La suerte está echada

La suerte está echada

16 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

El miércoles pasado, Estados Unidos tuvo la última oportunidad de ver a sus candidatos presidenciales cara a cara a 21 días de las elecciones. Este tercer debate entre el republicano John McCain y el demócrata Barack Obama fue de lejos el mejor de los tres encuentros: más dinámico, con más contrapunteo de ideas, y preguntas más específicas. Todo esto con un ingrediente adicional: el senador McCain incluyó en una de sus respuestas su soporte al Tratado de Libre Comercio con Colombia, que desembocó en un toma y dame sobre la condición del país como sólido aliado de E.U. en la región.

A pesar de su intensidad, el debate, como se esperaba, no alteró las tendencias en favor de la campaña demócrata que se han venido marcando desde el inicio de la crisis financiera. Obama lidera las encuestas nacionales más importantes con un promedio de 6 puntos de ventaja. Este repunte tiene una sola explicación: los votantes estadounidenses confían más en los demócratas para enfrentar la deteriorada situación económica.

Por eso, la estrategia de ataque de McCain en el debate, si bien le dio sabor al encuentro y puso en plata blanca algunas falencias de Obama, no se tradujo en mayor favorabilidad en las más recientes encuestas. Al contrario, en ataques como la conexión con William Ayers, un ex guerrillero de los 60, el candidato republicano le dio la razón a la crítica de sus opositores sobre su falta de sintonía con las crecientes preocupaciones del electorado con la economía.

Las elecciones son tanto de candidatos como de momentos y mensajes. Hasta ahora, la campaña electoral en E.U. se definió el día en que comenzó la debacle de Wall Street. Ese pánico global en los mercados no solo convergió con el discurso doméstico de Obama, sino que también borró de un plumazo las, hasta entonces, sólidas bases de la campaña republicana: bagaje militar para enfrentar a Irak, experiencia en política exterior y mano dura para Irán y los terroristas. El desprecio de McCain por los temas económicos -reconoció en las primarias que no sabía del tema- le salió costoso.

El mensaje de cambio y de sensibilidad de Obama encontró en el huracán financiero un potente amplificador, que silenció los temas que supuestamente monopolizarían la campaña: la guerra de Irak, el terrorismo, la raza, el elitismo demócrata o la agenda religiosa. Con dos candidatos antiestablecimiento en sus respectivos partidos, las elecciones del 2008 en Estados Unidos se están definiendo por el más clásico de los temas: quién produce más confianza para estabilizar la economía.

En cuanto a la mención de Colombia, aunque McCain fue coherente con su pasado de cerrado defensor del libre comercio, no pudo escoger un peor momento para respaldar un TLC. Una reciente encuesta del centro Pew muestra que 48 por ciento de los estadounidenses piensa que los TLC hacen daño a su país, el peor resultado en una década. Algunos de los estados que decidirán la elección, como Michigan y Ohio, se han visto golpeados por esta agenda comercial. No sorprende que se inclinen por Obama.

A menos que algún grave error se cometa, la plataforma económica de los demócratas -intervención, programas sociales- se impondrá sobre la de los republicanos -recortes de impuestos, etc.-. Es decir, lo esperado en tiempos de crisis. La que se perfilaba como una campaña atípica e histórica va a terminar definida por un tema tradicional: la economía. El resultado, sin embargo, el de Obama como el virtual presidente de E.U., será tan histórico como trascendental.

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