Reyes: ¿Si estaba tan feliz, por qué se fue?

Reyes: ¿Si estaba tan feliz, por qué se fue?

Trabajó durante más se tres décadas en el servicio diplomático, gracias a ello, quizá no haya en Colombia nadie más autorizado para hablar de las relaciones internacionales.

25 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Camilo Reyes -cachaco, culto, inteligente, simpático- llegó a los dos más altos cargos a los que puede aspirar un funcionario de carrera diplomática en Colombia: embajador y viceministro de Relaciones Exteriores. Pero además fue canciller, que es un cargo reservado para los pesos pesados de la política, cercanos a los presidentes de turno. Hace pocos días, luego de 35 años de carrera, decidió dejar la vida diplomática. Sin dejarlo pensar, le pregunté:

Doctor Reyes: ¿fue feliz en 35 años de carrera diplomática?
- Muy feliz.

¿Qué lo hizo feliz?
- Me gusta la idea de representar a Colombia, conocer otros países, comprender otra sociedad y otra cultura; entender su arte, su música, sus costumbres. También me gustó de la diplomacia su contacto con la política y el poder. Es apasionante.

¿Si era tan feliz por qué se fue?
- Porque 35 años son suficientes y tengo proyectos para hacer. Y quiero hacerlos con el mismo entusiasmo con que viví la carrera diplomática.

¿Cuáles fueron sus fortalezas como diplomático?
- Lo primero, ser muy persistente. La diplomacia obedece a los intereses de los Estados y los tiempos y la dinámica de las naciones son distintos a los de las personas. Un territorio vive más que una persona. Entonces todas las actividades de la diplomacia son de largo alcance y hay que persistir. Lo segundo es que hay que ser imaginativo para poder ser flexible sin renunciar a las posiciones del Estado. Hay que darle alternativas a la contraparte sin ceder principios y preservando nuestros intereses.
Lo otro es que saber inglés es indispensable. El que no lo habla, entra en desventaja.  Y por último, de un diplomático se espera un cierto nivel cultural que también puede hacer mucha diferencia. 

¿Cuánto influyen en la diplomacia el carisma y el carácter de la persona?
Influyen mucho. Los Estados tienen principios e intereses, pero sus voceros son personas. Y ellas son particularmente vulnerables al buen tratamiento. Uno necesita siempre una buena actitud, así sepa que va para una confrontación con el interlocutor. Lo primero que uno necesita generar como diplomático son condiciones para una interlocución aceptable. Aun en circunstancias difíciles, una relación personal ayuda mucho.

¿Se trabaja mucho con Uribe?
- Mucho.

¿El Presidente le dedica tiempo a la política exterior?
- Creo que le dedica más tiempo ahora que antes. Hoy en día está muy involucrado en las relaciones exteriores y les hace seguimiento constante.

¿Qué se puede hacer mejor en el trabajo de la Cancillería?
- Comunicar mejor lo que hace la Cancillería por fuera. En esto siento que hay incomprensión y desinformación de la gente.

¿Qué opina del cierre de embajadas en el exterior?
- Colombia tiene que hacer el esfuerzo por mantener y abrir nuevas representaciones en el exterior. En un país con 44 millones de habitantes, de los cuales viven 3.5 por fuera; con cerca de 40 mil millones de dólares al año en exportaciones, no tengo duda de que debe dedicar más recursos a su representación internacional. Además, Colombia tiene intereses grandes e importantes en el escenario de las naciones. El país debe reconocer que hay una dimensión de la nación en el exterior. Y que requiere de más recursos financieros y humanos para enfrentar la globalización.

¿Qué temas debe asumir hoy una embajada colombiana?
- Narcotráfico y terrorismo en primer lugar; derechos humanos; comercio global; medio ambiente, cambio climático y recursos hídricos; migraciones; seguridad alimentaria y seguridad energética. Hoy la agenda internacional se ha ampliado y tecnificado. Por eso cada vez es más crítico tener diplomáticos de carrera que conozcan los tratados internacionales y los antecedentes de los temas.
 
Después de esta primera descarga de sinceridad personal, Camilo Reyes toma agua y se acomoda bien en el sillón. Me le meto con temas serios.
 
¿La diplomacia colombiana es respetada en el exterior?
- Sí. Colombia ha hecho una demostración de agilidad y eficiencia. El país tiene muy buenas relaciones con Cuba, Centroamérica, es líder en UNASUR, trabajamos con Venezuela y al mismo tiempo tenemos una relación privilegiada con Estados Unidos y Canadá. Colombia ha sido capaz de generar vínculos eficientes y próximos con todo el continente y con Europa, en un escenario donde hay contradicciones ideológicas.

