Los ateos salen del clóset

Los ateos salen del clóset

Una encuesta de Opinómetro-Datexto en 13 ciudades revela que el 3,3 por ciento de los colombianos no cree en Dios. En 2001, era el 0,4 por ciento de la población.

12 de noviembre 2008 , 12:00 a.m.

"El operativo tuvo la luz del Espíritu Santo y la protección de nuestro Señor Jesucristo y de la Virgen en todas sus expresiones", dijo el presidente Álvaro Uribe tras la liberación de Íngrid Betancourt y otros 13 secuestrados que llevaban varios años en poder de las Farc. La religiosidad del mandatario se manifestó durante algún tiempo en la propia página web de la Presidencia con una frase que en algún momento recuperó el columnista Daniel Samper Pizano y que no se sabe cuándo y por qué desapareció: "Cuando el pueblo colombiano despierte, cuando el pueblo colombiano anochezca, tiene que pensar en Dios, en la Virgen María y en su Ejército".

El Presidente invoca a Dios con frecuencia, el rosario está institucionalizado los miércoles en la Casa de Nariño y los colombianos han visto al primer mandatario orando ante el cuerpo embalsamado del padre Marianito, hincado de rodillas al lado del cardenal Pedro Rubiano y del presidente de la Corte Suprema, e incluso, hace apenas tres semanas, invitando a la Junta Directiva del Banco de la República a pensar en el Espíritu Santo al decidir sobre las tasas de interés. Con justa razón, Lola Salcedo escribió en su columna de El Espectador que "ni en tiempos de doña Soledad Román de Núñez se boleaba tanta camándula ni se atribuía a la acción divina tanto".

No cabe duda de que millones de colombianos ven con buenos ojos las constantes expresiones religiosas del Jefe del Estado, pero algunos no están de acuerdo y han abierto un debate sobre si el Presidente, símbolo de la unidad nacional, está propiciando la aparición de un Estado confesional en contravía del Estado laico consagrado en la Constitución del 91.

En la polémica han terciado constitucionalistas, columnistas y científicos, y el debate ha servido para que algunos ateos hayan salido del clóset en defensa de sus no creencias religiosas.

En el programa del 18 de julio de Radiosucesos de la Mañana, de RCN, en medio de una discusión sobre si el Presidente atentaba contra la libertad de cultos y el derecho a la igualdad cuando rezaba el rosario frente a las cámaras del Canal Institucional, Juan Gossaín le preguntó al ex decano de Derecho de la Universidad del Rosario Juan Manuel Charry si era un religioso practicante. "No, Juan, yo soy ateo", contestó el abogado constitucionalista. Gossaín, entonces, le replicó medio en broma: "Ateo es aquel que sabe que hay que dar las gracias pero no sabe a quién, ¿no es cierto?". Pero con el tono firme de quien quiere dejar sentado un precedente, Charry le respondió: "Ateos somos los que no creemos en la existencia de Dios, Juan".

Al banquillo

En Colombia hay más ateos de lo que pudiera pensarse. O agnósticos, que son los que ante la imposibilidad de demostrar la existencia o la inexistencia de Dios, solo aceptan el conocimiento científico, verificable. "No me parece ni razonable ni justo que a una persona dotada de facultades intelectuales se le diga que tiene que sostener una doctrina porque sí", sostiene Andrés Mejía Vergnaud, investigador, columnista y promotor de una sociedad colombiana de ateos. Por su parte, la periodista María Jimena Duzán se siente identificada en su ateísmo con el filósofo español Fernando Savater, quien afirma que es un  "suicidio intelectual" caer en la credulidad y en la fe, y que en cuestiones políticas o legales "Dios debe guardar silencio institucional".

Una encuesta realizada por Datatiempo en 2001 mostraba que de las 308 personas interrogadas en cuatro ciudades (Bogotá, Barranquilla, Cali y Medellín), el 0,4 por ciento no creía en Dios. En contraste -aunque no son comparables en sentido estricto-, una de Opinómetro-Datexco hecha para CAMBIO con 700 encuestados reveló que ese porcentaje ha subido a 3,3, cifra aún distante del 27 por ciento de Estados Unidos, el 59 por ciento de Alemania o el 73 por ciento de Francia, según una encuesta publicada por el diario Financial Times en 2006.

Pero si en Colombia el fenómeno se ha hecho manifiesto a raíz de las exhibiciones de religiosidad del Presidente, en el resto del mundo surgió con fuerza después de los atentados del 11-S y el ambiente de guerra santa que generó, de los escándalos de pederastia en los que se vio mezclada la Iglesia de Roma, y de la discusión académica sobre las teorías creacionista y evolucionista en cuanto al origen de la vida.

