La única forma de eliminar actividades ilegales no es legalizar las drogas

La única forma de eliminar actividades ilegales no es legalizar las drogas

Por Francisco E. Thoumi, investigador.

16 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

La trama de la industria de drogas ilegales en Colombia plantea varias preguntas: ¿Por qué Colombia ha concentrado los cultivos, producción y tráfico de cocaína? ¿Por qué a pesar de grandes esfuerzos represivos entre los que sobresalen la fumigación y extracción intensivas, la producción de cocaína no ha disminuido? ¿Por qué no parece haber esperanza de eliminar el narcotráfico? Para responder a estas preguntas es necesario entender por qué la industria ilegal se enraizó en Colombia. La respuesta común de que cuando hay demanda hay oferta, no es satisfactoria. En efecto, la demanda no explica por qué un producto de fácil producción cuya materia prima se puede cultivar en muchos países, que no requiere grandes capitales o destrezas laborales sofisticadas y que es muy rentable, se concentra en un país. El problema colombiano no es por qué produce cocaína, sino por qué concentra su producción.

Hace 15 años, dos grandes carteles controlaban la producción y tráfico de drogas ilegales. Las políticas contra las drogas tuvieron éxito en destruir esas organizaciones. Sin embargo, la industria se fragmentó y surgieron muchos 'cartelitos' que no eran lo suficientemente grandes para tener brazos armados fuertes que les dieran seguridad. Así, empezaron a subcontratar servicios de protección y violencia a guerrillas de izquierda y grupos de sicarios y paramilitares, que rápidamente se dieron cuenta de que las armas les permitían el control del negocio y terminaron poniendo a los "narcos puros" en una posición de subalternos. Los ingresos derivados de la actividad del narcotráfico facilitaron el control territorial por parte de los grupos armados.

La negociación del Gobierno con paramilitares y la exitosa lucha contra las guerrillas llevaron al surgimiento de "bandas emergentes" que controlan los cultivos y manufactura ilegal, y de nuevos grupos traficantes conformados por personas educadas, muchas de ellas bilingües, sin pasados criminales, que operan con un bajo perfil y poca violencia, muy difíciles de detectar y de contrarrestar. La mayoría aparentemente no exporta directamente a los Estados Unidos sino a México, cuyos carteles han generado un nivel de violencia semejante al vivido en Colombia durante los años ochenta.

El gran crecimiento de los cultivos ilícitos fue otro resultado del control territorial ejercido por grupos armados y de la fragmentación de la industria ilegal, pues para los 'cartelitos' es muy atractivo comprar la pasta, base o cocaína en Colombia.

La evolución de la industria ilegal refleja que está en permanente adaptación y que continuamente busca evadir las normas y las políticas antidrogas. Por consiguiente, sin incumplimiento de las normas no existiría el problema de las drogas. 

Muchos factores como la pobreza, las crisis económicas, la corrupción, la desigualdad y la exclusión social contribuyen al desarrollo de actividades ilegales. Sin embargo, ninguno de estos es necesario ni suficiente para ello. De hecho, son factores comunes en muchos países que no producen drogas. Además, la mayoría de los pobres no son criminales y la gran mayoría de las crisis no se traducen en industrias ilegales.

La naturaleza del problema 

Para producir cocaína ilegal hay algunos factores necesarios. Primero, tener tierras apropiadas para cultivar coca. Segundo, contar con gente que sepa refinar el producto, contrabandearlo y traficarlo. Tercero, tener los contactos con las redes criminales extranjeras o desarrollarlas. Todo esto requiere grupos sociales que estén dispuestos a violar la ley. En otras palabras, que en la sociedad exista una brecha sustancial entre las normas legales y las no escritas socialmente aceptadas. Esta brecha surge cuando las normas formales no han sido ampliamente consensuadas o se perciben como impuestas o producto de intereses particulares.  

Esta brecha debe tener, además, una de dos características. Primero, que no exista sanción social frente a comportamientos individualistas que afecten negativamente al resto de la sociedad; o segundo, que quienes violan la ley acepten que la cocaína es nociva pero que la produzcan y trafiquen en nombre de una causa superior como la lucha contra un régimen injusto o la liberación nacional.

No existe, entonces, ningún factor suficiente para el desarrollo de la industria ilegal. Hay solamente factores necesarios y contribuyentes. Por eso, es posible que una sociedad tenga todos los factores necesarios y sin embargo no produzca cocaína. Estos factores simplemente hacen que la sociedad sea muy vulnerable, de manera que cuando ocurre algo como una recesión económica, esta pueda actuar como el detonador del desarrollo de la industria. Es claro que una vez se establece, genera un fenómeno de bola de nieve que agrava y magnifica los problemas de dicha sociedad. 

La conclusión es fuerte pero incómoda: la única forma de eliminar las actividades económicas ilegales no es legalizar las drogas ¿lo que disminuiría algunos problemas¿ sino "legalizar a Colombia", es decir eliminar la brecha entre las normas sociales y las formales. Esto presenta un desafío tan grande, que la gran mayoría de los colombianos piensa que es imposible enfrentarlo.

Las políticas y los retos futuros 

Infortunadamente la gran fuerza de las políticas se concentra en la eliminación de los factores contribuyentes o en atacar la industria, pero no en eliminar los factores necesarios. Por eso, a pesar de grandes esfuerzos, el mayor logro es la disminución temporal en la producción o su relocalización en otros sitios. Es cierto que algunas políticas buscan fortalecer el sistema de Justicia y las comunidades, pero estos esfuerzos son una parte pequeña del total. Para resolver el problema de las drogas el primer paso es que la sociedad en general y los centros de poder en particular, reconozcan que es necesario eliminar la brecha entre las normas formales y las sociales. Esto requiere, por un lado, modificar comportamientos aceptados y establecer sanciones sociales para la violación de las leyes y, por otro, modificar la forma como se formulan e implementan las leyes de manera que no se vean como impuestas desde arriba o capturadas por intereses particulares, todo lo cual facilitaría su cumplimiento. Solo así puede tenerse un sistema en el que haya menor brecha entre normas formales y sociales.

Esto implica aceptar que la concentración de la producción y tráfico de cocaína en Colombia es sintomática de una estructura social vulnerable. Una vez esto se acepte, será posible hablar de una cruzada nacional para implantar el imperio de la ley, no por medio de la fuerza bruta sino del consenso social respecto a la bondad de la ley. 

Mientras esto no se logre, el Gobierno continuará luchando contra las drogas, la industria ilegal seguirá adaptándose a los esfuerzos represivos y tomará nuevas formas, y cuando esta revista celebre sus 30 años habrá alguien que escriba un artículo semejante a este.

Por Francisco E. Thoumi, investigador.

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