¿Hay un distintivo de la política exterior colombiana?
- Hay algo admirable: el hecho de que a pesar de nuestra difícil y compleja situación, Colombia siempre ha mantenido en el ámbito internacional posiciones apegadas al Derecho. Por eso nos respetan. Hemos sido coherentes y hemos construido credibilidad. Colombia siempre ofrece seguridad en sus posiciones, es un país confiable, respetuoso, sereno.

¿Qué es lo más difícil de defender a Colombia en el exterior?
- A pesar de que se han hecho avances importantes, sigue siendo un reto el tema de los derechos humanos. Colombia ha dado esta batalla en una forma admirablemente abierta, frente a la comunidad internacional. Hoy tenemos 23 agencias internacionales que operan en el país, varias de ellas de defensa de los derechos humanos que hacen presencia permanente, analizando nuestra situación y haciendo recomendaciones. El caso de la ONU es un buen ejemplo. Colombia dijo: entendemos que tenemos un problema, mande un alto comisionado que lo nombren ustedes, mande un equipo y escriban informes, asesoren a las instituciones. Eso se llama apertura y seriedad.

Vuelvo y le cambio de tercio.
¿A cuántos presidentes sirvió como diplomático?
Nueve presidentes y 16 ministros de Relaciones Exteriores.
Identifiquemos a cada uno
- Misael Pastrana: formalidad, dignidad de las instituciones.
- Julio César Turbay: política.
- Alfonso López: inteligencia y previsión.
- Belisario Betancur: cultura y paz.
- Virgilio Barco: valor, entereza.
- César Gaviria: visión y gestión.
- Ernesto Samper: una gran oportunidad en parte perdida, humor, resistencia.
- Andrés Pastrana: paz.
- Álvaro Uribe: seguridad, trabajo, persistencia, administración.

¿Cuál era el que más línea daba en lo internacional?
- A López le gustaba mucho la política exterior. Había sido canciller y durante su gestión Colombia hizo su apertura hacia los países socialistas, reanudando relaciones con la Unión Soviética, Checoslovaquia, Polonia, Hungría.

¿Y de los ministros a quién recuerda?
- Los recuerdo a todos. De cada uno aprendí algo. Pero tengo uno muy presente: Julio Londoño Paredes, canciller del Presidente Barco. Para mí fue el gran profesor. Cuando entré a la Cancillería él era el Jefe de Fronteras y mi primer trabajo fue en esa dependencia: una diplomacia pegada a la tierra, a la gente, menos abstracta. Es en las fronteras donde los intereses de los Estados son más palpables y los problemas son más reales. Eso me apasionó desde el comienzo.

Cuénteme un momento estelar de la diplomacia colombiana.
- Hay uno sin duda que ha generado un cambio muy importante para Colombia y creado oportunidades: aquel en que la comunidad internacional finalmente acepta el principio de la responsabilidad compartida en la lucha mundial contra las drogas. Fue en 1998, en una Asamblea especial de la ONU. Se reconoció el trabajo de 25 años de la diplomacia colombiana. De este principio político, en el que se acepta que unos países han sido víctimas de un problema global, nacen oportunidades como por ejemplo el APTDEA y el sistema general de preferencias con la Unión Europea. Fue un triunfo de Colombia.

¿Y momentos malos de la diplomacia colombiana?
- Algunos durante el gobierno del Presidente Barco, cuando la guerra contra el narcotráfico fue tan violenta y demostró ser un reto tan grande para nuestras instituciones, que internacionalmente se dudaba de la viabilidad de nuestro Estado y de la vigencia de nuestra democracia. En esas circunstancias, cuando habían asesinado a cuatro candidatos a la Presidencia, cuando el narcotráfico ordenó asesinar policías por dos millones de pesos y cuando ponían bombas en los centros comerciales de Bogotá, Cartagena y otras ciudades, para la Cancillería era un esfuerzo titánico defender y explicar a Colombia. Uno a veces no veía el siguiente paso que debía dar. La interlocución con otros países era muy difícil.

También fueron muy difíciles para la diplomacia colombiana ciertos momentos durante el proceso 8.000. Y obviamente hay que mencionar  otros, como los que generaba el proceso de certificación, o los recientes con Venezuela y  Ecuador.

¿En estos 35 años cuáles han sido los grandes temas de la diplomacia colombiana?
- El primero, la validez y la fortaleza de las instituciones. El primer reto en este lapso para cualquier canciller y su equipo de trabajo, ha sido presentar a Colombia ante la comunidad internacional. Y presentarlo como lo que es: un país democrático, con gobiernos e instituciones legítimas. Los otros retos en estos años han sido explicar el papel del narcotráfico y el terrorismo e ir posicionando una agenda positiva.   