Hernán Toro, del grupo paisa Escépticos Colombia, escribió en su blog de eltiempo.com: "Los ateos están empezando a salir del clóset para mostrar sus puntos de vista, debido a que la irracionalidad y el fanatismo religioso inundan el mundo y amenazan con un choque de civilizaciones, mientras corrientes retrógradas erosionan la ciencia y la democracia".

Contra el fanatismo

Las creencias religiosas son del fuero interno de las personas, pero, a raíz de los hechos mencionados, prestigiosos autores como los británicos Richard Dawkins y Christopher Hitchens, el filósofo francés Michel Onfray y los estadounidenses Daniel Dennett y Sam Harris, han llevado el debate al escenario de lo público, convencidos de que religión y política son una mezcla explosiva.  "Sospecho que el número de personas preparadas para admitir que son ateas está creciendo -le dijo a CAMBIO Richard Dawkins, profesor de la Universidad de Oxford-. Este crecimiento se debe a la cantidad de libros recientes sobre el tema, pero sobre todo a que la gente, tanto en los Estados Unidos de Bush como en el mundo islámico, está harta de la influencia de la religión".

Margaret Downey, presidenta de la Alianza Internacional de Ateos, fundada en 1995, se convirtió en activista contra la discriminación de los ateos desde cuando a su hijo le negaron el ingreso a los boy scouts por no ser creyente. Sostiene que autores como Dawkins, Hitchens, Dennett y Harris les han abierto camino a quienes no creen ni en el rejo de las campanas, y dice que el presidente de Estados Unidos también puso su granito de arena. "La payasada de Bush en nombre de Dios repelió al público e incluso a gente religiosa, que objeta la mezcla de gobierno y religión", dijo a CAMBIO.

El 11-S reabrió el debate sobre cuáles son las ventajas morales que, según los teístas, dan las religiones a sus fieles. "Los 19 asesinos suicidas de Nueva York, Washington y Pensilvania eran, sin lugar a dudas, los creyentes más sinceros que viajaban en esos aviones", anota Hitchens en su libro Dios no es bueno (Debate, 2008), y luego expresa su decepción por la reacción de los líderes religiosos estadounidenses que instigaron a la guerra contra los "enemigos de Dios" y hasta explicaron los atentados como un castigo por tolerar la homosexualidad y el aborto. "En lugar de una discusión racional sobre cuál era el mejor modo de contener y derrotar el fanatismo religioso, uno presenciaba el mutuo refuerzo de dos variedades de aquella misma histeria: el ataque yihadista volvía a conjurar al fantasma manchado de sangre de los cruzados".

Ética y moral

Tito Livio Caldas, abogado, politólogo y fundador de Editorial Legis, señala dos causas que explican la explosión de ateos en los últimos años: "Los horrores del fundamentalismo y, sobre todo, el extraordinario desarrollo científico del mundo actual".

Caldas cuenta que se volvió ateo muy joven y que todo empezó en 5° de bachillerato en el colegio de San Simón de Ibagué, cuando con 25 compañeros  organizó el Centro de Disquisiciones Filosóficas para estudiar temas de filosofía, historia y ciencia. "Nunca encontraba a Dios en las explicaciones de ningún tema científico", dice. Poco a poco fue llegando a la conclusión de que ante el avance de la ciencia, los vacíos del conocimiento donde se oculta la superstición iban desapareciendo. "La estrategia de rellenar con la palabra 'Dios' lo que no se comprende va perdiendo fuerza", remata. Para el fundador de Legis no solo la religión es incompatible con la razón, sino que es posible una vida ética sin necesidad de creer en un ser superior.

El ingeniero paisa Antonio Vélez, autor del libro Del Big Bang al Homo sapiens (Villegas, 2008) explica que su ateísmo comenzó cuando era adolescente. Le parecía absurda la idea de que Dios viniera a la Tierra 200.000 años después del Homo sapiens, y que dejara por fuera civilizaciones milenarias de América, Asia, Australia y África. "Además, la teoría de la evolución darwiniana me hizo más clara la innecesaria existencia de un Dios creador de las especies vivas, una por una".

