Una ruptura sentimental incompleta pone en riesgo la salud del miembro más débil de la pareja

Una ruptura sentimental incompleta pone en riesgo la salud del miembro más débil de la pareja

Frases como "¿por qué no nos damos un tiempo?" o "seamos solo amigos" dan pie al otro para creer que la llama, aunque débil, aún está encendida.

16 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

'Reacción de aniversario', como lo denominan los psiquiatras, es lo que van a empezar a sentir en estos días de 'amor y amistad' quienes, a pesar de haber sido 'cortados' por sus parejas, conservan la esperanza de resucitar una relación que no consideran del todo perdida. Es una respuesta inconsciente, con visos de depresión, que en casos extremos puede llegar incluso a afectar la salud física del doliente recién separado.

Así lo explica el psiquiatra José Posada Villa, quien además afirma que situaciones de tal naturaleza son recurrentes como consecuencia de esa diplomacia sentimental que lleva al miembro más indeciso de la pareja a pedir un receso y, para lucir menos cruel, a sugerir una amistad en el entretanto. Pero resulta que frases como "¿por qué no nos damos un tiempo?" o "seamos solo amigos" dan pie al otro para creer que la llama, aunque débil, aún está encendida.

El resultado: una especie de limbo emocional que, junto con el duelo propio generado por la pérdida explícita del ser amado, dilata y en ocasiones hace más doloroso ese proceso natural de separación y de asunción de independencia frente a su pareja después de la ruptura. 

Bien lo dice el psicoanalista Michael Vincent, autor del libro Terrorismo íntimo, según el cual el papel del duelo es fundamental como mecanismo de rescate de esa primera persona del singular (yo) de la comunitaria y dependiente primera persona del plural (nosotros) que empieza a desaparecer con el rompimiento.

A juicio de Posada Villa, este aspecto es clave para impedir o reducir el riesgo de detrimento de salud del individuo más afectado. En este sentido, un estudio de la Universidad de Utrech (Holanda) establece que la pérdida de un ser amado -bien sea por separación o por muerte- trae consigo un incremento sostenido de estrés psicológico, un arraigo a los malos hábitos de alimentación y a un descuido general -en ocasiones inconsciente- que pueden disparar la aparición de trastornos en el organismo.

Conclusión que coincide con una investigación del Instituto de Salud Mental de GGZ, de los Países Bajos, publicada en Archives of Internal Medicine, que establece que la buena salud se sustenta en el adecuado equilibrio entre factores sociales, psicológicos y biológicos. En ese trabajo, los científicos hallaron evidencia de que emociones negativas como el estrés, la ansiedad y el temor hacen que los individuos sean más vulnerables a las enfermedades y tengan mayor riesgo de accidentes de tipo cardiovascular.

Mejor colorado una vez...

Así pues, la transparencia es el mejor antídoto contra esos daños emocionales que con el tiempo hacen mella en la salud física. Según la psicóloga Gloria Sierra, autora del libro Para vivir los duelos: cartografía para la sanación de las pérdidas, la claridad en el manejo de la ruptura es esencial para evitar falsas expectativas, malos entendidos y permitir un adecuado desarrollo de las diferentes etapas del duelo. "Como una buena salud mental se refleja en la capacidad de conservar las relaciones, también es signo de salud mental saber cuándo es el momento adecuado de romper definitivamente el lazo porque se está haciendo daño a la pareja", asegura la psicóloga.

La forma como se afronta el duelo va a ser casi una consecuencia de la forma como se manejó la relación, de la exagerada dependencia, de qué tan fuerte o débil fue el vínculo afectivo y, por supuesto, de la fortaleza y las condiciones físicas y mentales de cada uno. Del mismo modo, la pena tiene grados de evolución diferentes en cada persona, pero cuando el proceso tarda más de medio año y el enamorado cuyo corazón está roto no registra avance alguno -sigue sumido en la dependencia, la tristeza, el estrés y presenta deterioro en su salud- se empieza a considerar el fenómeno como un duelo patológico o anormal.

Según un estudio realizado por la profesora de psiquiatría de la Universidad de Pittsburgh Katherine Shear, este tipo de duelo puede llevar a quien lo padece a fuertes estados de depresión, abuso de sustancias psicoactivas, alcohol e inclusive a enfermedades del corazón. El doliente se vuelve incapaz de desarrollar su vida como antes y tiene el deseo de ver y tener a la persona querida siempre al lado, de buscarla infructuosamente, de concurrir a aquellos sitios que compartía con ella y de no querer abandonar la dependencia. En ese momento, el duelo empieza a ocasionar un desgaste emocional de tal intensidad que automáticamente afecta el estado de salud de la persona.

Para atenuar el impacto a largo plazo, es fundamental que al momento de la ruptura quede perfectamente claro que la relación llegó a su fin. Esto va a permitir un normal desarrollo del proceso de duelo y una adecuada asimilación del nuevo "estado civil" de independencia y de autonomía. Por eso Vincent añade que el mensaje tiene que ser claro, porque si bien es cierto que la amistad propuesta para justificar el rompimiento quizá sea un alivio temporal, también es válido que esa situación de limbo puede obstaculizar el camino de recuperación de la independencia.

"El duelo bien llevado -puntualiza Gloria Sierra- es un proceso natural de aceptación del fin de un amor, de crecimiento y experiencias, de alegría y tristeza para asumir un nuevo estado en la vida".

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