Opinión/Futuro Posible

Opinión/Futuro Posible

Obligaciones masculinas

01 de octubre 2008 , 12:00 a.m.

Alguna vez García Márquez afirmó que las mujeres estaban llamadas a dominar el mundo. Es innegable su presencia en las múltiples actividades del quehacer profesional.

Lo cual en lo personal me encanta, porque cada vez logran una mayor presencia empresarial, gubernamental y académica.
Algunos estudios demuestran un rendimiento superior por su capacidad de concentración, su inteligencia y su sexto sentido a la hora de resolver problemas.

Con su innata sabiduría, Eulogio Amórtegui, un campesino de mi pueblo previó hace más de cuarenta años lo que nos pasaría a los hombres con el avance de la mujer en el poder.
Cuando tenía siete años le escuché este poema: Ya se impuso el aplastante partido femenino/ y el gobierno metiendo un tanto la nariz/, quedamos ya los machos al margen del camino/ ¿qué haremos pues ahora los hombres del país?/ ¿Qué haremos mientras ellas detrás de un escritorio/ meditan en los gastos que su gobierno implica?/, nosotros en la casa, sacando las cobijas, las pulgas y la mica/.

¿Qué haremos mientras ellas por calles y por plazas/ le piden al partido más fuerza y más unión?/ nosotros en la casa matando cucarachas/ y rellenando el hueco donde salió un ratón/.

¿Qué haremos mientras ellas de noche en los cafés/ sostienen discusiones en actitud violenta?/ nosotros en la casa, rezar, tejer crochet/, dormir a los pelaos y hablar con la sirvienta.
Justo esta semana me llamó Evar para invitarme a un partido de tenis.

Con desconsuelo le dije que no podía ir porque a esa hora, había recogido al niño en el colegio, tenía que acompañarlo a hacer una tarea de matemáticas, otra de lectoescritura de causa y en efecto, ayudarle a repasar el poema de la semana, hacer una plana en letra cursiva y estudiar con cartelera en mano sobre el origen de los iguanodontes. Luego tenía que prepararle de comida, un huevo en tortilla con jamón, una arepa caliente con queso crema y mermelada y el jugo que gracias a Dios Sandra había dejado hecho. Después el niño me daría una media hora de respiro con su 'lego-city' y yo aprovecharía para leer el artículo de Orlando Arciniegas, antes de que me llamara a pedirme el reporte de lectura y qué vergüenza no estar enterado de los últimos varillazos que le mandó al alcalde.

Sobre las ocho de la noche, y ya en pijama, me acostaría con él a leerle sus habituales cuentos hasta que quedara profundamente dormido.

Pero, espere un momento, me dijo Evar. ¿Y luego dónde está su esposa? Pechi, le respondí de inmediato: Es que lleva más de una semana trabajando en la organización de una cumbre sobre la infancia. No, no, no, llame, mañana mismo, dijo, a la Procuradora de familia y expóngale su caso. Evar, no puedo, le contesté, es que la doctora Fanny anda en lo mismo, porque ella tiene que responderle por el evento al Procurador.

Ya preocupado me dijo, llame entonces a la jefe de su esposa y expóngale el encarte que usted tiene en la casa. Evar, no puedo, porque Elvia María está más encartada que la Procuradora, ella tiene que responderle por el evento al Gobernador.
Mejor dicho, dijo al final resignado, continúe con sus obligaciones masculinas y hablamos cuando termine la cumbre esa de la infancia.

Por Jairo Arias
Periodista y empresario 

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