Aldiber Giraldo Galeano, el policía que perdió las manos en la Panamericana

Aldiber Giraldo Galeano, el policía que perdió las manos en la Panamericana

A las 10:30 de la mañana del pasado lunes la vida de este sargento dio un giro inesperado: en medio de la refriega con los indígenas le estalló un artefacto que levantó del piso.

19 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Quedó sin sentido. Sus compañeros lo llevaron hacia la ambulancia, mientras veían que sus manos quedaron destruidas por el impacto de la explosión. Ante la gravedad de las heridas, los médicos de la Clínica Valle del Lili, en Cali, a donde fue trasladado Giraldo, no tuvieron otra salida que amputar las manos. Lo hicieron cinco centímetros arriba de las muñecas.

Desde entonces, las condiciones emocionales del suboficial, quien lleva 16 años en la institución, son difíciles. No habla mucho del tema, cuando lo hace, rompe en llanto.

Angie Valencia, la esposa del suboficial, dice que el lunes él salió temprano a servicio con la misión de recuperar el control de la vía Panamericana.

"Él (Giraldo) nos dijo que iban (los Esmad) hacia una montaña cuando vio una bolsa en el suelo. En el momento en que intentó abrirla le explotó en las manos", narra su esposa.

La explosión no solo destrozó sus manos; también causó daños auditivos.

"Las continuas explosiones en las disputas y de todo el ruido al que se tienen que enfrentar terminaron por afectar los oídos de Aldiber desde hace tiempo. Y la explosión del lunes lo remató: casi no escucha", dice su esposa.

Angie cuenta que también su visión está borrosa, como consecuencia del polvo y de la tierra que impactaron en sus ojos por la fuerza del estallido y en su rostro se revelan algunas quemaduras.

En la última semana, el suboficial de la Policía ha estado sujeto a constantes exámenes. "El oftalmólogo nos dijo que Aldiber puede recuperar la visión con un tratamiento. Pero por parte del otorrino aún sigue en observación. Lo único que le digo es que para que él escuche toca hablarle duro y pegado al oído", dice Valencia.

Aunque su familia le venía insistiendo en que se retirara de la institución para que les dedicara más tiempo a su esposa y sus dos hijas, de 8 y 12 años, el suboficial decía que quería seguir en la institución.

Pero el lunes su esposa y su mamá, Nubia Galindo, recibieron la noticia a la que siempre le tuvieron miedo.

Viajaron desde Pereira hasta Cali. Cuando lo vieron, el impacto emocional fue muy fuerte, "pero hemos sacado valor para apoyarlo y que salga adelante".

El viernes en la tarde el cuerpo médico acordó darle la salida, pero con estrictos controles.

Tan pronto como se enteró de su salida, Giraldo comenzó a pensar en el drama que será el reencuentro con sus dos hijas, que lo esperaban en Pereira.

"Debo salir adelante y, confiando en Dios, poder recuperar de alguna manera mis manos para seguir trabajando", le dijo el policía a su familia.

Precisamente, ahora, conscientes de su discapacidad, Giraldo y su familia esperan el análisis de un cirujano para establecer qué camino seguir.

El objetivo es saber si es posible un implante de manos. "La ciencia ha evolucionado mucho y cualquier cosa es posible en la alta cirugía", señala su esposa.

REDACCIÓN JUSTICIA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.