A pesar del 'boom' de la moda, el sector crea más productos que marcas

A pesar del 'boom' de la moda, el sector crea más productos que marcas

Por Julián Posada, investigador.

16 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

En Colombia las cosas se mueven mucho para regresar casi siempre al punto de partida. Se pelean los políticos, se transforman las leyes y se discute durante largas horas, pero al final poco sucede y si sucede nos matamos... La moda no ha sido ajena a este fenómeno y los últimos 15 años han visto grandes cambios que, paradójicamente, no han conducido a muchas transformaciones. 

La realidad actual del sector es compleja. La revaluación lo afecta. En el último año, miles han perdido sus empleos, muchas fábricas y talleres de confección han cerrado; las quiebras abundan y la comercialización de los productos es cada vez más difícil; pululan los centros comerciales, se obtienen más recursos mediante la propiedad raíz que con la comercialización de los productos; el contrabando sigue llegando en grandes cantidades, los sanandresitos se multiplican, millones de dólares se lavan con productos terminados subfacturados o que ingresan en forma ilegal. Definitivamente estos años han sido los del imperio de lo chino y la moda de Los Ángeles.

Creíamos que la estética del narcotraficante nos había abandonado, pero hoy asistimos a su resurrección con fuerza y vehemencia. Lo impensable ha sucedido: las camisetas masculinas tienen más taches dorados, lentejuelas y brillo que un traje de candidata en Cartagena. La torta de consumidores se ha repartido, los mismos individuos compran en mayor número de locales dispersos sin ninguna consideración ética por la superficie urbana de ciudades y pueblos. A pesar de lo que predica el mercadeo, muy pocas marcas han logrado convertir la compra en una experiencia memorable.

En Colombia el sector crea más productos que marcas, la diferencia se aprecia y no se valora, y se agrega poco valor al producto mediante la creatividad y la innovación. Pensamos que para crear una marca solo basta con colgar productos en un rack. Seguimos empeñados en vender minutos y en muy pocos casos ofrecemos alternativas creativas a un mundo conocedor y altamente informado. Las marcas, cuando existen, siguen siendo en la mayoría de los casos franquicias.

No obstante, el ingreso de verdaderos jugadores de talla mundial ha empezado a despertarnos del letargo. La llegada de Falabella, Zara, Mango y MAC, por ejemplo, ha transformado en forma sustancial el panorama del retail y ha permitido que el consumidor tenga más opciones para elegir. El consumidor es hoy más sofisticado, quiere productos únicos que lo diferencien y además no está dispuesto a pagar lo que algunas marcas y diseñadores creen que vale su producto. Y es que eso de sobrevalorar somos genios, casi siempre creemos que lo nuestro es mejor hecho y aunque sea básico pregonamos que es distinto.

Las prioridades de consumo se han transformado a lo largo de estos 15 años, la tecnología y la conectividad compiten hoy con el vestuario que, en muchas ocasiones, se compra de manera racional y en busca de verdaderas ofertas y oportunidades en espacios como los outlets que han crecido en forma vertiginosa. Abundan las ofertas en un país sin estaciones, donde la moda cambia poco y la mayoría de la gente limita su vinculación a ella al uso de accesorios o pequeños elementos.

El auge económico de los últimos años ha permitido la aparición en el mercado de las tiendas de lujo, antes impensable. Existen hace algunos años y ya no solo se importan los saldos de temporada de las grandes marcas, sino que es posible comprar las colecciones de Vuitton, Zegna o Loewe, entre otros. 

Pero en textiles seguimos rezagados. Nuestros algodones siguen siendo los mismos. Veíamos a Perú como a un hermano menor y hoy nos supera por mucho en exportaciones y producto. Su marca de algodón pima está posicionada a la altura de fibras tan apreciadas como el cachemir o la alpaca.

Las mezclas con otras fibras no abundan, el poliéster es la única alternativa para los segmentos de consumidores populares, y parece que aún estamos lejos de asumir la tecnología como componente inherente del textil. 

Crisis cíclicas

La moda se ha convertido en el gran boom mediático. Agatha Ruiz de la Prada reunió a 12.000 personas en un desfile en Medellín, y aunque han aparecido publicaciones serias y la moda ha logrado apropiarse de espacios en museos como el Nacional, abundan las notas frívolas de moda.

Las ferias, los eventos y las semanas de moda se han multiplicado por cientos hasta el punto de que ya casi llegaremos a superar la fiebre nacional por los reinados. El problema de casi todas ellas es la falta de una estrategia clara y diferenciadora. Parecería que interesa más llenar arcas particulares o destronar a Inexmoda como entidad que aglutina a un sector y a Medellín como la ciudad que comercializa el producto jeanswear, y muestra y exhibe los mayores talentos creativos del país.

En estos 15 años, la moda se estudia como carrera pero poco se teoriza sobre ella; la visibilización y la búsqueda de fama en un país que necesita de ídolos hacen que miles de adolescentes la estudien. Nuestro amor por los adjetivos ha hecho que ya denominemos a Esteban Cortázar como "niño genio'" que logró lo que parecía un imposible: diseñar para una casa de alta costura en París. Ojalá el talento y las ventas le permitan mantenerse.

Las modelos son casi las mismas, solo que más añejas. Exhiben sin pudor evidentes muestras de sus transformaciones en el quirófano para sobrevivir y seguir facturando. Los diseñadores son básicamente los mismos y el negocio no crece demasiado. Olga Piedrahíta, Francesca Miranda, Beatriz Camacho, Silvia Tcherassi ¿que dirige su negocio desde Miami¿, Amelia Toro, Lina Cantillo... son nombres que se mantienen con verdadero espíritu comercial, y hay cientos que luchan desde sus pequeños espacios comerciales para crearse un nombre.

La industria se perfecciona, se multiplican las oportunidades, pero las crisis son cíclicas y, si hace 15 salíamos de una, hoy estamos entrando en otra.

Por Julián Posada, investigador.

EN CIFRAS

El sector textil y de la moda ha experimentado un crecimiento significativo en los últimos 15 años.

Prendas (1991-2006).  Las exportaciones a EE.UU. pasaron de 195 millones de dólares a 426 millones, y las importaciones, de 24 millones de dólares a 16 millones. Las importaciones de China fueron de l66 millones de dólares.  De exportar a 71 países, Colombia pasó a exportar a 103, y de importar de 34 países a 107.

Textiles (1991-2005). Las exportaciones a EE.UU. pasaron de 63 millones de dólares a 64 millones; a Venezuela, alcanzaron 117 millones de dólares en 2005. Las importaciones de EE.UU. pasaron de 36 millones de dólares a 154, y las importaciones de China llegaron a 108 millones de dólares. De exportar textiles a 59 países, Colombia pasó a 92 países, y de importar, de 48 países a 87.

De los 147 subsectores de la economía, la moda es el noveno y pesa el 2,17 por ciento del PIB.

El sector textil representa cerca del 12 por ciento del PIB de la moda (2006) y el 0,25 por ciento del PIB nacional.

Barranquilla es la ciudad que más asigna de su gasto a la moda con 5,89 por ciento de participación en el mercado total y Bogotá la que menos, con 3,09 por ciento.

El mercado de consumo de moda está concentrado en Medellín y Bogotá, cada una con el 17 por ciento,  y Cali con el 12 por ciento.  Cerca del 25 por ciento del mercado que está por fuera de las ciudades principales, está creciendo.

El consumo de moda ha tenido una gran dinámica: 9,8 billones de pesos en 2007 para todo el país.

Fuente: Inexmoda, 2007

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