¿Y el resto de la agenda internacional de Colombia?
- El país tiene  una agenda positiva que debe consolidar: oportunidades para la inversión, destino turístico, país productor de alimentos y fuente de energía renovable. Como uno de los países más ricos en biodiversidad y recursos hídricos, con disponibilidad de tierra y con el compromiso de preservar nuestras selvas. El mundo debe entender que nuestra gente es inteligente, alegre, trabajadora, amable, emprendedora.

Ahora entramos a un tema que le gusta y lo siente como propio: la carrera diplomática en Colombia.

¿Es mejor un diplomático de carrera o uno político?
- Estoy convencido de que es mejor un diplomático de carrera; pero obvio, usted le está preguntando a un converso.

¿Cuántos de los funcionarios de la Cancillería son hoy de carrera?
- Más o menos la mitad, aunque a nivel de embajadores son menos.

¿Y esto cómo se compara con otras cancillerías de la región?
- Es un porcentaje bajo. En el Brasil o Perú por ejemplo, el 99 por ciento son funcionarios de carrera.

¿Qué hace falta para tener más funcionarios de carrera?
- Dos cosas: preparar mejor a la gente y darle más espacio real en la cancillería para que, si cumplen todos los requisitos, puedan trabajar y ascender normalmente.

O sea, que haya voluntad política del gobernante de turno...
- Por supuesto, es importante que la carrera vaya creciendo año tras año.
 
Su caso es único: viceministro, embajador y canciller...
- En el caso de canciller sí, pero como embajadores y viceministros hay muchos casos como el mío. Es la demostración de que sí hay una carrera donde se puede llegar a los cargos más altos.

¿Ha sido activo en la promoción de la carrera diplomática?
- Mucho. He participado en todas las reformas que se han hecho en este lapso. Siempre he insistido en la necesidad de fortalecer la carrera y crear una que sea atractiva para estudiantes buenos, ambiciosos, que le apunten a la excelencia como funcionarios públicos...

¿La diplomacia no ha perdido importancia en el mundo global?
- No creo. Hay una labor de la diplomacia que es vender el país en el exterior. Pero eso es de doble vía, porque la otra labor es explicar el escenario exterior en Colombia. En Colombia el Estado en general tiende a ser muy nacional, no le gusta ocuparse mucho de lo internacional, no cree mucho en que hay que entender eso. Ello se refleja en el presupuesto que tiene la Cancillería, que es bajo.

Y cerramos con recuerdos...
De los líderes internacionales que conoció, ¿quién lo sedujo?
- Juan Pablo II, impresionante. Tuve oportunidad de conocerlo porque yo era secretario de la Embajada de Colombia ante la Santa Sede cuando él fue elegido. Es de las personas que ayudó a cambiar el mundo. En el ámbito latinoamericano me impresionó el presidente Lagos de Chile. Su calidez personal y su visión del hemisferio.
 
¿Y de Estados Unidos?
- El Presidente Bush padre. Fue el primero que vio el problema de las drogas como algo integral, donde los Estados Unidos no solo hacían demandas y señalaban con el dedo, sino asumían responsabilidades y se comprometían con soluciones.
Siempre me llamó la atención Madeleine Albright, la secretaria de Estado del Presidente Clinton. Muy firme y coherente y a la vez cálida y respetuosa en la relación personal.
Y como en toda entrevista, la perla al final: el diplomático de carrera por excelencia que es Camilo Reyes, ¡resulta que llegó de carambola a la Cancillería!

¿Cómo llegó a la carrera diplomática?
- Literalmente, de carambola. Y con la ayuda de Luis Carlos Galán. La historia es esta: en 1971 yo estudiaba ingeniería y agronomía en la Universidad Nacional. Era el gobierno de Misael Pastrana y él había nombrado de ministro de Educación al doctor Galán. Fue a mi Facultad y allí lo persiguieron y por poco lo agreden. Hubo una revolución del movimiento estudiantil. Luego de esos incidentes cerraron la Facultad. Yo ya llevaba la mitad de la carrera, iba en sexto semestre. 
El hecho es que un buen día vi un aviso que convocaba a concurso de la carrera diplomática y consular. Entré a la Universidad Jorge Tadeo Lozano para estudiar derecho internacional y diplomacia y me inscribí en el examen para entrar en la carrera diplomática y pasé. Terminé los estudios, ascendí a segundo secretario y salí por primera vez del país. La verdad siempre me había sentido atraído por las relaciones internacionales. Y aquí estoy, 35 años después...
 
Por: Ricardo Santamaría
 

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.