Más recientemente, el estudio del cerebro y su cableado de neuronas, su química y sus impulsos eléctricos registrables y mensurables, ha contribuido en buena medida a quitarles aún más espacio a las explicaciones metafísicas y trascendentes de fenómenos físicos. "Los vacíos se reducen según avanza la ciencia, y finalmente Dios se ve amenazado con nada qué hacer y ningún lugar dónde ocultarse", anota Dawkins en su libro El espejismo de Dios (Espasa, 2007).

Efecto Darwin

El ex magistrado Carlos Gaviria, presidente del Polo Democrático y agnóstico declarado, considera que la creencia no tiene solidez y que, por tanto, "la gente que ha construido su ética en la creencia, cuando deja la creencia se queda sin moral".

Agnóstico también se declaraba el hombre que desde la ciencia sembró las semillas que hoy germinan de nuevo: el biólogo británico Charles Darwin, quien plasmó en El origen de las especies (1858) su teoría de la evolución natural, que siglo y medio después sigue vigente como una explicación más razonable que la que da la Biblia en el Génesis, y que constituye uno de los pilares más sólidos del ateísmo y el agnosticismo.

Curiosamente la obra de Darwin nunca figuró en el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum o Índice de libros prohibidos, creado en 1559 por la Sagrada Congregación de la Inquisición de la Iglesia Católica -hoy Congregación para la Doctrina de la Fe- para censurar publicaciones catalogadas como perniciosas para la fe y la religión.

Según el arzobispo Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, "no existe a priori incompatibilidad entre las tesis de Darwin y la Biblia". Lo dijo hace pocos días en la presentación del congreso internacional 'Evolución biológica: hechos y teorías', que se celebrará en Roma en marzo del año entrante con motivo de los 150 años de la aparición de El origen de las especies.

El prelado reconoció que teólogos y científicos se mueven en terrenos diferentes, pero señaló que "hace falta un acto de humildad de los teólogos, que deben escuchar y aprender, y que algunos científicos que consideran la fe y la teología como una herencia de un paleolítico intelectual, superen la arrogancia".

La crítica del ateísmo cuenta con destacados abanderados, como el científico Francis Collins, cristiano evangélico, ex director del Proyecto Genoma Humano y premio Príncipe de Asturias (2001). En su libro ¿Cómo habla Dios? (Planeta, 2007) argumenta que si Dios está fuera de la naturaleza, la ciencia no puede probar ni refutar su existencia, y señala que "el ateísmo mismo debe considerarse como una forma de fe ciega, ya que adopta un sistema de creencias que no se puede defender con base en la pura razón".

Por su parte, el colombiano Julián Gutiérrez, magíster en Teología de la Escuela de Teología Talbot de la Universidad de Biola, California, sostiene que la dificultad del ateísmo es la misma del teísmo. "Probar en un laboratorio la existencia o no existencia de Dios es imposible. Por tanto, el ateísmo, lo mismo que el cristianismo, descansa en una presuposición filosófica".

De todas maneras, la discusión civilizada de ideas produce un efecto saludable en una sociedad que, como la colombiana, vive niveles muy altos de intolerancia. Aun así, aunque los ateos están saliendo del clóset, según la encuesta de CAMBIO el 71 por ciento de los interrogados no está listo para votar por un candidato a la Presidencia que no fuera creyente.

¿POR QUÉ SOY ATEO?

Héctor Abad Faciolince,
escritor

"En mi adolescencia leí una colección de ensayos de Bertrand Russell. Se llamaba Por qué no soy cristiano y su lectura significó comprobar que una persona de gran inteligencia, un gran filósofo y un gran matemático a la vez, confirmaba con argumentos fuertes y convincentes la falacia de la religión. Creo que dejar de creer en Dios, en el más allá, en cualquier tipo de supervivencia después de la muerte, pero sin abandonar una fuerte ética humanista, fue algo que más que cambiar mi vida la liberó del miedo a los espíritus, a los dioses, a los santos, a los castigos, a los premios... Dios es una hipótesis que no me hace falta, una creación humana para descargar la angustia ante la muerte y para postergar la inexistente justicia terrenal en una muy improbable justicia ultraterrena".

María Jimena Duzán,
periodista

"La religión siempre me ha generado más preguntas que certidumbres. La primera sorpresa que tuve fue en el colegio, cuando le pregunté a mi profesora de religión dónde quedaba el paraíso y ella me dijo que no podía ubicarse porque en realidad nunca había existido. Me identifico con Fernando Savater cuando dice que busca 'una veracidad sin engaños y una fraternidad humana sin remiendos trascendentes' en lugar de caer en la credulidad y en la fe".

