En el corazón del homenaje

En el corazón del homenaje

El arte de conversar, en el festejo que empieza en México alrededor del cumpleaños de Carlos Fuentes, al que se refiere el coordinador mexicano del evento.

24 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Si algo distingue a un autor, más allá de su obra, son sus interlocutores. A Octavio Paz los mexicanos le debemos, casi ofende recordarlo, una de las mayores obras literarias del siglo XX, pero también, en mayor o menor medida, el hecho de haber leído o escuchado a Milan Kundera y Mario Vargas Llosa, a Jean-Francois Revel y los exiliados españoles, a Guillermo Cabrera Infante, Carlos Franqui y Leszek Kolakowsky.


Otro tanto podría decirse de Carlos Fuentes, que cumple ochenta años con más de sesenta libros y una tonelada o dos de material periodístico a cuestas, pero, de Alfonso Reyes al propio Paz y de William Styron a García Márquez, también con una larga, variada, espectacular nómina de interlocutores, amistades literarias, lectores y leídos en el currículo.


En torno a eso, a sus interlocutores, es justamente que giran las celebraciones por sus ocho décadas de vida, organizadas, antes que nada, como una maratón de mesas redondas que, del 18 al 24 de noviembre, convocan en la Ciudad de México a cerca de cien visitantes que llegan de sitios muy diversos.

En efecto, lo más llamativo del homenaje a Carlos Fuentes es un ciclo llamado 'El arte de...', que pretende poner ante el público una amplísima variedad de reflexiones no sobre el celebrado, como es habitual en situaciones como esta, sino ante el oficio, la pasión, la profesión: el arte de cada uno de sus invitados. Las mesas se reparten entre narradores, historiadores, artistas plásticos, filósofos, periodistas, cineastas y políticos, e incluye -la nómina puede cambiar de aquí a noviembre y probablemente lo hará, pero casi todos los invitados han dado oficialmente el sí al comité organizador- a ex presidentes de gobierno como el chileno Ricardo Lagos o antiguos primeros ministros como el francés Dominique de Villepin; a novelistas argentinos, como Tomás Eloy Martínez, españoles, como Juan Goytisolo, norteamericanos, como Richard Ford, brasileños, como Nélida Piñón, mexicanos, como Juan Villoro, o sudafricanos, como Nadine Gordimer, sin excluir a los colombianos, claro: ahí estarán Juan Gabriel Vásquez o un tal Gabriel García Márquez; a algún dibujante y escultor, como José Luis Cuevas, y algún pintor, como Valerio Adami; a directores como Rodrigo García, Arturo Ripstein y Carlos Reygadas, o a guionistas como Paz Alicia García Diego; a hispanistas con estatus de clásicos como David Brading o Hugh Thomas, a filósofos pura sangre, como Juliana González, y a pensadores menos dóciles a las clasificaciones como Alberto Manguel.

Los festejos inician realmente el 11 de noviembre, en la Universidad Nacional, con un congreso académico, y se extienden hasta el mes de diciembre ya no en la capital, sino en Guadalajara, concretamente en la Feria Internacional del Libro. No se limitan a mesas redondas. Habrá una conferencia masiva del propio Fuentes, gratuita y abierta al público, igual que todas las mesas; un estreno tan sonado como el de 'Santa Anna', el debut en la opereta de un autor que ya se acercó a la novela, el guión, la crítica cinematográfica, el teatro, el cuento, el ensayo y el periodismo; y, cómo no, un ciclo de cine que, de nuevo, no gira en torno al trabajo de Fuentes, sino a las películas de su corazón, un puñado de clásicos seleccionados por él y por otro cinéfilo sin remedio, Carlos Monsiváis, que funje como una suerte de curador o comisario del ciclo.

Pero el corazón del homenaje, con toda certeza, está en las dieciocho mesas concebidas por el del cumpleaños. Son mesas organizadas en torno a sus gustos e intereses, pero sobre todo en torno a un arte que las envuelve a todas: el arte de conversar, un arte mayor.

(...) creo que no es muy distinta a la labor del escritor en cualquier lado, que es mantener abiertos los canales de la comunicación verbal, darle al lenguaje su mayor capacidad de imaginación, de belleza, de resistencia. El lenguaje es un elemento primordial de la vida social incluyendo la vida política cuando permitimos que nos roben el lenguaje, que nos secuestren el lenguaje como lo hizo Hitler en Alemania, no. Se rompe toda posibilidad de una política libre de una convivencia social libre, es muy importante que el lenguaje se mantenga fecundo, comunicativo, claro, inteligente, creador delirando, disparatado si se quiere pero con una ebullición creativa todo el tiempo que no queme tanto el lenguaje, que no lo pueda agarrar ningún déspota y lo enfríe y lo haga servir a sus fines políticos. Esto me parece que es fundamental en el lenguaje e imaginación que son las tareas del escritor.

