Premio Nacional de Paz será entregado al periodista Herbin Hoyos y el cabo William Pérez

Premio Nacional de Paz será entregado al periodista Herbin Hoyos y el cabo William Pérez

Las vidas del comunicador y este uniformado se unieron a través del programa Las Voces del Secuestro. El galardón, que reconoce los esfuerzos en medio del conflicto, les será entregado el jueves.

11 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

La voz de Herbin Hoyos se coló por entre la manigua que cubría el cambuche de los secuestrados. Una madrugada lluviosa del 2004 llegó a los oídos del cabo primero William Pérez y desde ese día se convirtió en su cordón umbilical con la realidad.

Sus vidas y sus largas noches de sábados se entrelazaron animadas por el dolor de la tragedia y la esperanza de un mensaje. William, un guajiro de 33 años y una amplia sonrisa, era escéptico de escuchar la voz de su madre o algún familiar. Habían pasado casi seis años, -luego de su secuestro en El Billar (Caquetá) el 3 de marzo de 1998-, sin recibir saludo alguno y no dejaba de sentir resentimiento por el abandono.

Entre tanto, Herbin, un periodista huilense de 38 años, seguía cumpliendo, sagradamente, su cita de las 12:15 de la noche. La misma a la que llegó por primera vez el 10 de abril de 1994, 12 días después de haber sido rescatado por el Ejército entre Planadas y Ataco (Tolima), donde las Farc lo mantuvieron secuestrado dos semanas.

Cada uno ha luchado en los últimos 10 años para hacer algo por la vida de los demás. William represó el sueño de ser médico y ascender en el Ejército, pero se convirtió, durante 3.768 días, en el enfermero de sus compañeros de cautiverio. Hasta atendió las constantes asfixias de Enrique o 'Gafas', el implacable carcelero de los secuestrados que sufre de asma.

Cuando la humedad de la selva lo dejaba sin respiración ordenaba que le retiraran las cadenas a 'Costa' como le decía a William, para que lo canalizara y le hiciera las terapias. El guajiro también se esmeró por salvar la vida de las guerrilleras, una de ellas con 8 abortos a sus escasos 18 años.

Su servicio quedó en evidencia con las primeras palabras de Íngrid Betancourt después del rescate en medio de la operación Jaque, el pasado 2 de julio: "le debo la vida a este hombre".

Pero más allá de sacrificios y vicisitudes, William se fortaleció con esa cita semanal.

"Herbin se volvió el canal con la realidad. Nosotros escuchábamos su voz y nos emocionábamos porque sabíamos que traía los mensajes de nuestras familias", recuerda William.

Lo mismo ha ocurrido con Herbin. Hace 14 años que no tiene un fin de semana, su vida social terminó, asegura que hasta sus amigos lo han alejado porque saben que nunca está disponible ni para rumbas ni comidas, pero a cambio, hablarles a los secuestrados en las madrugadas le da la tranquilidad espiritual que muy pocas personas tienen.

"En la primera emisión conté la historia de mi propio secuestro, todo porque en el campamento donde me tuvieron encontré a Nacianseno Murcia Correa, un anciano de 62 años que llevaba dos amarrado. Él me dijo que los periodistas no se acordaban de los secuestrados y que al prender el radio le gustaría escuchar una voz de aliento y le prometí que yo lo haría", asegura.

Luego de la liberación se reencontraron en el Tolima y la primera frase de Nacianseno fue "me cumplió la promesa, venga y le doy el abrazo de la libertad".

Así nació, también, el abrazo que le ha dado a por lo menos 11.050 liberados y rescatados desde 1998.

Hoy, Las Voces del Secuestro que emite Caracol Radio  tiene la base de datos más completa sobre secuestrados. Empezó con 45 personas y actualmente la lista tiene 4.193 nombres que se fueron sumando noche tras noche. Esas mismas largas noches en las que William Pérez escapaba de la pesadilla imaginando que iba en una nave espacial.

"Para poderme dormir me inventaba historias, como que estaba en otro mundo y era un policía espacial que llegaba a Marte, me dormía del cansancio, así que al día siguiente retomaba la historia y seguía en lo mismo. Cuando se me acababa esa historia, entonces me inventaba otra".

En las únicas noches en las que no había historia eran las de los fines de semana. La cita era fiel con Herbin y lo fue con más intensidad cuando escuchó que una muchacha Martha Lenis le hablaba de su mamá y las cosas de su casa. "Mis compañeros me dijeron que seguro era una novia de la que no me acordaba. Pero al sábado siguiente ella misma me contó que me había adoptado mediante un programa de la Universidad de la Sabana llamado 'adopte a un secuestrado'".

También por la radio supo de la muerte de su padre, en mayo pasado; en ese momento Íngrid estaba al lado de él. "Resistí hasta donde pude pero luego lloré mucho, como tres días seguidos. Fue cuando la doctora Íngrid me tranquilizó y me dijo que el papá de ella también había muerto mientras ella estaba secuestrada. Los días siguientes rezó por él. Gracias a ella pude recuperarme de eso", señala William.

Entre mensajes buenos, regulares y malos, se entrelazó la vida de Herbin con la de los secuestrados. Sus noches son diferentes, pero al final es la misma. " ¿Que cómo es una noche en la selva?" , se pregunta William. "De total oscuridad y silencio. Es vacía y a veces aterra. Las mías eran interrumpidas por el click de los fusiles, cuando los guerrilleros cargaban las armas para hacer cambio de guardia".

"Y las mías cargadas de mucho sentimiento -dice Herbin-. Nadie imagina el peso emocional que tiene el programa. Tengo que separar lo profesional de lo humano, pero a veces se me quiebra la garganta y no puedo más, se me han salido las lágrimas al aire. Me convertí en el embudo que recibe todo la problemática, el sufrimiento y el horror de los secuestrados. La causa de ellos es la mía".

Pero la vida le tenía una recompensa a los dos. William y Herbin se pudieron dar el abrazo de la libertad y hace 15 días la nave espacial que veía en sueños el cabo del Ejército, se materializó en el aeroplano que el periodista tripula hace tres años. Volaron juntos por la cordillera Central y cuando alcanzaron los 3.500 pies de altura gritaron por varios minutos: "Nunca volveré a perder mi libertad". Ese día exorcizaron sus miedos.

Ahora, William se prepara para empezar sus estudios de medicina el próximo año y recuperar su vida en el Ejército. Herbin "abrirá una sucursal" de Las Voces del Secuestro en Argentina y México. Lo único que le inquieta es qué va a pasar si se llena de canas y se le frunce el ceño haciendo el programa; "¿Eso significa que habrá secuestrados de por vida?", se pregunta.

El Premio Nacional de Paz lo entregan EL TIEMPO, El Colombiano, la revista Semana, Caracol Radio y Caracol Televisión, la Friedrich Ebert Stiftung en Colombia (Fescol) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Mención especial recibirán el Programa ISA Región, mediante el cual Interconexión Eléctrica SA apoya proyectos de desarrollo y paz; y la Fundación para el Desarrollo Humano Comunitario, organización de mujeres que trabaja con población vulnerable en Santa Marta (Magdalena).

El próximo jueves William y Herbin se darán otra vez el abrazo de la libertad, cuando el país les reconozca la esperanza que tejieron, noche tras noche, a través de la radio.

JINETH BEDOYA LIMA
REDACTORA DE EL TIEMPO

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