Opinión/Mirador de Ciudad

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Del martirio al heroismo

29 de octubre 2008 , 12:00 a.m.
No ha existido en estos últimos tiempos un personaje político que haya soportado más intensamente la persecución, el secuestro moral y la cárcel, que Alberto Santofimio Botero.

Su génesis de dolor y aflicción se ha ocasionado por la intensidad de su destino, la entereza del desafío de su aspiración a la preeminencia nacional y el realismo de ser un líder de provincia cuya inteligencia y dotes de orador, le permitieron levantar una lucha desproporcionada y asombrosa.

Predestinado para pertenecer a la elite social y liberal de su departamento, entendió desde niño que estaba signado por la fuerza de una dirigencia sobresaliente, a buscar ser el heredero de los grandes del Tolima, que con Alfonso López Pumarejo y la pléyade de tolimenses eminentes que el impulsó, tenían registrado un sitio de inmenso honor en la república.

Dotado de especial sensibilidad para el ejercicio de la política, Alberto Santofimio Botero se sitúo tempranamente en la mesa directiva del liberalismo colombiano. Alguien lo señaló como el niño dios del Tolima y recuerdo que el doctor Carlos Holmes Trujillo, importante líder del Valle, expresó en el Club Campestre de Ibagué que de ninguna manera la historia nacional dejaría de pasar por Santofimio Botero.

Ha sido declarado libre de la inculpación del magnicidio de Galán Sarmiento, crimen por el cual estuvo secuestrado moralmente por más de 16 años y preso ahora por tres años y medio, en la intrepidez ignominiosa de querer implicarlo penalmente. Fue imposible que por tan largo tiempo el importante político logrará organizarse promisoriamente para el poder presidencial.

Le castigaron su sueño, le conculcaron sus derechos políticos, y fueron los enemigos del Tolima los acusadores y perseguidores que construyeron en la familia Galán la falsa convicción de que Santofimio era el responsable de la muerte del conductor asesinado, desviando hacia éste, todo el odio, la presunción siniestra y la acusación temeraria de su maledicencia, pretendiendo llenar el vacío de Galán con la muerte política de Alberto.

Pero hoy se confirman nuestras irreductibles presunciones en su inocencia. El sentimiento de los liberales tolimenses por el trato injusto contra su más sobresaliente líder que no ha podido reemplazarse por ningún jefe de las huestes de la política.
Retoma la grandeza que hace de su sencillez y amor por los humildes el mejor trofeo de su lucha y la convicción de que la tierra sagrada no ha producido todavía su reemplazo, porque para hacerlo, se requiere de un talento que es imposible edificar en la vindicta, el odio y la mediocridad de sus detractores.

¡Bienvenido Pluma Roja a los territorios en donde su cacicazgo no es producto de la oscuridad sino de la luz y en donde su verbo visionario no ha podido eclipsarse porque el amor del pueblo por usted, se formó en la esperanza y el orgullo de ser Tolimenses y Liberales!.

Por Armando Gutiérrez
Abogado 

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