(...) La literatura crea realidad sobre todo, crea otra realidad que se añade a lo que pasa por realidad cotidiana y pues este es la maravilla del libro, pues no hay libro que no sea realista en ese sentido, añade a la realidad algo que no estaba ahí antes.


Aparece también el viejo dilema siempre presente en la creación literaria, la relación entre vida y creación. Es una relación doble porque la literatura refleja la realidad invariablemente, siempre se está en cierto modo refiriendo uno a una realidad que preexistió a lo que se escribe incluso el lenguaje nos preexiste claro, pero por otro lado la literatura crea realidad, la literatura no se limita a reflejar a la realidad, sino que añade algo a la realidad algo que no estaba ahí antes que es la obra literaria misma.De manera que la relación con la realidad en la literatura es una tensión doble en el que se refleja la realidad pero al mismo se crea la realidad en el acto de reflejar y es lo que hace muy excitante la labor creativa del escritor.

 (...) El lenguaje es realidad y la realidad es lenguaje y finalmente vinimos con palabras, nos comunicamos con palabras. Estamos constantemente transformando al mundo a través de la palabra y la idea y si no pues no seríamos seres humanos no viviríamos en sociedad, no seríamos seres políticos animales políticos como nos llamó Aristóteles el lenguaje es una parte esencial de la realidad imagínese usted una sociedad muda y se imagina usted una sociedad bestial o una sociedad de esclavos.

(...) la crítica es una manera del amor y el optimismo. Es el silencio lo que me parece pesimista y lo que me parece desolador y fatalista siempre. Hacer una elaboración crítica por ejemplo como la de Vargas Llosa en 'Conversaciones en la catedral'. O crear un mundo que utilice el mito para iluminar las posibilidades de la historia como García Márquez en sus novelas. O reelaborar un lenguaje para la ciudad, para la convivencia diaria como ha hecho Cortázar en 'Rayuela' y en sus otras novelas, no me parece que sea sumirse en la fatalidad. Lo que pasa es que una crítica como esa es el otro lado de la medalla de la utopía verdad, no se debe hacer crítica porque se está frustrando la utopía por venir.

Las críticas de las utopías pasadas es en cierto modo una negación de la utopía por venir. Insisto. La manera de salir de cualquier fatalidad, de cualquier circularidad es enfrentarse al hecho trágico, es decir hay que hacer las cosas aunque fracasen. Es muy probable que fracasemos, pero tenemos que hacer lo que tenemos que hacer. Esto es la actitud del hombre trágico, la opción es el crimen, más que la fatalidad si renunciamos a una acción iluminada por la advertencia trágica, la advertencia de que podemos fracasar entonces estaremos cayendo en la utopía que solo reviviremos a través del crimen que es el nombre de la ausencia de tragedia en el mundo moderno".

Carlos Fuentes
ciudad de panamá (1928.)


Es hoy uno de los principales escritores iberoamericanos. Su vasta obra incluye ensayos como 'Tiempo mexicano', 'El espejo enterrado' y 'En esto creo', y novelas como 'La región más transparente', 'La muerte de Artemio Cruz', 'Zona sagrada', 'Instinto de Inez', 'La Silla del Águila' e 'Inquieta compañía'.

Es columnista del El País de España y de LECTURAS de EL TIEMPO. Premio Biblioteca Breve 1967 por 'Cambio de piel'; Premio Xavier Villaurrutia y Premio Rómulo Gallegos por 'Terra nostra'. Premio Alfonso Reyes 1979. Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura 1984. Premio Cervantes 1987. Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío, otorgada por Nicaragua, 1988. Premio del Instituto Ítalo-Americano 1989 por 'Gringo viejo'. Medalla Rectoral de la Universidad de Chile, 1991. Condecoración con la Orden al Mérito de Chile, 1993. Premio Príncipe de Asturias, 1994. Premio Grizane Cavour, 1994. Premio Picasso de la Unesco, 1994. Legión de Honor de Francia, 2003. Premio de la Latinidad otorgado por las Academias Brasileña y Francesa de la Lengua, 2000, y Premio Internacional Don Quijote de la Mancha 2008, que recibirá en Toledo en octubre.

Por Julio Patán

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