Florence Thomas,
Grupo Mujer y Sociedad

"Soy atea pero respeto las religiones siempre y cuando se despojen de fanatismos. Ser atea no me impide admirar los frescos de muchas iglesias y saber que no podemos vivir sin elementos sagrados y espirituales para soportar lo insoportable. Sin embargo, para mí, defender a las mujeres y volverlas sujetas de derechos es difícilmente compatible con los preceptos de un dios masculino y demasiado severo con ellas. Vivo sin Dios y sin religión pero tengo miles de diosas: las mujeres de este país".

Jorge Alí Triana,
director de teatro

"Cuando presenté el examen de admisión en un colegio de curas, me pusieron esta tarea: 'Dé cinco pruebas de la existencia de Dios'. Contesté 'No puedo porque no creo que exista', y lógicamente no fui admitido. Desde ese día soy ateo, hereje, agnóstico y ferviente creyente en la materia y en la vida".

Carlos Palau,
director de cine

"La osadía de vender al hombre como hecho a imagen y semejanza de Dios es la mayor estafa de la Iglesia a la siempre incipiente y gregaria inteligencia humana, capaz de los mayores crímenes contra sí misma y contra su entorno".

Antonio Vélez,
ingeniero y matemático

"Antes de declararme ateo abandoné la religión católica en la que fui troquelado a mansalva y sin defensas intelectuales para contrarrestar la enseñanza temprana. Luego, la hipótesis de un Dios creador fue desapareciendo de mi panorama intelectual. Los avances de la ciencia van derrumbado las viejas religiones por innecesarias para explicar el mundo, por absurdas, pueriles, anacrónicas, injustas y crueles".

Juan Manuel Charry,
constitucionalista

"Soy ateo porque no he encontrado evidencia de la existencia de Dios. Desde niño inicié una búsqueda de la razón de mi existencia y exploré distintas creencias. No obtuve respuesta; por el contrario, todas invitaban a practicar una fe ciega. Hoy estoy en rebelión contra quienes predican que la vida está en otra parte y encuentro en la ciencia y en la razón los instrumentos para una vida feliz a partir de mis propias elecciones".

Tito Livio Caldas,
abogado, fundador de Legis

"De joven me di cuenta de que explicar algo o todo como obra de Dios no tenía ni consistencia ni razón. Entonces comprendí que el mundo de la ciencia y la razón era mi mundo, el que quería conocer, por el que estudiaba, leía, reflexionaba y discutía. La religión y la ciencia son dos mundos contrapuestos. Uno de los más nefastos efectos de las religiones es que nos inculcan como virtud el no preguntar y estar satisfechos con la ignorancia".

Andrés Mejía Vergnaud,
economista

"Crecí en un mundo donde el conocimiento científico había hecho ya enormes avances. A diferencia de la religión, la ciencia arranca de la duda y admite su propia falibilidad. La ciencia moderna ha incursionado en centenares de ámbitos antes dominados por la superstición. El dogma y la fe han sido sostenidos en ocasiones por la violencia. Ante esta comparación, me resultaba cada vez más difícil aceptar que tenía que tener fe".

LOS AGNÓSTICOS

Jorge Humberto Botero,
ex ministro de Comercio

"Soy agnóstico, no creo posible conocer a Dios, no creo en el diálogo con la Divinidad ni que Dios se ocupe de nosotros. Las religiones son invención del hombre para mitigar su orfandad. Las iglesias, su dimensión operativa, no pueden reclamar que están en posesión de 'la verdad'. Estamos solos en el mundo, nuestra vida está determinada en parte por fuerzas que no controlamos, pero también por nuestras propias decisiones. Es preciso encontrar el camino con el único apoyo de nuestro intelecto y sentido ético. Los debates en torno a la fe son insolubles. Que cada quien en su fuero íntimo resuelva lo que mejor le parezca. Todo intento de forzar a otros a creer o no creer implica un abuso intolerable".

Carlos Gaviria Díaz,
ex candidato a la Presidencia

"Soy agnóstico pero profundamente respetuoso de las creencias. Mi familia era católica practicante. Comencé a interesarme por el tema en mis primeros años de estudiante de Derecho, y Bertrand Russell fue un autor determinante. Mi vocación ha sido la filosofía, y dentro de esta, la ética. Y cuando uno se preocupa por estudiar la ética, tiene que saber si el fundamento debe ser religioso o si la ética debe tener bases más sólidas, bases no teológicas. La creencia no tiene solidez; la gente que ha construido su ética en la creencia, cuando deja la creencia queda sin moral".

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