Pakistán, el aliado pesadilla de Estados Unidos

Pakistán, el aliado pesadilla de Estados Unidos

El secretario de defensa de Bush, Robert Gates, describió esta semana la situación en ese país como la mayor amenaza para la seguridad de E.U.

27 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

El fin de semana pasado debió haber sido glorioso para Asif Ali Zardari, viudo de la ex primer ministra Benazir Bhutto, y nuevo líder de Pakistán tras al desplome, hace un mes, del ex 'hombre fuerte' de ese país, Pervez Musharraf.

No solo asumía oficialmente las riendas del país, sino que partía rumbo a Nueva York para su debut en el concierto internacional en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Pero la dicha le duró poco. Horas después del acto de su posesión, un grupo terroristas asociado con la red de Al Qaeda destrozó el hotel Marriot de Islamabad con un camión bomba que mató a 53 personas e hirió a más de 270.

El ataque puso de manifiesto lo que muchos analistas vienen anticipando desde hace meses: Pakistán es el nuevo frente de batalla contra el extremismo islámico y podría convertirse en otro Irak o Afganistán si el mundo no reacciona a tiempo.

El agravante en este caso es que Pakistán es una potencia nuclear -la única entre los países musulmanes- y con más de 70 bombas atómicas.

Según cifras del Departamento de Estado, los ataques terroristas en ese país se duplicaron en el 2007, dejando 1.355 muertos. Pero este año, ya van más de 1.300.

Refugio de Al Qaeda

Tan grave es la situación, que esta semana en una audiencia ante el Congreso, el secretario de defensa de E.U., Robert Gates, la calificó como "la amenaza más grande contra la seguridad nacional" de su país. Según Gates, hoy existen en Pakistán más bases de Al Qaeda que en cualquier otro lugar del mundo.

De acuerdo con Peter Crowley, del Centro Americano para el Progreso, la raíz del problema actual está en la cruzada contra el terrorismo en la que se embarcó E.U. tras los atentados contra Washington y Nueva York en el 2001 y que provocó la caída del régimen talibán en Afganistán.

E.U., dice el analista, se asoció con el general Musharraf que, a cambio de gruesas sumas de dinero en ayuda militar, permitió a los estadounidenses emplear al país como plataforma para la guerra.

Desde el comienzo fue una alianza complicada pues los militares en Islamabad -que se presumen son el poder de facto- poseían relaciones estrechas e históricas con los talibanes, a los que respaldaron durante la guerra contra los soviéticos, con aprobación y financiación de la CIA.

Tras la ofensiva en Afganistán, muchos talibanes y líderes de Al Qaeda buscaron refugió en Pakistán donde viven tribus afines a su ideología.

La situación parecía bajo control, pero las cosas comenzaron a cambiar en el 2006. Los talibanes, ya reagrupados, iniciaron una contraofensiva para tratar de recuperar el control del país, que continúa hasta el día de hoy, y que ha puesto en jaque los esfuerzos de la Otan y E.U. en Afganistán.

De allí nace 40% de los ataques

Según el general James Cartwright, el 40 por ciento de todos los ataques contra las fuerzas de la Otan en Afganistán parten de la frontera entre ambos países. Y E.U. piensa que sectores de las fuerzas armadas de Islamabad han comenzado a cooperar activamente con los extremistas islamistas. Y les atribuyen, por ejemplo, la autoría intelectual del atentado de contra la embajada de la India en Kabul.

Paralelamente, Al Qaeda y otros grupos terroristas vienen llevando a cabo una campaña de atentados cuyo único fin es castigar a los lideres en Islamabad por su cercanía con Occidente. En el fondo, la estrategia es desestabilizar al país para facilitar el ascenso de un régimen islámico.

Y esto está dando resultados. De acuerdo con un sondeo del Centro Nacional Republicano, más del 70 por ciento de los paquistaníes creen que su país pelea una guerra que no le corresponde y piden cortar la cooperación con E.U.

Fue esa presión popular, precisamente, la que terminó tumbando a Muscharraf, y la que hoy amenaza el naciente reinado de Ali Zardari.

Wendy Chamberlein, ex embajadora de E.U. en Pakistán, explica: "Al Zardari está en una encrucijada. Por un lado tiene que distanciarse de Washington, pues de eso depende de su gobernabilidad. Pero al mismo tiempo necesita a E.U. para poder enfrentar la amenaza terrorista que amenaza a su país". Y con un agravante: a diferencia de Musharraf, no cuenta con el respaldo irrestricto de los militares y llegó al poder con una frágil coalición.

Errores de Washington

A lo que se suma otro componente explosivo, según Jayshree Bajoria, analista del Consejo para las Relaciones Internacionales: E.U. viene estrechando sus relaciones con India, el enemigo natural de Pakistán, y da los últimos retoques a un acuerdo de cooperación nuclear con Nueva Delhi. A lo que Islamabad ha respondido acercándose a China.

Washington, además, no le está facilitando las cosas al nuevo gobierno paquistaní. En vista de la "escasa cooperación", ha optado por lanzar ataques unilaterales en pleno territorio paquistaní. Dos de ellos la semana pasada en los que, según Islamabad, murieron algunos civiles.

El gobierno no solo los condenó, sino que su Ejército ha comenzado a disparar contra helicópteros y aviones de E.U. que "violan su soberanía".

Alguna vez el general Musharraf describió el balance entre la relación con Occidente y la situación interna de su país como caminar en una cuerda floja. El problema, como están las cosas, es que esa cuerda podría romperse.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

 

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