le dijo a CAMBIO que, efectivamente, en su primera década las acciones de los fundadores de Google han sido bienintencionadas y su empresa ha sido muy buena, "pero es un riesgo real que en el futuro no lo sea tanto".

NO ES MONOPOLIO

"Pienso que la gente tiende a exagerar la importancia de Google en dos direcciones. Algunos dicen que Google es Dios. Otros, que Google es Satán. Pero si ellos piensan que Google es tan poderoso, recuerden que con los motores de búsqueda, a diferencia de otras compañías, toma un solo clic para irse a la competencia. La gente va a Google porque quiere, no los engañamos".

Sergey Brin, en entrevista a Danny Sullivan (2003).

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