¡Se acabó el mercado!

¡Se acabó el mercado!

23 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

Lo dijo el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz: la crisis financiera es para el capitalismo lo que fue el desplome del muro de Berlín para el comunismo. Bastaron diez días para dinamitar las ideas que los capitalistas hirsutos habían encumbrado como verdades teológicas: el mercado debe comandar la economía; mientras más pequeño el Estado, mucho mejor; nada de nacionalizaciones; nada de subsidios a la cultura, la educación ni la salud; toda entidad pública rentable debe privatizarse; la corrupción es patrimonio del sector público; si los ricos se enriquecen, se enriquece el país.

Ahora, con los porrazos que se han dado las empresas hipotecarias, las financieras, los bancos y finalmente todo Wall Street, asistimos a una milagrosa conversión: los profetas que se desgarraban la camisa por cualquier intromisión gubernamental en la empresa privada besan la mano del Estado para que los salve de la debacle. Y el gobierno del país más adicto al libertinaje del mercado, Estados Unidos, ha gastado un billón de dólares del erario en rescatar compañías particulares que, por codicia, ineptitud, a veces corrupción y casi siempre laxa regulación, se hundieron al estallar la burbuja del ladrillo. ¿Quién está salvando a los pomposos capitalistas? Los humildes ciudadanos. En promedio, a cada contribuyente gringo -niño, anciano, monja, desempleado- le costará más de 3.000 dólares la hecatombe del mercado.
Los ciudadanos son los grandes perdedores de la crisis. Pero hay otros:

El Estado neoliberal- A ver quién se atreve ahora a criticar la intervención del Estado y pregonar que el mercado debe ser supremo regulador de la economía.

El sector privado- Muchas torpezas y podredumbres que se achacan al sector público -a menudo con razón- intoxican también al sector privado. Este puede provocar desastres tan grandes que solo los arregle la presencia munífica del Estado. Los neoliberales siempre exigieron reformar el sector público. ¿Se negarán a aceptar también profundas reformas en el privado?
Los cacaos- Algunos grandes gerentes, como Richard Fuld, de Lehman Brothers, ganaban hasta 17.000 dólares por hora (suma igual a la que perciben en un mes 73 trabajadores colombianos con salario mínimo); aún así, quebraron las compañías. En adelante, el sistema empresarial deberá comprometer el dinero de los administradores con avales o garantías. Los causantes de estropicios no pueden retirarse tranquilamente a jugar golf y vivir de la renta.

Los yupis- La soberbia de cientos de jovencitos sabihondos y sobrados, supuestamente especialistas en ordeñar capitales ajenos, es otra causa del desplome. Tuvieron más codicia que visión y tomaron decisiones funestas.

Alan Greenspan- Máximo sacerdote del capitalismo y orientador durante años de la política económica estadounidense, Greenspan no vio el abismo cercano y hacia allí condujo la economía occidental.

John McCain- Aseguraba el heredero republicano de George W. Bush, al surgir la crisis, que la economía estaba "fundamentalmente fuerte". ¿Qué dirá ahora, ante las ruinas del sistema? ¿Insistirá en vender a los electores el neoliberalismo sin vigilancia que forjó Ronald Reagan, otro prócer que aparece con graves deudas de ultratumba?

El capitalismo cerrero acabó violando sus más esenciales principios. Solo le faltaba pedir ayuda a un régimen comunista. Y acaba de hacerlo: la quebrantada financiera Morgan Stanley espera que el gobierno chino la salve con una transfusión de dinero fresco.

Confío en que el espectáculo de la agonía de Fannie Mae, Freddie Mac, Lehman, AIG y Merrill Lynch sirva de ejemplo a nuestros neoliberales domésticos. Señores: ¡el mercado (tal como lo conocemos) se acabó!

ESQUIRLAS-1) Los encapuchados al menos sirvieron para que la palabra "universidad" se oyera en el Capitolio. 2) Lo temíamos: rescatada (afortunadamente) Íngrid Betancourt, los demás secuestrados cayeron en el más cruel olvido.

cambalache@mail.ddnet.es

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