La 'inexistencia' de Dios

La 'inexistencia' de Dios

Un nuevo libro de Richard Dawkins, 'El espejismo de Dios' sobre la polémica hoy entre evolución y creación.

24 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

 Richard Dawkins, reconocido biólogo y genetista británico, muy distinguido profesor universitario, es el titular de la prestigiosa cátedra 'Charles Simonyi' de la Universidad de Oxford, dedicada a la presentación, análisis y debate de las últimas investigaciones y conjeturas de la ciencia. Dawkins escribe sobre temas de gran interés para auditorios numerosos, siempre con la conciencia lúcida de la limitación intelectual del hombre en la comprensión plena de muchos aspectos de la vida, y con la esperanza de poder más adelante completar y ajustar sus hipótesis.

Entre sus grandes temas están la religión y dios, los cuales analiza como científico desde los marcos de la razón, con amplio humor, y una posición clara de creyente ateo. Dawkins no cree en el dios metafísico y creacionista, ni en el dios panteísta, ni en el intervencionista y hacedor de milagros, ni en el dios castigador de pecados, ni en el dios de las plegarias, ni en el dios bíblico, ni en el dios personal, ni en el dios de los mulás y rabinos. Dawkins es un científico ateo, un pensador consciente de que la ciencia también formula errores, inconsistencias y contradicciones, y que lo mismo que otras formas de conocimiento también ha planteado extrañas ideas, falsas ilusiones y explicaciones absurdas que el hombre poco a poco tendrá que corregir.


Sin una respuesta final ni suficiente sobre el origen de la vida, se pregunta si fue un evento químico, o un conjunto de eventos combinados, en los que concurrieron por primera vez todas las condiciones naturales apropiadas. Mientras espera que la ciencia pueda mejorar o completar las respuestas, contrapone la hipótesis 'antrópica' de la reunión de diversas condiciones propicias para la vida, a la última tesis religiosa, la del 'diseño inteligente', y pone sus esperanzas explicativas y racionales en los futuros avances de una ciencia esencial a la vida, la química.

El profesor inglés se dedica a explicar mediante las teorías darwinianas lo que sí se puede comprender: la diversidad de la vida y su proceso de selección natural. Refuta una por una las teorías anticientíficas, la hipótesis religiosa del creacionismo, la del 'diseño inteligente', la emocional creencia en dios, entre otras muchas afirmaciones y teorizaciones teológicas. Si el hombre no ha podido explicar con claridad y convencimiento lógico el 'origen' de la vida -tal vez porque hay que cambiar completamente la pregunta y tratar de explicar la vida desde un enfoque evolutivo y transformacional distinto de la idea del 'principio'--, sí puede, dice Dawkins, rechazar con el raciocinio las posiciones mágicas y supersticiosas.

Después de 'El gen egoísta', 'El relojero ciego' y 'El capellán del diablo', Dawkins publica 'El espejismo de dios', su libro más reciente, donde expresa abierta y públicamente su creencia atea y su intención de aportar con sus ideas para "mejorar la conciencia" de otros. Con un reordenamiento de muchos planteamientos e hipótesis científicas, proyecta un esfuerzo continuo por crear conciencia en los lectores e interlocutores sobre su derecho y libertad para abandonar la religión, y sobre las amplias posibilidades de escoger y decidir sin religión y de pensar el mundo de otra manera.


El espejismo de dios está escrito con un estupendo humor británico. Tiene momentos de amplia lucidez intelectual. Sobresale el minucioso cuestionamiento del pensamiento religioso, la fuerza argumental y el enfoque científico. El tema de la inexistencia de dios lo lleva a veces a ser demasiado "políticamente correcto" al tratar de no ofender ni faltar al respeto al creyente religioso. Dawkins examina con la razón, apoyado en juicios de probabilidad, las distintas hipótesis y alternativas explicativas que ha formulado el hombre y muestra sus múltiples inconsistencias y contradicciones.

Dawkins examina las distintas falacias intelectuales de la mente y muestra con el poder del raciocinio, la independencia intelectual, la fuerza argumental y los conocimientos de la ciencia, que si bien el hombre no alcanza a explicar todo, si podría tratar de no apoyar explicaciones falsas, mágicas e ilusorias, sin posibilidades de sustento, y podría en su lugar privilegiar formulaciones científicas, que resultan más lógicas y probables que las religiosas.

¿Qué afirma este científico ateo?

  1. Dios es un espejismo, una falsa ilusión mantenida pese a fuertes evidencias contrarias.
  2. La hipótesis religiosa del 'diseño inteligente' es una ilusión errada, una trampa, porque el 'diseño' humano tiene errores e imperfecciones, y la teoría de la selección natural la invalida y es una mejor explicación.
  3. El hombre está atrapado en la religión en la que fue educado: y su religión, más que propia, es la opción de sus padres.
  4. Abandonar la religión es una opción personal.
  5. No se necesita a dios para ser bueno y obrar bien.
  6. La religión no ofrece una forma de vida buena porque subyuga y lleva a cometer muchos errores.
  7. La fe es un recurso inmunológico: hace inmune al hombre a toda argumentación. El adoctrinamiento infantil construye resistencias a posteriores explicaciones racionales.
  8. Los supuestos milagros violan los principios de la ciencia y de la comprensión racional y son sólo un recurso para alimentar la fe.
  9. Ser ateo es una aspiración realista, valiente y positiva: existen explicaciones del mundo más convincentes y probables que la religión.
  10. Un ateo es alguien que cree que no hay nada sobrenatural, nada distinto del mundo natural y físico, que no hay ninguna inteligencia creativa, que no existe el alma, que no hay milagros.
  11. La existencia de dios es sólo una hipótesis como cualquier otra.
  12. Es imposible demostrar la existencia o inexistencia de dios.
  13. Para la ciencia dios es sólo una conjetura improbable.
  14. A los creyentes religiosos les corresponde la carga probatoria de la existencia de dios.
  15. Al creyente ateo no le corresponde la prueba.
  16. Los teólogos no están cualificados para responder los problemas específicos de la ciencia

Por Jean Michel Seghers

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